sábado, 19 de marzo de 2016

Un ejemplo del animal-dibujante brasiliensis Flavio Colin

UM ÚLTIMO CAUSO

Vou encerrar este singelo depoimento contando mais uma pequena história.
Quando fui morar em Curitiba pela segunda vez, aluguei uma pequena casa de madeira. Certa noite, estaba desenhando —uma HQ, claro—  e pasando nanquim com uma peninha, como sempre faço antes de dar o acabamento com o pincel. Minha esposa já se recolhera, pois fazia frio. A casa estava em silêncio. Tenho, ao lado da prancheta, um grande gaveteiro, onde guardo material, papéis, correspondência, revistas etc. Súbito, ouvi um ruido, leve e insistente, de papel rasgado. Suspendi a caneta e agucei o ouvido. Silêncio. Continuei a passar a peninha, e o ruído recomeçou. Parou. Recomecei. Recomençou. Pensei: "É camundongo". Terminei a página e fui dormir.
No dia seguinte, abri as gavetas e procurei os vestígios do "banquete". Numa delas encontrei grande quantidade de papel picado. As "sobras". Remexendo nas revistas, verifiquei que o camundongo roera, quase até o fim, deixando só a lombada, um número de As Aventuras do Anjo —exatamente O Lenhador Maldito.
Não coloquei veneno, nem armei ratoeira.
 

Aquele camundongo safado tinha paladar...

Ruidoso y oculto orgullo el de Flavio Colin por el oficio noctívago de historietista al comparar su propia voluntad e inventiva con la avidez golosa del ratón y los  papeles desmenuzados de un viejo tebeo. Imagen ante la que cualquier lector —lo sea o no de historietas— se siente arrastrado a trapichear con la fotografía secreta y fantasiosa de alguna especie de sujeto poético así perdido en la noche. Incluso un aficionado brasileño, pues Brasil como mercado historietístico no parece dado a grandes rescates actualmente. Ni siquiera al amparo de reivindicaciones artísticas.
Por eso debe celebrarse que una voluntad y una inspiración tan semejantes a las del propio Flavio Colin acertasen a publicar un tebeo como Caraíba (Desiderata, 2007) en el que realidad y entretenimiento se combinan con un original dominio del dibujo de historietas. Ya las cubiertas diseñadas por Odyr Berardi a partir de ilustraciones tomadas de la obra misma valen más que cualquier reseña o comentario: 



A ese excelente diseño viene a sumarse una rara y exquisita selección de textos escritos por el propio Colin, ya fallecido al publicarse el libro, siendo el primero de ellos una breve y somera introducción sobre el cáracter y las motivaciones del protagonista titulada: "Caraíba, de caçador a herói da floresta". El segundo texto,
titulado como "Colin por ele mesmo", constituye una sección excepcional por su amplitud y su carácter testimonial al dar cuenta el propio dibujante de sus inicios e influencias en el campo del dibujo y el medio de la historieta. A la par de revelarnos sus anhelos, frustraciones, amistades, esperanzas, y, también, sus opiniones acerca de la producción y la industria brasileñas. Notas que ni necesitan de la mediación de un divulgador o comentarista debido a la facilidad con que estas  convergen con la exposición de algunos episodios cruciales dentro de la historia de la historieta en Brasil, logrando que  el relato de Colin constituya un desafío para cualquier aficionado que lo sea ya no de la obra de Colin sino a la historieta en cualquier parte del mundo. Como colofón al libro el responsable del diseño y también historietista Odyr dedica un epílogo al arte del dibujante carioca, que titula "A pedra fundamental de Flavio Colin": un tesoro consistente en la impactante reproducción del lápiz de la primera página de historieta que abre Caraíba, más una comparativa con otra versión de esa misma página y su traslación al formato de tira. Un complemento magistral a la lectura de esta obra y a la labor de los propios editores de este tebeo. 

Caraíba de Flavio Colin

Con un planteamiento argumental inclinado propiamente hacia la aventura determinada por preocupaciones ecologistas, Caraíba es una serie en la que se entremezclan la fascinación del dibujante por la naturaleza y el folclore brasileños. Una fascinación bien conocida mediante la que se proclama cierto sentimiento de propiedad que la naturaleza parece ejercer comunitariamente sobre el hombre a través de sus seres fantásticos, como el Curupira o la Iara,  que mediante el humor antes que por mero dramatismo van a convertir al cazador profesional protagonista de la historia en un nuevo campeón de la floresta.
Lejos de tratarse de un leve e ilusionado ejercicio imaginativo, esta historieta entronca temáticamente con otras de las creaciones del dibujante, como O Curupira (Pixel) o Mapinguari (Opera Graphica), cuyo horizonte se encontraría en la intersección entre el mundo de sus posibles lectores y las visiones mitológicas que, en clave casi divulgativa y favoreciendo una colaboración entre lector y autor, Colin recoge del folclore y los cuentos tradicionales para combatir la pasividad de un público desdeñoso. O, cuando menos, de un mercado nacional indiferente por entonces a temas o asuntos brasileños. Pese a tratarse de una serie de la que llegaron a proyectarse al menos cuatro álbumes de 48 páginas, Caraíba quedó como tal inconclusa tras la entrega de los originales de dos de ellos a un editor belga. Un tal Piet de Lombaerd que contrató Caraíba para su publicación en Europa sin que realmente fuese lanzada al mercado; para colmo, apenas le fueron devueltas al autor las páginas originales correspondientes al primer álbum. Por lo que el material reunido para esta edición —su primera y única hasta que a algún francés le entre morriña y decida publicarla allí— lo componen dos historias de cuarenta y ocho páginas y una de diez. Todas conclusivas, es decir, con principio y fin, marcadas por el periplo aventurero de un único protagonista junto a sus coadyuvantes y la recurrencia de algunos pocos personajes secundarios dentro del escenario único, diferente y fantástico de la amazonía brasileña. Un escenario que también se satisface en presentar a ese otro paisaje completamente humano integrado por una diversidad de gentes y sus actividades cotidianas.
En la primera de las historias se narra el encuentro de Caraíba con el Curupira, geniecillo burlón y menudo que merodea por los bosques mirando por sus criaturas, y no siendo más que una presentación del protagonista no dejará menos impresionado al lector que las dos siguientes. No por la trama, que buenamente pueda resumirse en la conversión de un cazador de fieras profesional implicado en la trata de animales exóticos en un héroe ecológico, sino por las composiciones planas de Colin en las que el perfil de las distintas especies animales llegan a un nivel tal de simplicidad pero a la vez resultan tan ornamentales como justificadas por tratarse de imágenes fundadoras de un entorno real. Un entorno sobre el cual sin embargo se hace imposible imaginar una base fotográfica por la potencia estos dibujos, casi siluetas.
Y eso sabiendo que el dibujante mismo llevaba a orgullo su celo por la documentación, y el haber coleccionado revistas cinegéticas y todo cuanto libro sobre fauna se cruzara en su camino. Aquí va una viñeta a página llena en la que muy bien se podría haber optado por la figura del jaguar para centrar el enfoque de la misma composición, sin embargo el brasileño estaba hecho de otra pasta:



Contra lo que se pueda creer tampoco se trata de la típica página de apertura o cierre de un episodio. — ¡Ni de un grabado!— Estas son todavía más maravillosas y sirven antes que nada para introducirnos en la escena. Apareciendo siempre ligadas a un mismo espacio, el río, a partir del que tan apropiadamente se encauza el relato entre unas historias y otras. De manera que se vuelva innecesaria una perspectiva omnisciente. O el uso de cartelas con carnosas y desmedidas descripciones mucho mejor sustituidas por una frase de carácter espacial y temporal, por más que casi indefinible, muy a tono con una aventura en la selva. Son estas cartelas las que dotan de prominencia a toda primera viñeta por esas páginas de presentación a partir del sencillo dicho: "Floresta amazónica...". La selva toda cuya exuberancia rodea a Caraíba mientras se aproxima a aquel paraje en el que va a aprovechar para desembarcar cumpliendo con alguna de sus tareas, o misiones, sobre las que Colin da cuenta en cada primera viñeta al destacar un elemento emblemático dentro de la trama y argumento para cada historia. Tal como el acto predatorio y la caza lo son en la primera parte del libro centrada en la conversión del protagonista, y en cuya página inicial se nos muestra a un yacaré que atrapa a una garza que a su vez estaba a punto de engullir a un pez que intentaba tragarse a un insecto. Escena que volverá a repetirse en la última parte mediante la enconada lucha entre un tapir, un jaguar y una anaconda, mientras que en la aventura intermedia serán los troncos de unos árboles los que marcan la deforestación como el motivo en torno al cual se centrará la historia. En verdad tal vez puedan considerarse cuentos dentro de cuentos mismos.
Es a partir de esas tres viñetas de cada primera página, la superior, de mayores dimensiones, junto a las dos inferiores con las que se reduce el enfoque  para invariablemente otorgar continuidad a la escena por las dos siguientes páginas o más, que Colin construye el escenario en el que se va a desarrollar una serie completa de acciones que podrían caracterizarse como costumbristas en tanto que tratan de reproducir gestos y movimientos coreográficos de un cazador. O de alguno de los otros muchos pobladores de la Amazonía que el historietista retrata en Caraíba. Siempre eludiendo los típicos bloques-duración, ya que el escenario se prolonga por varias páginas sin que por ello la acción se demore, o, como actualmente se ha vuelto demasiado corriente, la narración se estanque al acopiar dosis mínimas de información viñeta tras viñeta con las que evitarse abordar un más complejo empleo de la elipsis, y ello merced a un dibujo caricatural, recargado, y eminentemente descriptivo como el del dibujante brasileño. Mediante el que Colin consigue acelerar detalles de la expresión corporal y gestual de los personajes, por ejemplo, al ocultar por toda una viñeta junto a una enorme onomatopeya la mayor parte del rostro de Caraíba (justo el lado izquierdo) mediante la nube producida a un disparo de su fusil. Si bien esta habilidad del historietista resulta patente ya en el dibujo estilizado de una vegetación selvática que reconocemos vigorosa y abundante. Un elemento que, por lo demás, Colin se esfuerza en diferenciar a lo largo del relato al sustituir algunas figuras por otros nuevos patrones de piezas vegetales asimismo representativas de otros nuevos territorios dentro de la Amazonia.




 

Otro ejemplo muy curioso, aunque no haya acertado esta vez a robar un escaneo con que poder ilustrarlo, le recordaría a más de un lector español cierta obra de Miguel Calatayud (el Peter Petrake nada menos) por como se constituye cierta cohesión lograda en páginas de viñeta única entre las onomatopeyas y algunos de los diseños empleados por Colin para indicar un impacto psicológico o una conmoción física.
Ese espacio biosférico de la caricatura como soporte del dibujo es al tiempo base para la narración y proveedor a su vez de un relato que Colin abona humorísticamente contra la ignorancia y la rapacería que están tras la degradación del medio natural. No son pues el extranjero traficante de pieles Ted Smuggler, las fuentes industriales de contaminación, o los turistas, los únicos personajes y situaciones satirizados a los que se responsabiliza por la destrucción de la naturaleza, sino también a los propios pobladores y las relaciones que estos establecen con la vida vegetal y animal; a ejemplo de la denuncia del tipo de caza irresponsable que llevan a cabo los antiguos compañeros de Caraíba. Pues el hombre se manifiesta en la historia una y otra vez siendo el elemento de variación fundamental de la naturaleza, una en la que no necesariamente sea imposible mejorar las condiciones de vida de sus pobladores. Como cómicamente se ejemplifica en el emporio chamanístico organizado en torno a la figura del pajé degustador de soufle´au grand manier y entendido en habanos que rehabilitará los vínculos de Caraíba con el folclore nacional. Pues como dice el propio autor:
 

"A idéia é denunciar a devastação da Amazônia, mas sem pretensões eruditas e didáticas. Não sou antropólogo, naturalista, zoólogo ou botânico. Quero protestar satirizando, mas me baseando em pessoas e fatos reais, para dar certa autenticidade ao trabalho."
 

Cuan igualmente importantes parecen las propias relaciones de los individuos con sus semejantes que Colin retrata de la manera que ya hiciera en su famosa serie Vizunga (tira publicada en la Folha de São Paulo entre 1962 y 1964 protagonizada también por un cazador), mostrando a veces aspectos escenográficos que son focalizados a partir de los fundamentos de una obra casi documental. En la que el autor registrara los pasos de una cacería de manatíes o la matanza masiva de yacarés. Tan costumbristas como puedan serlo los amoríos del héroe, que tanto recuerdan a algunas de las mejores páginas de Estórias Gerais (titulado Tierra de historias para su edición española), y que no por transmitir una ternura inmediata abandonan el registro caricatural característico del dibujante Flavio Colin. Aspecto no menor, pues los habitantes de la Amazonia que Colin nos muestra son tan diversos como puedan serlo los distintos grupos étnicos y las clases sociales que constituyen Brasil.



 
Ya en la representación del folclore brasileño, para quienes gustan de desentrañar las relaciones entre medios de comunicación y folclore, Flavio Colin se las ingenió para pergeñar episodios alegóricos en los que en gran medida se eluden los contenidos inefables, o más surreales, en favor de la simple y eficaz aventura mediante el cruzamiento de problemas medioambientales y sociales con aquellos otros bien conocidos cuentos recopilados por Alberto da Costa e Silva sobre los que Caraíba arma su relato. Se trata de hecho de una imagen en cierta manera debilitada de el Curupira y la Iara, lo que posibilita que la obra sea abordada por lectores de cualquier edad, si bien no dejan de concurrir en ella grandes monstruos menos particulares como el ararua y la boiúna todavía con un visual en cierto grado terrorífico. Muestra de que la hierofanía y el intercambio entre la vida y la muerte no dejan de ser abordados de forma bien directa en esta serie...

 

 























... si bien el humor tamice los componentes macabros de la intermediación de estos seres fantásticos que acercan al hombre a su medio para restituirlo nuevamente en la naturaleza. Asegurando gracias a esta mezcla de tradiciones populares y preocupación medioambiental también su supervivencia y su evolución. Aunque sea armando a un ejército de monos contra la deforestación. (¡Y qué secuencia esa!)
Un despliegue que en el campo de la imaginación tuvo en Flavio Colin a un maestro realmente primoroso. Aquí en Caraíba desarrolló algunos diseños de personajes que deberían considerarse dignos de ser perpetuados en una mutlitud de copias. No en vano el mismo Curupira llegaría a protagonizar su propia serie de historieta.



