sábado, 22 de febrero de 2020

Sobre el tráfico ilegal de pterodáctilos y su misterio.

Mejor impreso que muchos modernos integrales

El alma universal de la historieta española de derribo de finales de los años setenta y comienzos de los ochenta, en la que germinaron no pocos editores grotescos y publicaciones de singular envoltura, solía rodearse de un vaho halitoso en el que no era infrecuente encontrarse ediciones piratas de casi cualquier clásico de entre los cuadernillos de aventuras. Colecciones que deberían figurar en una historia secreta del coleccionismo antes que en la crónica general de la piratería por lo que tuvieron de labor recuperadora para tantos autores y series. Que aun mediante una precaria y pobre circulación sirvieron para el reconocimiento de una historieta para entonces ya extinguida. Aquellas ediciones facsímiles no solo sobrevivieron a la desaparición de Bruguera y Valenciana, tenidas por editoriales profesionales pero más esforzadas en devaluar sus propios personajes y menospreciar también a sus creadores, sino que probablemente son la única razón por la que muchísimos lectores pudimos conocer a autores como Iranzo o a personajes como Bengala sin la menor responsabilidad de estar preservando un tesoro para la posteridad. O sentir que con ello volvíamos a ganarnos ningún último pedazo de un paraíso que realmente nunca conocimos, salvo en aquellos pocos recuerdos revividos por nuestros progenitores o abuelos al vernos leer otros tebeos muy distintos de los que ellos recordaban intercambiar con sus amigos.
La auténtica piratería es siempre mucho más audaz y no suele tener que apelar al consumo nostálgico. Tampoco necesita de las maldiciones, conjuros y evocaciones, que despierta el estudio del medio entre coleccionistas, aficionados o investigadores, sino de la masticación vampírica de quienes remueven terrones de tierra a los pies de algún autor. Para los de mi quinta el caso más famoso de piratería podría ser la recopilación de la serie El baile del vampiro llevada a cabo por Proyectos editoriales Crom sin conocimiento de su creador (Sergio Bleda) en 2002. Y que tuvo que ser retirada del mercado. De todas maneras el recopilatorio era tan cutre que ni siquiera llegó a constituirse en un verdadero objeto de coleccionismo tras su retirada del circuito comercial; pudimos gozar de una más digna recopilación algunos años después de la mano de Aleta ediciones, por suerte.

[EN OTRO LUGAR... ¡AHORA MISMO!]

Todo joven anacoreta reconvertido en coleccionista de tebeos desearía poder sumar a su tebeoteca ediciones raras. Tebeos raros de verdad. Tebeos que casi den grima. Que resulten especiales no por tratarse de productos de gran exclusividad, alto precio y tirada limitada, o que tal vez puedan haberse caracterizado por una distribución muy restringida como sucede con catálogos o tebeos emitidos por asociaciones e instituciones de todo tipo. Más bien publicaciones que arrastren tras ellos una historia de suspense y misterio tal que pueda presentirse algún fantasma o cadáver mutilado al final de la misma. Para ello podríamos salir a la búsqueda de tebeos que sufrieran algún tipo de censura y no vayamos caer en el error de pensar únicamente en política y destape, en España hasta personajes como los Pitufos y Espiru (Spirou) la han sufrido en sus cubiertas—. Si es que contamos con el suficiente dinero. "¡Pero que muchísimo dinero!" De no ser el caso, probablemente tengamos que conformarnos con tirar de alguna cutrez y buscar ediciones piratas como esta:  


























Todavía alguno será capaz de adivinar al primer vistazo qué popularísima serie de la historieta francesa tiene aquí la más chusca edición jamás realizada en nuestro país; hacia el año 1983, se supone. Y no serán pocos. Todos los demás dispónganse a seguir atentamente las siguientes instrucciones para averiguarlo:  

"Olvidénse del título y traten de centrar su atención en la ilustración de portada durante no menos de cinco segundos; no se mareen, no se rasquen... ¡ya falta poco! Ahora vayan achinando los ojos muy despacio, como siguiendo el ritmo de una antigua persiana enrollable o los giros de un pollo asado en una de aquellas máquinas que.. ¡Pero no dejen de respirar! (Resoplen, respiren; resoplen, respiren; resoplen, respiren.) Sigan tan lentamente como puedan hasta que solo alcancen a enfocar el subtítulo y entonces debería venírseles a la cabeza el nombre de ______" 

Efectivamente, el coleccionista siempre gana, se trata ni más ni memos que de una traducción de la primera aventura de este personaje tan de folletín. Unas aventuras que fueron propularizadas por obra y gracia de los señores editores de Norma editorial en nuestro país desde los años ochenta hasta hoy. Primeramente a través de su colección de álbumes Cimoc extra color, y, mucho después, justo a rebufo de su adaptación cinematográfica, en una nueva colección de libros recopilatorios en cartoné que algunos debieron comprar con cierta nostalgia y satisfacción. Se sabe del caso de un niño de once años (natural de Badajoz) que falleció en 2012 tratando de comprender qué podía haber llevado a su tía a regalarle un tebeo como ese por su cumpleaños. La influencia del cine llega a ser terrible a veces. Incluso la cinematografía francesa puede resultar perjudicial para la salud cuando se le permite traspasar sus fronteras naturales sin las debidas precauciones. Y bien sabe Hergé lo permisivas que han sido siempre nuestras autoridades con el cine y la historieta franco-belga. También entre los intelectuales y artistas españoles pueden contarse por miles los infiltrados siempre dispuestos a trocar nuestras costumbres y tradiciones por cualquier cosa con regusto a sobaco franco-belga. Ramón de España, Bertín Osborne, Raimon Fonseca... esa lista es importantísima para nuestros planes. Algún día detallaremos por lo menudo toda esta confabulación en torno a la historieta española y el cuento completo de sus primitivos instigadores. Pero lo que cuenta es que no fue Norma editorial la primera empresa en servir en nuestro país las aventuras de la celebre escritora Edith Rabatjoie protagonista de la saga de historietas que encumbraría a su creador en el Festival de Angulema al otorgársele el Gran Prix el año de 1985.


Álbum original (1976, Casterman) y sus traducciones españolas de 1980 y 1982.

En 1980, un año antes de que la barcelonesa Norma editorial retomara la publicación de las cabeceras Cimoc y Hunter, y de la marca CIMOC, por tanto, entonces todavía en posesión del editor madrileño Riego ediciones tras la deserción (escalonada) del mercado historietístico del sello editorial San Roman con el que se había iniciado la primera andadura de la revista de historietas Cimoc, se traducía al español la primera entrega de la serie Les Aventures Extraordinaires d'Adèle Blanc-Sec con el título de Adele y la Bestia. Un modesto álbum en rústica impreso en blanco y negro por Riego ediciones con el que se abría la colección Super Cimoc en 1980; de la que se llegó a anunciar un segundo número, El demonio de la Torre Eiffel, también perteneciente a la misma serie creada por Jacques Tardi. Finalmente utilizado por Norma editorial para dar inicio a su colección de álbumes Cimoc extra color en 1981, comenzando así una nueva edición de la serie Las extraordinarias aventuras de Adèle Blanc-Sec en color que se extendería dentro de esta colección hasta 1999 con la publicación del álbum titulado El misterio de las profundidades. Todos ellos recopilados posteriormente en la edición que de 2010 a 2012 se llevó a cabo para reunir de forma íntegra esta saga junto a su última aventura (Le Labyrinthe Infernal) y otras tres obras relacionadas con el universo de Adèle Blanc-Sec, como eran las historias protagonizadas por Lucien Brindavoine y la titulada El demonio de los hielos. Este tipo de epopeyas editoriales eran bastante comunes y no fueron pocas las series que disfrutaron de una publicación tan azarosa como la creación de Tardi. Turbando a los aficionados que pudieran haber comenzado a leer las aventuras de Adèle a partir de la edición de Norma, iniciada con El demonio de la Torre Eiffel y seguida por El sabio loco y Momias enloquecidas, es decir, los álbumes segundo, tercero y cuarto de la serie, antes de poder hacerlo en 1982 con el primero, Adèle y la bestia. El sentido de lo sublime, de lo ideal y lo invisible, que experimentaban aquellos lectores aparecerá como un acto de devoción insuperable a ojos de los coleccionistas de hoy en día.

[A LA MAÑA SIGUIENTE...]