ATENCIÓN AMIGOS COLECCIONISTAS:

Me gustaría haber podido rematar la cutrereseña con una nota optimista asegurándoos que este tebeo se publicará algún día en España. (Imaginad aquí vuestro efecto sonoro de decepción favorito.)
De verdad que me gustaría, pero mi puer aeternus no gasta pantalones... tampoco es que ni él ni yo tengamos mano en el chanchullo de la edición. De hecho se dice del chaval que nació con un muñón donde debía haber crecido la mano izquierda que señala los pasillos hacia el retrete editorial.

Y dicen además que de recién parido salió birollo y todo él verde; como yo nunca le miro a los ojos no sabría decir si es verdad. Apenas se sabe de él que es rubio natural por los pelos rizados que sacan del desagüe de la ducha todas las mañanas de los sábados. Que ni opositando para sietemesino. Ya os digo, el pobre no nos va a poder ayudar a cambiar la olleta caldosa de modernez perpetua y libros de engorde en que se cocina nuestro diversificadísimo mercado español para la cosa esta del tebeo y el color todo de la historieta. 
Aún así, y gracias a la garantía de todo este desplome cultural, os hemos preparado una coñofundación de esas que vienen llenas de recompensas (legañas, espumarajos, y muchísima lencería agujereada en segunda mano por el puer aeternus de la leche): www.caraiba.verkamelo.es
 

Que la ira sea con vosotros mientras tanto.

domingo, 27 de diciembre de 2015

Consuelos de a dos euros para coleccionistas chiquitos

Labrarse un futuro como coleccionista no sólo está al alcance de Agapito Cientos de Flanes y sus gentes:

Si hoy (¡ahora!) no puedes permitirte la planchágina de Tintín que todo empleado de ultrabanca  busca lucir en el techo de su dormitorio, o algún otro desastre original producido a la mando de tu dibujante favorito, al menos deberías de ser capaz de conformarte buscando esas primeras obras que seguro provocarán el rebuzno interior de deseo entre tus vecinos y amigos de blog cuando escanees las bisoñas artes del ya maestro ..........; rellena la línea de puntos y lánzate a la rebusca por los templillos de la segunda mano. Mira que el tipo haya alcanzado lo más alto que en esta profesión de vagos y guionistas pueda llegar un dibujante, por este orden: yate de cinco cubiertas, baño de invitados con pista de padel incorporada, y cuentas ocultas en Suiza, Latveria y Cantimpalo de Wisconsín (el barrio chino en Gibraltar sur). Además, naturalemente, de ese pasaje familiar pre-apocalipsis hacia la cara vuelta de la luna que las ONUs Unidas expiden en secretos solo a las más distinguidas personalidades del mundo libre.
Y, por fin, asómate y pregunta en Chollocolección a cuánto va el peso de papel fino bien amarillento. Sueño o pesadilla, todo depende de ti.
Busca entre las ofertas más desquiciantes aquellas que mejor se adapten a tu bolsillo. Pregunta a tus mayores por aquellas colecciones más selectas, pero, sobre todo, intenta que no te cobren demasiado por esta información. Procura si puedes enterarte dónde hicieron lapices por vez primera tus artistas favoritos, por si acaso, no olvides prepararte para lo peor. Ya sabes, el magro de tebeo anda por las nubes.
De hecho, si puedes pagar de aquel magro volador es muy probable que  seas uno de esos señores mayores que han cogido el gusto a broncearse bajo filminas de Tintín y las chirimoyas azules. O un agente de bolsa desinvirtiendo fondos de pensiones japoneses en bocetos carísimos jamás vistos en publicación alguna. Como ocurre con el ya famoso 'Tintin va solo al baño de la estación de autobuses' que subastaron en las mazmorras de Christo's hace un rato. Aun así no te hagas cruces, tal vez podamos hacer algo de tu colección si nos alejamos de los Blasco, Ibáñez, de la Fuente y compañía, a los que todos admiran y persiguen. De todos modos no eran unos autores muy hipters, y nuestro objetivo prioritario (muchísimo más asequible) son los Boyz n the Hood de Toutain.

¿Quiénes o qué eran los mozos del ghetto de Toutain?


Algunos de los hijos que lo fueron de la calle de los años ochenta, cuando no existía más red social que las colas en los cines y los urinarios de las discos, sobrevivieron al catacroc del cOmic por pura juventud mientras penaban quioscos por ver de colar unos dibujos en las revistas de historietas donde publicaban los famosos de entonces. Que también había otras así como de provincias, y hasta institucionales,  muy raras e interesantes para un coleccionista poco amante de su alma. Pero son sin duda las de Toutain las publicaciones que más fácilmente colmarán el vacío espiritual de esos aficionados menos agraciados —monetariamente hablando, se entiende; ya que  por pura estadística todo el que lee tebeos es guapamente guapo— que anhelan entrar en la orden de los espigadores o raqueiros de historietas abusadas. Coleccionistas de a poquito que sueñan con tener una cole completa de Zona 84, por ejemplo, a menos de cuatro euros pueden chulearse de atesorar en su colección una historietita primigenia cthutulhiana que quizás haría enrojecer al artista de hoy. Para ello ni es preciso agitar montoneras de arrope comiquero ni pincharse con grapas oxidadas, o mancharse los ojos con las también tetánicas portadas de Totem el Comix, sino que basta una patada para agostar cualquier pila o arsenal de revistillas y ver asomar de entre el montón alguna de las muchas entregas  de los míticos concursos que promocionaban las cabeceras del emporio Toutain.
Cuentan estos tebeos con una gran ventaja sobre las batidas de fanzines, donde también suele el aficionado andar a la rebusca de la firma de un artista-pichón, pues el índice o sumario de contenidos nos ahorrará esfuerzos tremebundos a la hora de distinguir la línea, o el llamado estilo, del maestro tiempo antes de su detonación profesional. Pues ni todas las publicaciones comerciales de entonces contaban con un sumario en el que poder encontrar el nombre de los autores de cada una de las historias que pudieran contener en su interior. Por lo demás, estos excesos del BOOM aquel, cuando a nivel empresarial ya no existía ni asomo de ningún bombazo historietístico, tampoco dejan de ser tebeos con los que pasar una buena tarde comprobando los intereses que casi como una moda arrastraban los dibujantes aficionados. Moda que, por descontado, también arrastraban los lectores de aquella época todavía un poco imprecisa de los años ochenta del cascado siglo del tecnocuplé. No es tan complicado.
"¡Ánimo muchachos, escoged bien a vuestra víctima y daros al coleccionismo de las españoladas de Toutain!"

P.D.

Si es por mí podéis tiraros a vendimiar uno de los tebeos volteables Totem el Comix Especial concurso/Zona 84 Especial concurso. Quizás la cosecha 1989, con todo un señor Jesús Merino adaptando a George R.R. Martin. Abel Ippólito, Fran Bueno, Manuel Mota, José Gimeno, o un Munuerix de lo más espeluznante:
 











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Puede que estos consejos no sean tan divertidos como la "Guía Puto Roger Corman para la producción masiva y barata de tebeos de todo género" [1], pero bastarán para hacerse con una virola sobre la que apoyar vuestra colección y pinchar a otros aficionados y colegas coleccionistas. Sin duda, ahora que los tebeos son cada vez más anchos y caros, con tiradas tan irritantemente minúsculas que vuelven imposible planes de ahorro a dos o tres años vista para su adquisición, merece también la pena consolarse con solo dos euros.
¡Ay, qué tristeza de crisis coleccionista!