La cuestión a abordar en este punto podría formularse de muchas maneras o solo mediante una sencilla pregunta. Ahora bien, probablemente no exista una clave o respuesta dada que permita asegurar que Pterodáctilo. Las extraordinarias aventuras de Edith (titulo tras el que se ocultaba la aventura original Adèle et la Bête, recordemos) fuese lanzado con posterioridad a la traducción que Norma editorial acabó por publicar bajo el título definitivo de Adèle y la bestia, como se ha indicado a veces al datar el lanzamiento de esta burda publicación pirata en 1983. Aun pudiendo partir esta fecha de alguno de los listados de novedades que logremos encontrar en los mejores y más puntillosos fanzines teóricos, dotados ya en aquella época con secciones regulares dedicadas a informar sobre el lanzamiento de tebeos y otras publicaciones relacionadas con la historieta, podría imaginarse que, al igual que sucede con no pocos títulos actuales para los que es posible encontrar diferentes fechas de salida según las fuentes consultadas, y a que incluso todavía existen publicaciones que escapan a cualquier seguimiento, podamos llegar a dudar que ese fuese el año en que se lanzase una publicación como Pterodáctilo. ¿Qué beneficio podrían haber obtenido los impulsores de una edición tan inferior como este tebeo más de un año después de que Norma editorial pusiera en circulación un álbum en color de esa misma historieta? ¿Acaso no sería más lógico imaginar que quienes estuvieron detrás de esa edición pirata no intentaron otra cosa que aprovechar la ausencia en el mercado de aquella primera entrega de la saga de Adèle Blanc-Sec antes de que la editorial dirigida por Rafael Martínez se decidiera a llenar ese hueco para regocijo de sus lectores en 1982? La piratería editorial conduce a pensar en el oportunismo y en alguna clase de beneficio con que rentabilizar una actividad tan ilegal como mediocre cuando parte de una empresa obligada a hacer registro de todas sus actividades y no de la iniciativa individual de un coleccionista emisor de facsímiles. Y Pterodáctilo precisamente no parece tratarse de una publicación que floreciera como resultado del amor a la historieta. O el respeto al autor y algún cierto fervor incondicional hacia el personaje de Adèle Blanc-Sec. No solo porque la ilustración de portada y el título dado a este tebeo apenas puedan resultar estimulantes y catalizadores del interés de un público concreto, que difícilmente sabría reconocer la obra allí contenida, sino por resultar más sencillo voltear el tebeo, o buscar en sus créditos, reparando en la distancia existente entre cualquier facsímil de un cuadernillo de aventuras y este... ¡este estropicio!
Hasta aquí apenas sí ha aflorado el problema, sin embargo capital cuando nos encontramos ante un caso claro de piratería: el editor. Aparentemente Pterodáctilo fue editado por Editorial Finhaxel, S. A., su logotipo figuró así en la contracubierta del tebeo junto a la indicación del precio. No obstante libros como Diferencia entre joder y hacer el amor, Acierte las quinielas, Digitopuntura sexual, Curso de detective privado, The penis, manual de desarrollo del miembro viril, Arregle su coche usted mismo, La cría moderna de caracoles, y otros tantos títulos muy propios de la época de exploración democrática en la que fueron publicados por este sello se presentan como obras acreditadas a Finnaxel, S. A. en vez de a Finhaxel, S. A. en la base de datos del ISBN del Ministerio de Aquello y de Deporte. Que bien pudiera tomarse por una errata si todos esos treinta y nueve títulos no apareciesen registrados con fecha de edición para el año 1982, en distintos meses desde enero a noviembre; por supuesto, no existen registros de más actividad de este editor tras ese año de 1982. Aunque tampoco las publicaciones emitidas por Editorial Finhaxel se agoten con los libros que uno puede encontrar en la base de datos del ISBN. Incluso un chusco tebeo como Pterodáctilo cuenta con su propio número de registro, 84-8575-9-23-0, y también contamos con el nombre de un impresor, Producciones gráficas Exporfilm, S. L., presumiblemente ubicado en Barcelona. Si es que se trataba de la misma imprenta asociada a la editorial y la marca Editorial Finaxel, S. A./Finnaxel, S. A. responsable de las labores de impresión de una gacetilla publicitaria titulada Don Anuncio directamente implicada en uno de esos fraudes que se hicieron tan famosos durante los años ochenta, y que todavía de cuando en cuando sirven para rellenar algún pequeño espacio documental sobre aquella época en cualquier televisión nacional, la estafa de Almacenes Canarios. Una estafa de venta por correo acerca de la que se puede leer incluso en internet:


Una presunta estafa cuyo importe a elevarse a más de 1.000 millones de pesetas ha sido descubierta por la policía madrileña a instancias de los servicios municipales de información al consumidor de Madrid, que recibieron durante el mes de mayo varios centenares de denuncias de que no recibían los productos comprados. La estafa está relacionada con una empresa de venta por correo, Almacenes Canarios, que tenía oficinas en Madrid y Las Palmas de Gran Canaria y captaba clientes a través de una revista de anuncios. [...] La revista Don Anuncio, que proclama en su cabecera efectuar una tirada de un millón de ejemplares y disponer de dos millones y medio de lectores, parece haber sido el soporte para que la empresa Almacenes Canarios [...] Don Anuncio es una publicación que opera fuera de los circuitos comerciales habituales y que no es conocida en medios publicitarios. La editora de la revista es Finhaxel, SA, con domicilio en la madrileña calle de San Delfín 2, local B, según consta en sus páginas, aunque se imprime en talleres gráficos de Barcelona.


De modo inmediato, sean cuales sean las razones por las que Editorial Finhaxel, S. A. figure con un nombre distinto en el registro de ISBN, gracias a este artículo podemos comprobar que la dirección de la entidad nombrada como Finhaxel coincide con el de la registrada en el sitio web del Ministerio de Cultura y Deporte con el nombre de Finnaxel. Hacia el final del mismo artículo nos encontramos además con que uno de los cachibaches anunciados a través de Don Anuncio consistía en viveros para la cría de caracoles. Siendo La cría moderna de caracoles  uno de los pocos libros que encontramos publicados por Finhaxel/Finnaxel, no queda mucho más que añadir sobre las actividades de esta editorial pirata amiga de estafadores. Apenas que habría publicado otros dos tebeos durante 1982, basados en figurones como Julio Iglesias y Lola Flores. Pura anécdota.
E, insisto en ello, no puedo creer que Pterodáctilo se publicase con posterioridad al lanzamiento del tebeo que traducía la misma obra por parte de Norma editorial. Ninguna estafa se improvisa. Y cualquier estafa del tipo que nos ocupa debería de ser fácilmente descubierta dentro de un círculo tan minúsculo como el tebeístico. La simple necesidad de controlar la publicidad otorgada a una obra, y estar al tanto de las informaciones que sobre la divulgación de una historieta o de un álbum pudieran llegar a difundirse en cualquier momento o lugar, deberían haber llevado a los editores y redactores de Norma editorial a denunciar al menos ante su público la existencia de una edición pirata de una de sus licencias, como era la traducción de Adèle et la Bête. Así obraban cuando nos advertían que la labor de un crítico como Javier Coma en cierto periódico tenía poco que ver con un auténtico afán divulgador y mucho con el rencor y un interés más que personal por dar relevancia únicamente a aquellas revistas y editores con los cuales trabajaba. También cuando elogiaban la existencia de publicaciones teóricas como El Wendigo y Sunday o dedicaban algún amplio espacio a dar cumplida información sobre algún festival o salón de la historieta. Sin embargo no parece que, ya a través de una de las columnas escritas por su propio director ya como una simple nota dentro de la sección de actualidad conducida por Joan Navarro, se llevase a cabo ningún anuncio acerca de la existencia de Pterodáctilo desde la estructura organizativa de Norma. La espontaneidad y lucidez que caracterizaban las relaciones entre un editor y su medio ambiental no dan razón a pensar que Rafael Martínez no habría puesto igualmente el grito en lo alto de una de sus columnas de opinión de haberse publicado la edición pirata de marras incluso después de 1982 con la misma presteza que si Josep Toutain le acabara de pisar el dedo gordo del pie.
La localización de una fecha como 1983 quizás deba buscarse en el nacimiento aquel mismo año del boletín Tribulete, y en sus detallados sumarios de novedades (si hay alguna verdad debe encontrarse ahí), publicación a la que realmente muy pocos tendrán acceso. No pudiendo uno soñar con ver algún ejemplar ni tomando pastillas, más bien nada seremos capaces de imaginar sobre lo que en esta publicación informativa pudo llegar a comentarse de Pterodáctilo. Quizás, por ello, algunos coleccionistas han acabado optando por dar como fecha de publicación de Pterodáctilo. Las extraordinarias aventuras de Edith el año 1980. Puede que estos últimos aficionados expertos se fijasen en que la traducción y la rotulación de este tebeo pirata y el álbum publicado por Riego ediciones eran idénticas; aunque poco más difieren ambas que en unas cuantas palabras o frases respecto a la edición que Norma acabaría realizando de Adèle y la bestia, también con una diagramación de los textos algo mejor ajustada que sus precedentes. Que tanto la edición pirata de Editorial Finhaxel como la de Riego ediciones fuesen en blanco y negro. Y que la diferencia de precio entre una y otra bien podría deberse a su distinto formato: el álbum con encuadernación rústica, en la edición legal de Riego ediciones, y el cuaderno encolado con cubiertas semirrígidas, para la edición pirata de Finhaxel. El precio de esta última era incluso inferior al de los otros tebeos publicados por Finhaxel en 1982, aquellos otros dos tebeos con formato de cuaderno grapado e impresión en color que llevaban por título facial los nombres de los cantantes Lola Flores y Julio Iglesias, que constando de treinta y dos páginas indicaban un precio de ciento cincuenta pesetas. Frente al de ciento veinticinco que aparece impreso en la contracubierta de un tebeo que llega a alcanzar las cincuenta y dos páginas de extensión como esta traducción ilegal de Adèle et la Bête cuya inquietante naturaleza nos mantendrá en vilo hasta el día en que nos encierren en algún sanatorio mental y acaben por depositar nuestra colección en un vertedero.
Y todavía existirían incluso otros pocos aficionados que datan Pterodáctilo en una fecha tan lejana como 1984.