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[1] Oficio dibujante (Astiberri Ediciones, 2012), José Luis Munuera. —No es un tebeo, pero trata el tema al pelo.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Despachando el 12 + algo de Tebeosfera

No veo una luz giratoria, roja, pero es evidente que está disminuyendo la corriente del último número de la revista web Tebeosfera.
Por eso recuerdo ahora que  desde que salté a su monstruosidad y me encontré a veinte documentos-metros de la orilla, o el editorial con el que se abría esta entrega sobre la historieta en iberoamérica —a México, Puerto Rico, Uruguay; a Costa Rica, Colombia, a Panama, Chile, Nicaragua, Perú, Bolivia, Argentina; y a Brasil—, no he tenido tiempo ni de lamerme las orejas sumergiendo y sacando la cabeza de izquierda a derecha al viejo estilo del croll por todo este número amazónico. Manteniéndome siempre en un ángulo oblícuo traté varias veces sondear con mis pies el fondo de este río sin lograr, por lo menos, imaginarlo mientras el viento vacilaba al sur o más al sur y el agua, la viñeta explorada, se iba filtrando por las junturas de mi nuca. En algún momento, que pudo haber sido Cuba, o quizás Puerto Rico, o Panama, transformé mi frente en un saveiro con singradura por los bajos Laerte, Maurício de Sousa, y Ziraldo.
Casi logré hacer pie.
La navegación peligrosísima en zigzag regolfó olas país a país con Felix López de piloto, y clavando y desclavando maderos y achicando letras los Antonio Moreno, Manuel Barrero, Alejandro Capelo, Juan Agustí y Héctor Tarancón de siempre. (Ningún dodo fue apaleado durante la singladura de la revista.)


Casi (¡casi!) a punto de finalizar, podrá imaginarse que ninguno de ellos sabía perfectamente qué estaban haciendo cuando se ataron al látigo de la Revista Latinoamericana de Estudios de la Historieta  para pasar por la quilla de este número 13 de la revista web Tebeosfera no menos de ochenta artículos —que son más; pero no pienso contarlos ahora—, de los cuales varios ni siquiera se habían mojado en la internete. Cada náufrago habra recogido sus artículos y documentos favoritos, yo dejé algunos atontados con un palo de mangle y los tengo ya bajo cubierta.
Son varios los que ofrecen un muestrario del papel tirado en forma de tebeos durante las últimas décadas:

[CHILE] De entre estas ristras de nombres y obras, quizás por un reciente intercambio gracias al que conseguí  Varua Rapa Nui (colección de dos números al asalto del mito, que pronto serán etiquetados con un "Quando arribo a casa..."), me gustó poder leer el artículo titulado CÓMICS CHILENOS DEL 1990 AL 2007 en el que  Kenneth D. Mac Farlane Leupin repasa la historieta publicada en prensa y sitios webs,  así como libros sobre historieta y las obras, personajes e iniciativas editoriales más destacados para ese período. Además me he quedado con un título descrito como cruce entre ciencia ficción y fantasía heroica con torradillo mitológico, que se supone inconcluso y probablemente no tenga oportunidad de conseguir mediante intercambios suicidas: Lebbeus Rahn. Llaves y dioses (Visual Ediciones), de Martín Caceres.

[URUGUAY] En DESVENTURAS EN EL PÁRAMO. UNA VISIÓN PERSONAL(ISTA) DEL CÓMIC EN EL URUGUAY, título en exceso modesto que no hace justicia al caudal de información sobre la historieta publicada en Uruguay que se puede encontrar en este artículo, Carlos M. Federici (http://www.tebeosfera.com/autores/carlos_m_federici.html) resalta la inexistencia de estudios rigurosos sobre los orígenes de la historieta en su país. Aun cuando se pueda al menos recalcar la calidad e importancia de pioneros como Eduardo Geoffrey Foladori, Julio Suárez (creador de Peloduro) y Emilio Cortinas.
Avante sus propias incursiones en el medio, alguna singular como fue la creación de la tira Barry Coal (1968) que protagonizaba un detective negro, el texto describe la dificultad para construir una producción perdurable de cualquier tipo incluso ya próximos al siglo XXI. Finalizando con un conciso relatorio de obras adscritas a ese último período.
Un documento radiantemente ilustrado, no puedo dejar de advertirlo.

Constituyeron una lectura más estresante muchos otros documentos:


 
[MÉXICO] Las únicas historietas mexicanas que conozco pertenecen a aquel libro del INJUVE dedicado a panchovillistas-jóvenes dibujantes de México con el que se trataba de presentar una panorámica no sé si del medio en la actualidad (entonces) o de la gente que todavía producía historietas auténticamente mexicanas (por entonces). Los criterios de selección del INJUVE siempre me parecieron extraños desde que compré el  mismo libro de esa cole que dedicaron a Brasil.  A esa carnaza, para ahorrar un último arpón salado, ha venido a sumarse la aterradora lectura de un texto que se me antoja demónico:

"Fuente indispensable para el conocimiento y comprensión de lo que hemos sido, nuestras historietas, sin embargo, son leyenda. Para el público y los investigadores, la inmensa producción histórica es prácticamente inaccesible. Paradójicamente, cuando ha llegado el tiempo de revaloración de la historieta mexicana, cuando toca la hora de su arqueología, las fuentes disponibles son muy escasas. Los ejemplares de las revistas de monitos, tan omnipresentes como ninguneados en su momento, han sido devorados por el tiempo y el olvido: se han convertido literalmente en polvo. Los escasos números que sobreviven se encuentran en manos de celosos coleccionistas y el único acervo público existente -el de la Hemeroteca Nacional de México (http://www.pepines.unam.mx)- sólo está parcialmente clasificado. "

LA HISTORIETA POPULAR MEXICANA EN LA HORA DE SU ARQUEOLOGÍA, de José de Arrumaechea.

No sólo eso, sino que de alguna forma el autor parece indicar que no existe una continuidad entre la historieta mexicana actual y aquella que no hace tanto fue consumida a millares. Ni siquiera en cuanto a sus temáticas. El artículo presenta someramente los intentos de legitimación cultural del medio y también claras muestras de la escasa y casi maliciosa atención a la historieta por parte de intelectuales, gestores culturales, e incluso hasta editores.

[PUERTO RICO] [COSTA RICA] [PANAMA] Me resultó sorprendente ver  cómo ha perdurado esta relación entre la historieta y los periódicos a lo largo del tiempo en muchos de estos países. Ángel Fuentes me tiró carrera abajo por la cosa para Puerto Rico (que soy capaz de señalar en un mapa gracias a su proximidad con los Estados Unidos, y porque estudié durante la E.G.B.), gracias a su artículo INVESTIGACIÓN SOBRE LOS CÓMICS EN PUERTO RICO me encuentro en disposición de proponer al concello de A Coruña el cambio del nombre de la Plaza del tebeo por el de Plaza de José Manuel de Loira y Rosales:

"En 1877 aparece en Vega Alta un periódico semanal en manuscrito (no impreso) llamado El Sombrero, el cual se repartía entre la gente para su lectura con temas sociales del pueblo. El Sombrero contenía dibujos por el español José Manuel de Loira y Rosales, director del periódico."