[POR LA TARDE, EN SU CASA...]

Todos nos encontramos afligidos por el mismo problema al tener que contemplar este feísimo tebeo pirata día tras día sin una respuesta. Un tebeo sobre el que, además de polvo, migas de pan y algunas cuantas manchas de chocolate, se va acumulando la angustia humana primitiva de la que jamás lograremos librar a una generación futura de lectores aficionados cada vez más menguada en número. ¿O que quizás ya desaparezca con nosotros? Cómo explicar entonces lo mucho que fuimos capaces de divertirnos con un tebeo del todo asqueroso, y que nos costó menos de dos euros, a los pocos que nos sobrevivan de entre los consumidores españoles de historietas.

"¡Anda y que vayan a comprarle un tebeo de a cincuenta euros (Omnigoldo supure edition) a Panini!" 

domingo, 2 de febrero de 2020

Panceta manga: magro español para "iberotakus".

"¡El manga avanza que es una barbaridad!" 

Los momentos más contemplativos de un coleccionista de tebeos se concentran alrededor de las zonas dedicadas al manga de cualquier librería mientras se da cuenta que no hay arma en los cajones de la cocina que pueda impedir su victoria final sobre el resto de tradiciones historietísticas. Por más que tampoco deje de ser desconocida la cancelación de varias revistas japonesas en los últimos tiempos. O la noticia sobre la suspensión de alguna distribuidora y el éxito creciente de la puesta en juego de aplicaciones para la lectura gratuita de una infinidad de títulos. Quizás un envite de los propios editores japoneses por reforzar sus cifras de venta a través de la expansión digital hacia mercados extranjeros. Ya se trate o no de un modelo editorial novedoso, este ajetreo empresarial agrandará el hoyo que la omnipresencia de las representaciones y reproducciones de la cultura japonesa en el mundo del ocio viene puliendo a los pies de mercados historietísticos como el español desde hace décadas. Y contaría así con una labor de ingeniería y un listado de enormes bichos incluso dentro del medio, tales como Kodansha y Shueisha, pertrechados para custodiar por muchos años más ese otro mundo desconocido donde sus habitantes parecieran vivir eternizándose lejos de la arruga del tiempo que amenaza con tragarse a supermanes y tintines. De modo que su industria de la historieta solo pueda ser descrita como una realidad paralela al resto de mercados; a los que quizás aspira a solapar desde la novedad y el exotismo. Además de seguir constituyendo una plaza infranqueable para autores y editores extranjeros que no estén dispuestos a ceñirse del todo a los modos y formas tradicionales de consumo del público japonés. Motivos que llevan a emplazar a estos editores y autores occidentales en un trance de armas desigual. Absurdamente, perdido o no en su oficio de consumidor y en mitad de esta tempestad de bits y celulosa, el lector aficionado solo acertará a imaginar la ingente disponibilidad y variedad de publicaciones que podrían provocarle aquel vértigo mortal tan deseado; y eso aunque no se trate del más alienado de los consumidores occidentales de tebeos, sino de un tipo más o menos hundido en la normalidad (con sus varios televisores y puede que algún grueso felpudo promocional a la puerta de casa indicando su pertenencia al "club" Netflix).

El embajador Doraemon tras la firma de compra de Alaska el verano pasado.
  
Hace muchos años comenzó a decirse que entre el cielo y el infierno existía algo llamado manga. Y hoy casi no queda lector en el mundo por someterse al poder económico y el potencial creativo de la historieta japonesa en una u otra forma. Incluso quienes se abstengan de leer historietas de origen japonés difícilmente conseguirán evitar asistir a películas y teleseries directa o indirectamente inspiradas en algún manga. Comprar una figurita, algún videojuego, o un extraño atuendo relacionado con personajes dibujados. La combinación entre esta particular atención de los editores japoneses en el tratamiento comercial de sus producciones y la aureola de exotismo y sofisticación cultivada entre los adeptos occidentales hacia toda forma de expresión de apariencia japonesa ha sobrepasado aquellas condiciones iniciales que conformaron tratamientos imitativos de los más aberrantes y básicos. Mediante los que autores y editores occidentales buscaban recuperar y robustecer su posición y la estima de sus obras en medio de la irrupción del manga. Cuando la búsqueda siempre incierta de nuevas alternativas de licenciamiento capaces de gratificar a un público remiso a la lectura, tanto como la necesidad de aferrarse a algún contenido lo suficientemente asequible dentro de un mercado historietístico copado por los superhéroes, como el que sobrevino tras el hundimiento del resto de publicaciones periódicas y sus editores a comienzos de los años noventa, acabó por fructificar en la oleada de lo que acertadamente fue bautizado como cutremanguismo por algún crítico español. Una época de rarezas editoriales por fortuna ya sepultadas del todo, con modelos de revistas de historietas tan diferentes entre sí como Shonen Magazine (Planeta-DeAgostini) y Sukebe (Camaleón ediciones), o publicaciones informativas de alcance tan relativo como Otaku (Norma editorial), pero donde pudieron probar suerte algunos pocos autores españoles mucho antes de profesionalizarse. Mateo Guerrero, Nacho Fernández, Raule y Roger Ibáñez, Nuria Peris, y otros pocos que conseguirían igualmente superar el objeto a imitar labrándose así una carrera propia por la que acabarían alejándose de un ámbito tan limitado. En aquel entonces todavía incomprensible para muchos lectores a quienes en nada lograba atraer un fenómeno como Dragon ball. Menos incluso que la desacertada aproximación de los editores nacionales al universo del manga: con la adopción de fórmulas editoriales casi bastardas (el cuaderno grapado, principalmente) respecto de los formatos originales. A la postre triunfantes frente al resto de modelos de serialización al ser adoptados por los editores, y asimilados con fruición por los consumidores, como la mejor manera de trasvasar la historieta japonesa a cualquier otro mercado. Hasta hacer de sus denominaciones japonesas, tankōbon, kanzenban, o bunkoban, nombres tan habituales y generalizados entre el público español actual como por entonces pudieran serlo los de comicbook o TPB.


Parodia y pornografía acompañaron los primeros años de implantación del manga durante el cutremanguismo.


Todo aquello ocurrió y nadie escribirá un libro para contarlo. E incluso el padre de Mortadelo y Filemón sobrevivió a la epidemia de cutremanguismo; qué más que eso podríamos haber querido de la vida por entonces. Después de aquello cualquier futuro parece posible, ya acabe ahogando al resto de modelos editoriales, ya envenenándonos mediante un nuevo proceso de asimilación, pero nada como un fruncir de miradas con que borrar cualquier recuerdo de aquel tiempo innominado. De ahí la consecuencia más firme, y, también, sin esperanza, pasa por repetir lo que ya ocurrió cuando se tomó por cierto que cualquier creación extranjera era superior a los cuadernillos de aventuras, o al TBO y los Mortadelos, dando paso a aquel pufo del cOmic adulto de finales de los setenta y comienzos de los ochenta. Y, por fin, a desvaríos terminológicos como pretender igualar los formatos tradicionales mediante los que se popularizaron el Capitán Trueno o El Guerrero del antifaz con los cuadernos superheroicos de Forum y Zinco como acostumbran nuestros divulgadores más proteicos y acomodadizos. Y, ahora, a ponderar la eficacia del manga en sus supuestos poderes refractarios (?) como última solución a la quiebra de confianza entre el público y el medio de la historieta en nuestro país precisamente gracias a una revista. ¿Puede alguien dispararme a las rodillas y echarme a rodar hacia algún despeñadero?

Solo nos queda caminar sobre las brasas de viejos autores. Meditar bajo helados estantes repletos de fríos tebeos de viejo. Ascender por las escaleras de alguna biblioteca cargando a las espaldas con una colección completa de las revistas de Toutain. Y esperar con la paciencia de unos sabios chinos a que todo acabe transformándonos en otro más de esos lectores exclusivos de historieta japonesa que se mantienen ciegos a cualquier tradición y a otras formas de consumo distintas de la impuesta por la industria del manga. Como quiera que todo final atroz debe comenzar en algún punto doloroso, hablemos de...


LA GRAN REVISTA JAPONESA HECHA EN ESPAÑA.