Una delicia saber esto.  Imaginad a un gallego que subía y bajaba mientras prestaba o alquilaba e iba pasando de mano en mano y de un lado a otro su satírica volandeira. (http://www.tebeosfera.com/autores/jose_m_loira.html) ¡Y sin subvención! El artículo continua a través de los periódicos y las tiras de historieta como sección fija hasta la intrusión (¡intrusa internet!) de los webcOmics. La implantación de un circuito de publicación de tebeos puertorriqueños y la mención de un pequeño listado de dibujantes nacionales que trabajan dentro del mercado estadounidense. Como colofón, un interesante cuestionario respondido por historietistas del país en el que acaba por ser entrevistado el creador de un foro de aficionados y dibujantes en Puerto Rico.

EL NACIMIENTO DEL CÓMIC PANAMEÑO Y SUS DIFICULTADES, de César del Vasto, resulta interesante al comparar el caso panameño con el desarrollo de la historieta en Colombia a partir de la caricatura y la implantación y evolución de las técnicas de impresión. Es un estudio extenso pero muy bien estructurado, sin disgresiones, aunque se detenga necesariamente describiendo a algunos de los protagonistas, del que se puede decir que resultaría agradable de leer incluso para quienes en principio se creyesen no interesados en el tema.

"La tira cómica de prensa ha sido el formato por excelencia por el cual se ha desarrollado en nuestro medio y, estoy seguro que en otros, la caricatura en general. Desde la década del veinte hasta nuestros días dos diarios han representado los intereses económicos principales (comercial y ganadero): La Estrella de Panamá y El Panamá América. Estos diarios han insertado la tira cómica estadounidense, de mínima frecuencia, con su consecutiva expresión de una idea: el tema, el nudo y el desenlace, en tres o cuatro viñetas. Las primeras aparecen en el suplemento dominical, para deleite de grandes y chicos.
Los primeros intentos, los realiza Lolo Silvera, pero es el estadounidense Frank V. Martinek, quien publica la primera historieta en Panamá en el diario The Star & Herald, en la sección inglesa, a partir del 31 de agosto de 1952. El guión dice que dos siniestros saboteadores, al servicio de un espía llamado Scorpia, pretenden destruir el Canal. Don Winslow, veterano oficial de Inteligencia Naval de Estados Unidos, se lo impide, deteniendo la conspiración y salvando el Canal. La historieta duró tres meses e incluyó a personajes reales como al capitán W.S. Parsons, de la armada de ese país estacionado en el Puerto de Cristóbal, al periodista local Luis Noli.
Martinek sirvió en la armada de su país y luego laboró para el FBI por cuatro años. Esta primera historieta panameña se enmarca en los tiempos de la guerra fría (1946-1991) desarrollada por Estados Unidos y sus aliados contra la Unión Soviética y el campo socialista."

Y seguid leyendo, porque a partir de ahí viene más medicamento.

De Costa Rica (otro lugar que puedo decir que conozco gracias a Informe Semanal (y mejor eso que lo que puedo decir de Monaco y Gibraltar, por ejemplo, que sólamente he visto en el NODO y en el Hola!)), podemos machacarnos la mente con el texto de Oscar Sierra Quintero:

"Un mérito especial que tiene Fernando Zeledón como uno de los pioneros en el arte de la historieta costarricense, radica en el hecho de que ha sido, hasta el presente, el único artista criollo que ha creado una serie de simpáticos y divertidos personajes, inspirados en la identidad e idiosincrasia típicamente tica o costarricense, tales como el perrito Cutacha (pulguiento zaguate que era el alma y vida de cada lámina de «La Semana en Serio»), la abuelita «de armas tomar» Auristela, el pachuco Patasdihule y Matráfula, mujer cincuentona y de vida fácil , con los pechos atiborrados de arrugados billetes de alta denominación, en la que el caricaturista encarnaba a la gran prensa capitalista, siempre en defensa de los poderosos y de los intereses del imperio."

 LA TARDÍA EVOLUCIÓN DEL ARTE DE LA HISTORIETA EN COSTA RICA

Con un comienzo enmarcada dentro de la sátira política publicada desde semanarios, se nos presenta la obra de Hugo Díaz Jiménez y Fernando Zeledón Guzmán, primero, pasando a casos más singulares como el del dibujante Carlos Alvarado, creador de la serie Carlos Pincel, y Carlos Figueroa y Juan Díaz, pioneros en alguna distinta manera de la historieta costarricense. Bien por tratarse del creador de la primera tira de aventuras,  por haber fundado la primera editorial especializada en la publicación de tebeos nacionales, o ser el único historietista del país que vió su obra distribuida en otros periódicos fuera de Costa Rica. Se trata de un documento breve que se ha ilustrado con generosidad, llega, o se acaba, más o menos hasta un martirio que conocimos también en el abrevadero español del cOmic: el cutremanguismo. ¡Al cual sobrevivimos!

[COLOMBIA] Peculiar y llamativa es la colección de tebeos patrocinada por el ejército colombiano Hombres de acero, cuya producción y encaje en la sociedad es analizado por  Héctor Fernández L´Hoeste en DE LA EXALTACIÓN DEL NACIONALISMO EN LA HISTORIETA COLOMBIANA. EL CASO DE HOMBRES DE ACERO.


Sexy ejército.


Verdadero remolcador de la historieta iberoamericana, [ARGENTINA] cuenta con un saco de textos sobre sus personajes y cabeceras más emblemáticas así como sobre alguno de sus creadores, o la evolución y estancamiento del mercado argentino. No es cuestión de resumirlos todos aquí, de todas formas esa historieta pueda ser conocida por lo menos superficialmente en España, y ya es mucho,  pero el olfato me lleva a recomendar la lectura de EL FUMETTO Y LA HISTORIETA ARGENTINA. Con el que Norberto Rodríguez van Rousselt apunta una caldera de nombres e historia por lo menudo (se hace corto el texto) la presencia de títulos y autores italianos en revistas argentinas.

[CUBA] A lo cubano, y saltando el susto que me supusó leer algún llamado al cthulhu contrahegemónico de una serie y un personaje infantil que, por lo demás, me gusta y se me hace bastante simpático, he flotado con la noticia y análisis de COSTUMBRISMO Y CUBANIDAD EN LA HISTORIETA JOSÉ DOLORES. LA CREACIÓN CRIOLLA.

"En «José Dolores» cabría señalar dos aspectos que complementan la estética costumbrista a la que hemos aludido al principio: el protagonismo del negro y la oralidad del lenguaje. Estos dos aspectos, incluidos dentro del enfoque costumbrista, apuntan hacia una búsqueda de la cubanidad en el medio de la historieta."