La editorial Planeta-DeAgostini se ha atrevido a producir una nueva revista de historietas según la fórmula de las cabeceras con personajes fijos que rehuye cualquier parecido con las macroantologías patrias de irregular aparición (productos como Barcelona TM (Norma editorial) o Panorama (Astiberri)) con las que suelen abastecerse mercados historietísticos tan menguados como el nuestro a la hora de abrir su catálogo al mayor número posible de autores locales. Un lanzamiento que no por haber sido anunciado desde hace meses dejará de asombrarnos dada su enorme semejanza con las revistas japonesas. A las que imita de un modo asombroso, y, además, a partir de contenidos originales (creación de guionistas y dibujantes españoles), reproduciendo muchas de sus características básicas. Entre las que a primera vista destaca una paginación desmesurada que hace que este primer número de la revista cuente con un grosor inusual para los usos occidentales, 320 páginas y 2,5 centímetros que hacen un lomo como de... ¡novela gráfica! [1]— impresas en blanco y negro, superior incluso al de algunas publicaciones niponas de este tipo a las que también sigue en la ordenación de sus contenidos y la distinta extensión que concede a las historietas según su importancia. De hecho, a la salida de la revista también se ha anunciado la intención de ir recopilando algunas de las series principales que comienzan ahora a serializarse a través de Planeta manga. Aumentando la apuesta ya de por sí suficientemente osada de otras editoriales españolas que habituan a incluir como parte de sus catálogos tebeos de producción nacional de autores acogidos a las formas y la expresión propias de la historieta japonesa desde sus inicios dentro de la profesión. Baste recordar el concurso para la creación de mangas que Norma lleva celebrando desde hace años y que culmina con la publicación de esos pequeños tebeos que cualquier aficionado a la historieta reconocerá como "mangas" aunque solo sea por su formato y dimensiones.
Planeta manga destaca no solo por el interés que puedan despertar sus historietas entre un público joven, tradicionalmente distanciado del resto de propuestas editoriales, sino también por un tratamiento editorial serio a nivel formal y en cuanto a sus contenidos. Que realmente parece tener en cuenta los gustos de los lectores mayoritarios que siempre han sostenido las traducciones de los tebeos japoneses más exitosos en nuestro país. Pues a esa fidelidad con el modelo original y las ediciones japonesas, que poco o nada difiere de las exigencias más comunes y reconocidas entre muchos de los lectores españoles de más edad todavía fascinados por los superhéroes y la bande dessinée, se suma un precio reducidísimo y la promesa de una periodicidad trimestral que iguala esta revista con colecciones y series que ya son legendarias en los estantes de cualquier librería especializada. Los 4,95 euros que cuesta esta primera entrega son una puerta abierta para los lectores adolescentes a los que se orientan los contenidos de Planeta manga; tanto al público femenino como al masculino, ya que las temáticas y géneros que tratan los colaboradores de esta nueva publicación se adscriben al shōnen y al shōjo. Pudiendo pasar de la lectura de una comedia romántica, más o menos realista y siempre divertida, a las aventuras más exageradas o fantásticas a desarrollar desde cualquier subgénero posible. De un modo mucho más descabellado, podremos celebrar la existencia de una especie de crónica en forma de serie de historietas sobre la historia de la difusión del manga en nuestro país cuya orientación todavía está por descubrirse.
La revista, eminentemente juvenil, no dejará de ser atractiva para los lectores talluditos pero dispersos en su atención a las modas. Siempre que busquen más papel del que nutrirse podrán encontrar en Planeta manga una opción ciertamente asequible respecto a lo que se nos suele ofertar dentro de un mercado inflado a base de recopilatorios a lo bonzo, reediciones perpetuas, y  todos los otros atropellos endémicos propios de cualquier editor español hecho a la moda de la supervivencia a costa de los demás. —Sé qué fue de todo el papel que tirasteis el último verano. "¡Ñec, ñec, ñec! ¡Ñec, ñec, ñec!"  Pudiendo hasta encontrar un cierto interés en ver reunidos a tantos autores españoles dentro una misma publicación, un grupo de numerosos dibujantes y guionistas a los que incluso los más inveterados de los lectores de historietas no podrán dudar de que vayan a encontrar aquí por vez primera. Y ese constituirá nuestro pequeño secreto. Darnos el gusto de contar otra batallita, quizás mañana o puede que mucho tiempo después, acaso cuando la moda sea ya otra y empecemos a contar cómo fuimos nosotros quienes descubrimos antes que nadie a Luis Montes o a Lorena Calderón hace la tira de años en no sé qué vieja revista que tú dejastes pasar de largo. Porque todo coleccionista es en parte descubridor de nuevos continentes y cazador de trofeos tanto o más que lector.
Todo lo apuntado indica que próximamente podríamos dar con la respuesta a si el apasionamiento por la historieta japonesa superará o no el gradual abandono de sus lectores, como parece suceder con el público español afín a la historieta estadounidense y franco-belga, gracias a iniciativas editoriales tan inusitadas como Planeta manga. Por precio, paginación y disponibilidad, no será que dejen de comprarla quienes ya son lectores de historieta japonesa en nuestro país. Y veremos si su distribución a través de todo aquel establecimiento que dispense productos de Planeta-DeAgostini no acaba sumando a otros muchos; en general, a todo aquel público extraño al circuito de librerías especializadas. Aunque todavía parecerá complicado para artefactos biológicos tan chuchurrios como unos sesos y ojos que apenas sean capaces de vanagloriarse de haber acabado de leer un algo titulado Chroniques du temps de la vallée des Ghlomes hace dos días, serie que, por cierto, ni siquiera le debemos a la mano de Jiro Taniguchi o de un anciano Tezuka. Siempre nos lo han puesto así de difícil, formatos chiquitos, sin color... ¡del revés! Pero ahora más barato y grande. (!) Justo cuando por primera vez en la historia hasta en Japón parece no les queden muchas más habas por contar que a nosotros. En fin, se trate o no de un artificio más o menos inspirado como de un modelo de futuro y prosperidad para autores y editores españoles, pareciera que una nueva era de prodigios nos aguardase a los que acertemos a adaptarnos al reinado de la máquina del manga. "¡Manga!" "¡Manga!" "¡Manga!" Aunque quizás nadie que aspire a comprar más tebeos de Julio Ribera conseguirá adaptarse a este nuevo orden mundial por completo. Pues siempre quedará alguna herida por cicatrizar. Y más o menos aquí es cuando debería haber empezado a recitar aquello de que vendrán con antorchas y rastrillos para quemar nuestras tebeotecas personales y obligar a nuestras abuelas a prepararnos tortillas de arroz... y sin duda la auténtica trama folletinesca comenzaría a partir de una extravagante y más chocante premisa, como la de ver alguna vez licenciada esta revista española que es Planeta manga por un editor japonés. Ya sé que suena increíble. Y todavía parecería cosa de embuste si no fuera por unas fotos robadas a la internet. Porque conviene destacar que es cierto, lo es, miren si no la foto, y existe en algún lado una pequeña tirada de cortesía de esta revista nacional de Planeta-DeAgostini completamente diagramada y traducida al japonés mediante la que los editores de la isla atómica podrán valorar la posibilidad de llevar adelante una edición nipona de la misma. 
Planeta manga podría así invadir Japón y comerse a todos sus mangakas [2] el año que viene. ¿Y quién nos iba entonces a dibujar las aventuras de Nobita y Doraemon? ¿Enrique Vegas?, ojalá.