Jorge L. Catala Velasco hizo que me sudase el ombligo con su estudio de esta serie publicada entre 1936 y 1939, primero, cercando al historietista en su idiosincracia y en sus medios de expresión, y, luego después, en la segunda batalla que supone la reelaboración de las historietas. Pues se trata de un artículo inyectado de ejemplos. Y una prehistórica aventura en la que se señala la nariz del costumbrismo cubano y la posible relación con los 'negros' intereses de Castelao a su paso por la isla, deteniéndose en el reflejo del habla y las referencias culturales y costumbres sociales, que a modo de prueba diagnóstica se pueden encontrar en José Dolores. La creación criolla

Este número trece de la revista web Tebeosfera es una entrega a dos carrillos para gente fina que gusta emborracharse a leches y a porrazos. No puede recorrerse de memoria, está claro, y como es usual se ha acompañado con las fichas abiertas a autores e ínsulas de colecciones que pueden ser consultadas en el Gran Catálogo de la historieta. Por lo que será difícil no volver a leer varios de sus documentos, pase el tiempo que pase.
Para mí, aficionadete, el 12 + algo ha sido un placebo viñetero por todo lo que nunca tendré ocasión de leer. (¡Hay un montón de pecado ahí fuera señor editor!) Por otra parte, el editorial nos deja pies en brasas imaginando que querrán decir con esto:

"Con el presente número volvemos por aquellos temas, autores e industrias, ampliándolo a toda Sudamérica, y con él cerramos una etapa en nuestra revista web, que dejará de existir tal y como la hemos conocido hasta hoy.

Culminamos una etapa con ilusión y convencidos de haber producido uno de los más extensos y referenciados corpus de estudio sobre cómic. Nacimos como un riachuelo de aspiraciones, pero hoy somos un Amazonas del conocimiento sobre historieta."
 
La ficha de este último número en el Gran Catálogo de la historieta es para intentar abarcarla con ojos de pez: http://www.tebeosfera.com/documentos/entregas/tebeosfera_2a_epoca_13.html

martes, 10 de noviembre de 2015

ALPHAS. Perros lustrales

Imagino una involuntaria sesión de anatomía dentro de unos años, cuando estén por levantar el petate sobre el cual duermo y dejen al trueque mi cráneo y su estómago verán pasar evaporándose a los  personajes y series que más intensamente me han bailado la amigdala. De entre el vapor de ese huertecillo de medusas un único personaje cebado y amamantado en suelo español permanecerá colgado de mi cerebro en forma de espumeante emanación por más de un segundo:   Solo (la rata de Ñaka! Pisotón! Tajada!).

... ¿Quizás por todo un minuto?

No es poco si se tiene en cuenta que otros personajes también españoles como Tristan Karma contarán apenas con un suspiro de tribulación y desdicha al vaho de mi cocorota. Y eso gracias a que aquella serie de Beroy llegó a dar con una última vaharada asada al modelo del álbum (colección Pandora núm. 18); es mejor no imaginar qué será de otros muchísimos personajes y series de ese mismo jardín que jamás van a ser rescatados sino por el detrito de coleccionistas y lectores aficionados que gozamos arrimándonos a las calentitas montoneras del arrope comiquero y sus revistas, cuaderrnos, suplementos y libros de historietas. Los tebeos y todas sus mudas, para entendernos,  o todo aquel fungible dibujado que a la moderna y a base de insidias y perversidad documental hoy quieren vendernos como el mundo del Tebeo. Utilizando por toda base teórica el zambombazo comercial de la novela gráfica (célebre movimiento que se demuestra andando; y poco más) junto a la calderilla de la repesca de un término, el cuadernillo, comunmente utilizado hasta ahora para referirse a un modelo editorial y unos productos restringidos a un período muy concreto de la historieta española, tanto entre los propios aficionados como por parte de la crítica, que permite a nuestros sabios de la novela gráfica dejar de lado y construir un bardal alrededor de la historieta que se cocinó al fuego de los años noventa en España. Lo mismo para la Línea Laberinto de Planeta DeAgostini que los cuadernos grapados de Norma editorial, la Cúpula o Camaleón Ediciones y Dude. Así, sin reparar en obstáculos, saltando por encima de los trescientos añinados que juntaron lanzas  y escudos  en los estrechos, oscuros y pedregosos pasillos de esos siempre sospechosos locales conocidos con el nombre de librerías especializadas se ha visto huir a los sabios especialistas en el cOmic autóctono contemporáneo de autor [1]. Ya que, tal y como hemos sido instruidos según este nuevo evangelio para la nueva narrativa dibujada, los años noventa del pasado siglo de las pesetas antiguas se caracterizan por ser los años de la gran nada.
¡Je!, pues ni más ni menos que una rata ha tenido que ser el personaje que se alce en un brinco por sobre todas esas heredades de la teórica del cOmic de autor. Atravesando además no sólo el vallado de espinos con que cubrieron la ignota década historietística de los 90 sino la tapia editorial misma de la novela gráfica.
Un salto marcado por la insistencia de un creador-dibujantón, Óscar Martín, que más allá del lapidario hermetismo y retórica con que se suele abordar la cuestión del estilo en el ámbito de la historieta como arte y del historietista como individuo dotado de una impronta personal (por aquello antiguo a medio hacer de que el estilo es el hombre), ha sido capaz de utilizar su labor en trabajos de agencia como las historietas de Tom y Jerry o las adaptaciones de películas de Disney, por ejemplo, Tod y Toby, para crear un personaje y una ficción que difícilmente serían aceptados como una experiencia cultural por el pequeñito pero matón conglomerado teórico crítico de la novela gráfica [2]. Ya que los medios de expresión de Óscar Martín en Solo, o al menos así fue en su inicio, no difieren demasiado de los medios de expresión de aquellas historietas infantiles realizadas como trabajo de agencia: la violencia mucho más brutal y directa, la muerte, la sangre y el sexo y las armas, son en apariencia el único añadido (quizás reelaboración) respecto a todos los elementos y recursos empleados en los tebeos de Tom y Jerry. Mientras que de parte del discurso la extenuación del relato repetido en todas sus variantes de la persecución del ratón y el gato se prolonga en la pasión dramática de una aventura iniciática o bautismal fuertemente arquetípica, tan propicia para el desarrollo de la fantasía heroica. Que ha acabado por impregnarse de una serie de connotaciones sociales por la propia dimensión agresiva de los animales antropomorfos que habitan un mundo de ficción postapocalíptico fuertemente territorializado así como por la importancia otorgada a la violencia como sistema de adaptación más allá del individuo, raza o especie,  en suma, más allá de lo zoológico. 
Aunque ni los más de quince años de existencia del personaje ni su proyección a través de distintas líneas editoriales, o la evidencia del carisma alcanzado en todo ese tiempo por Óscar Martín entre el público lector y sus propios compañeros de profesión, han servido para ver su nombre sumado a la degollina del cOmic de autor. Si bien no deja de ser lógico que Solo no concurra en las listas de tebeos culturalmente validos, ya que, por falta de un tema sofisticado, histórico, metafísico, o sociológico, se encuentra alejado del tipo de historietas que encuentran en la introspección del autor la pregunta cursi o pedante (tonta y chata) que el sabio de la novela gráfica espera poder formular: ¿?

De fotomatón.

Yo no pregunto, muevo el rabo con: Crónicas salvajes. ALPHAS


Ya es difícil calcular la velocidad con que navega la traducción y franquicimiento de cualquier serie europea con las que uno trata de abastecer sus estanterías mensualmente como para preguntarse cuándo saldrá la próxima entrega de una colección gestada al costado malo de Europa. Aunque sea en ese ombligo dorado de las islas.
Os paso a cambio la grabación que realicé durante mi primer encuentro con este tebeo minutos antes de robar... de adquirir con acuerdo a la ley de la oferta y la demanda este libro-comic:

... Pero creo que por lo menos han debido de pasar dos años desde que compré el primer Crónicas salvajes, aquel que dibujara Raúl Moreno, bajo guión de Oscar Martín; al igual que este segundo. 
¡Ojo!, veo algo que no me gusta: se han cambiao el color de fondo de las cubiertas y el lomo, ahora cuadrado en vez de redondo,  aunque por lo menos el logotipo de la cole se mantiene igual...  Y así además por fin se van a poder distinguir desde lejos las dos coles, Crónicas salvajes e Historias caníbales. También protagonizan la ilustración de portada un montón de personajes: en plan piramide social. —Muy apropiada la ilustración; si bien menos espectacular que la anterior. Tomo nota.

¡Carambolas, guardas ilustradas en bicolor! (¡Mi tesoooro!) Un momento... ese perro es [GRAN SECRETO DEL SPOILER]
...
Que no mire, que no mire, y, ahora, en cuanto pase la vieja ZAPATILLA! CARRERA! ¿¡Camión!?
 
HOSTIAZO

Como ya apuntara más arriba mi becario, desde la serie original de nueve cuadernos con que se iniciara en 1999 (¿o 1998?) hasta su recopilación en libro por parte de Edicions de Ponent dentro de su Colección Solysombra en el año 2007, alrededor de esta rata se han levantado una nueva serie y dos cabeceras: Solo. Los supervivientes del caos, que publica también Edicions de Ponent (Colección Crepúsculo) y justo viene de concluir el mes pasado con la publicación de su tercer y último número, Solo. Historias caníbales, y Solo. Crónicas salvajes, ambas lanzadas bajo el estandarte de Ominiky Ediciones y con dos entregas cada una en su haber hasta la fecha. Si bien ya asoman por la tapia del fasteburro del editor imágenes de un tercer álbum de Historias caníbales: álbumes en cartoné preñados de historias cortas no siempre protagonizadas por Solo, aunque también.  Dibujadas y guionizadas por distintos artistazos, por el propio padre de la peluda criaturilla, o mitad y mitad, así como es esto, guión de Óscar Martín y dibujos de algún alucinante "desconocido". Todas sus historietas son creadas con un claro propósito pedagogizante mediante el que crisparles la frente al lector viejo y al lector que esta por hacerse a ese nuevo mundo, siempre ambientadas en el universo ideado por Óscar Martín: acción, humor, aventura y las mismas ejemplares dosis de tristeza que ha hecho conocida Solo. Mundo caníbal. La serie original a la que por fuerza de la brevedad de las historias parecen remitir mayoritariamente los autores en estas antologías rateras, junto a algunas entrañables vidas familiares más avecindadas a la crónica de Solo. Los supervivientes del caos. Donde Óscar Martín desarrolló más ampliamente la catastrofe del mundo apocalíptico habitado por Solo así como la biografía de este personaje.
Solo. Crónicas salvajes, colección a la que pertenece Alphas, tebeo que he comenzado a reseñar cuatrocientas líneas más abajo —"No desespere señor Peabody, ya falta  menos."—, tira de monográfico: historietas largas con un final cerrado (conclusivo) y guionizadas por el propio dibujantón para lucimiento de alguno de los galeotes enrolados a la plantilla de Historias caníbales. Raúl Moreno, primero, y, ahora, Juan Álvarez. Los dibujantes que vinieron de dentro de...
Historietas ni siquiera protagonizadas por Solo, pero de las que de una u otra manera este acaba por formar parte al servir como excusa y premisa fundamental la idea de las vidas cruzadas. En esencia, al menos hasta esta entrega, en la que se recurre a una nueva pirueta argumental con el regreso de un viejo personaje y un enclave míticos para la serie, pues, aunque de un modo tangencial y que muy probablemente no tenga por fin sino servir de embajada para la presentación de Solo ante un posible lector que viniera a sumarse justo aquí por primera vez a esta saga, la historia narrada en Alphas se relaciona (sin menoscabo alguno para los novatos en esto de la tebeografía canibalesca) directamente con hechos narrados  en Solo. Mundo Caníbal
Y a los que hemos podido leer Mundo caníbal, a los que hemos compartido incluso el mismo repelus por el recuerdo del papel reciclado, sus antetítulos "EL CÓMIC DEL PRÓXIMO MILENIO" y "REVISTA PARA ADULTOS Y NIÑOS MAYORES", o las secciones de correo de los lectores tan especiales de aquellos comicbooquerones que lo iniciaron todo, esas últimas páginas de este Alphas... ¡Bufff!, flota un niño con hocico y manitas de perro allí.  

El otro nombre en portada.

A la barriga de ese enorme arrecife flotante de la historieta española que es Óscar Martín viene agarrado Juan Álvarez, quien ya se ocupara con cierta deslumbrante osadía de contarnos el origen de los solitarios dentro de la colección gemela Historias caníbales en una breve historieta que ya forma parte de la saga de Solo. Y que desde ahora podrá o no servir como motivo para futuras historias, incluso siendo alterada por otros autores si así se desea y es menester, pero que hoy sirve para dar cohesión a este universo ficcional y acercarnos además un poco a los lectores a ese modo de hacer de la historieta que yo no he visto pasar por mis carnes más que  con los tebeos de superhéroes, a través de Forum, Zinco, Panini, ECC, se entiende. Donde cualquier autor puede tener la suerte de ganarse su propia peana enjoyada y el recuerdo más cariñoso entre los aficionados con su aportación siquiera puntual a un personaje.
En Alphas, además, Juan Álvarez no sólo no malogra ese su acierto de haber ampliado el imaginario de Óscar Martin precisamente con un relato legendario que se aprovechaba del viso de fantasía heroica con que se han enmarcado algunos de los mejores episodios y estampas del personaje, sino que aprovecha la mayor amplitud de este trabajo para dilatar los cuadros de lucha por medio de secuencias en las que los planos seleccionados viñeta a viñeta abastecen un frenesí violento en el que el oportunismo, la suerte y la desesperación vienen a guarnecer el siempre apelante heroísmo de un género tan propicio para los autores españoles. Heroísmo que, aún cargado de amargura u horror, a veces también reflejo de cierta impotencia que armoniza al protagonista  con un mundo decaído donde  toda representación del orden y cualquier victoria se acaban demostrando siempre efímeros, emparentan a Solo con la realeza de personajes y autores que han acompañado al género desde su origen. No hay más que recordar la portada del segundo de los cuadernos publicados en 1998 cuyo motivo remitía a Frank Frazetta y su verticalizante ilustración The destroyer que el mismo Óscar Martín acabó por retomar en una historieta para la primera entrega de la colección Historias caníbales, titulada Solo es historia, ya despojada de cualquier atisbo de comicidad.
Y aunque la fantasía heroica no resuma la totalidad del universo de ficción creado por Óscar Martín, la derrota a orillas de este género es mucho más que recurrente, constituyendo desde su viaje original una temática cuyos afectos y lealtades impregnan a personajes y ambientaciones. Sin duda a ésta entrega su escenografía mediante grandes encuadres y detallados dibujos cuando la nobleza y la épica se vuelven más solemnes, o más amplios los escenarios, conduciéndose de forma impactante para ir desarticulando estas figuras de heroísmo a gran velocidad al sustituirse la furia inicial por el delirio enloquecido de espadazos, mordiscos y colisiones, en el que mejor se mueve Juan Álvarez, según afirma el guionista en el prólogo a la obra y así se ha expuesto durante su promoción por medio de las varias páginas que uno puede encontrar por la internete. En gran parte la finalidad de las muestras (págs. 46-51 del álbum) que he podido encontrar en la tapia del fasteburro de la editorial es mostrar la naturalidad con la que se desenvuelve aquí el dibujante cuando la diagramación o abocetado de la página presentado por el guionista, dibujante e historietista durante la mayor parte de su trayectoria profesional, recordemos, no están definidos más que argumentalmente:

"Su dibujo es minucioso, perfeccionista, en ocasiones una mezcla de naif y underground. Una combinación a priori imposible y que él saca adelante con éxito. Juan Álvarez siempre supero mis expectativas, tanto siguiendo un story garabateado por mí en forma de guión, como cuando toma las riendas para dibujar esas maravillosas coreografías de personajes matándose a espada y puñal. El resultado es este "ALPHAS", una historia de corte shakesperianoque de la mano de Juan Álvarez llega a una desacostumbrada intensidad."

Recomiendo no desaprovechar esas muestras, ya que cuando se exhibe una previa de cualquier tebeo por lo habitual esta simplemente suele ser o tacaña o muy torpe en la elección de páginas, mientras que el muestrario promocional de Ominiky Ediciones detona casi un acto completo de la historia que, por fortuna, contra lo acostumbrado tampoco se corresponde con el inicio de la obra.





































Así, siguiendo la estructura cicloide de la serie a través de sus diferentes cabeceras, está segunda entrega de la colección Crónicas salvajes se desliga del contraste que en el álbum anterior proporcionaba el cruce de unos personajes pertenecientes a especies distintas en lucha por la supervivencia en que consiste la más elemental búsqueda de alimento otorgando de nuevo el protagonismo a un único individuo. A un líder, de ahí el título Alphas, en cuyo trayecto heroico van a confluir las vidas del resto de personajes.
Origen es el nombre de ese paladín, perro descastado hijo del antiguo líder del clan cuya convivencia en la manada fuera o dentro del poblado da ocasión a reyertas de tipo competitivo con su primo, pues la posición de privilegio de este último como futuro heredero peligra por la simple existencia de Origen. Ya que entre los perros la soberanía moral y la nobleza son en cierta manera rasgos biológicos intrínsecos a la especie y todas sus destrezas y habilidades guerreras un reflejo de estas actitudes que Óscar Martín resumiera en las fichas dispuestas a modo de separación entre capítulos de los cuadernos originales, que luego fueron recogidas en un apéndice del recopilatorio Mundo caníbal. En efecto, el sentido figurado juega un papel fundamental en la caracterización de los animales del universo de Solo por razones de identificación tan transparentes que dan en imaginar que si hasta la gran catástrofe el perro fue el mejor amigo del hombre será entonces la especie más cercana al ser humano, en su más alta y antigua aspiración. Pero la fisonomía de los individuos dentro de una misma especie se suaviza o acrecenta en determinados rasgos escogidos por los dibujantes de la saga en forma totalmente adjetivable. Corrigiendo los parentescos conceptuales y proporcionando al lector múltiples datos o convenciones que en esta aventura hacen de Origen un héroe y de su primo Deseo un personaje abyecto. Pues su agresividad no responde a ningún impulso predatorio verdadero, y ni siquiera biológico, sino a una morbida aspiración de dominación también humana en alto grado.
El padre de Origen murió precisamente durante una batalla que estuvo muy lejos de guiarse por el comportamiento agresivo de tipo selectivo que los seguidores de la saga ya hemos tenido ocasión de apreciar, sin ir más lejos, durante la anterior entrega de esta colección,  sino más bien por  el ánimo belicoso y más violento de su hermano Montaña. Que desde entonces pasó a reinar como miembro alpha del clan, sin apaciguarse por ello sus ansias de dominio; y de hecho, pretendiendo todavía extender el territorio del clan mediante la unión entre su primogénito Deseo y la hija de otro jefe de un poblado vecino. Lo que motivará toda "una historia de corte shakesperiano", como  la describe el guionero, al ser esta hembra la enamorada del protagonista.
Las consecuencias se deducen lógicamente, aunque en realidad la sutura familiar se desanude de forma más intrincada de lo que el resumen argumental sugiere hasta aquí. Por medio de una estructura temporal incisa que deriva de un desbaste de la apoteosis heroica en el que esta es interrumpida al transformarse en una demanda clamorosa que parece responder a las inquietudes del lectoespectador. Quien aún antes de conocer su nombre sabe que el héroe Origen no va a lograr purificar por la espada un pasado que lo alcanza en la primera página y que se retrotae sin provisión de reservas por muchas más a una crónica no muy atrás pero mucho más extensa de la que quizás el héroe no llegará a imaginar que una estrella insegura tiemble apartando mientras cae por lo menos una menuda mortaja de la sombra de esa montaña, que será amada tras la muerte como el lienzo de un despojo lustral por el más olvidado de los cazadores, receptor del legado familiar [3].
Pues está muy bien esto, ¿no?

Óscar Martín (izquierda) y Juan Álvarez (derecha)


Efectivamente, el guionista, en otras ocasiones historietista, dibujantón, en cualquier caso, nos la ha vuelto a jugar increíblemente a quienes ya conocíamos sus cartas. En eso va el oficio y la penitencia, dicen.
Por lo menos tuvimos mientras duró la lectura nuestra ración de mutadas criaturas ogrescas, gatones, hordas famélicas, híbridos humanos centauros de la arena, y una tristeza como en pocos tebeos puede encontrarse.
Contactos extraespecíficos entre perros, osos, humanos, hasta un mapache, y nuevos peldaños tan caros para la reflexión sobre la violencia que algún día en próximas entregas de la saga de Solo nos regalarán el homenaje de un Clastres o un Johnson dando nombre a personajes secundarios. Porque, no lo olvidemos, la lección que atraviesa lado a lado el mundo construido alrededor de esta rata podría ser —tomando a Clastres— la capacidad guerrera como una condición que conduciría a la libertad  (más o menos, ¡eh!; que no tengo el libro). Aunque yo prefiero regodearme en la tristeza cíclica y la alienación triunfal de una purificación improbable por la hoja del cuchillo, el frenesí comilón bachelardiano; o un cosmos frenético en el que la civilización se revela como el más cruel y primitivo mortero de destinos, donde la restricción voluntaria de cierto orden alimenticio es ya una elección filosófica profunda.
Y sí, este es más o menos mi voto para los premios de Expocómic esta temporada.
Un tarado, un voto [4].

SUPER-NOTAS a un super no sé qué.

1 Poromponpon Poromponporompompero pero pero. Poromponporompompero pero pero. Poromponporompompon

2 Compañeros aficionados, señores blogueros, el aglomerado nos está arrebatando nuestro papel de entusiastas estúpidos.

3 Ya ha vuelto a liarla otra vez el becario. ¡Y encima nos ha hecho spoiler... ¡Gruuu!

4 "Al que diga que sólo son tebeos me lo como a mordisquitos."