¡Contemplen el genuino y colosal Tebeo de Troya!


 
Tal vez no lo parezca pero Doraemon puede dar por completada su misión imperialista.


 
Yo consumí Panceta manga y viví para contarlo.

De primeras uno se cae de espaldas al encontrarse con un diseño de cubiertas más sobrecargado que realmente impactante, según la costumbre japonesa, y, es de suponer, al gusto de los lectores de manga españoles, pero que resulta de poco interés para que el logotipo de la revista despunte, relegando así la portada a una especie de anunciación del plantel de colaboradores. Como ilustración de portada aparecen algunos de los personajes cuyas aventuras desarrollará el historietista Luis Montes en su serie de fantasía heroica Gryphoon; y tengamos al resto de figuras encajadas tan discretamente para deslucir al máximo la labor del ilustrador como una suerte de logoformas de las series e historietas con las que el director de esta revista y sus diseñadores tratan de acoquinarnos. Si esta es la forma más común de hacer atractiva una publicación periódica en Japón, quizás los editores japoneses tengan en mayor estima a sus técnicos editoriales y diseñadores gráficos que la labor de un buen portadista. Y, no obstante, alguien acostumbrado desde chico a la divertida observación de libros hormigueros como ¿Dónde está Wally? sabrá sacar provecho de tan poca atrayente portada divirtiéndose con la búsqueda de los nombres de Belén Ortega, Kenny Ruiz y Laia López entre el montón de grafismos de esta maraña ilustrada. Aunque probablemente les sorprenderá enterarse que esos tres dibujantes solo colaboran con una ilustración, como para celebrar el bautismo de esta revista y apadrinar al resto de autores hacia un futuro apasionante, a pesar de que se optase por destacarlos precisamente a ellos al inicio de la promoción de Planeta manga.

Marie Kondo, ¿¡dónde estás!?

Diría que es importante "leer" la revista hasta el final para ver a quién hay que golpear, dado que de antiguo siempre hubo un responsable por la imagen general así como de los contenidos de este tipo de publicaciones. El "dire", incluso, un director artístico. Aunque ya se sabe que desde Planeta cómic nunca han acertado a asumir la relevancia que en la mente del lector aficionado tiene una figura a la que se puede llegar a amar u odiar. Son meros calificativos, sin duda, pero la ausencia de un nombre al que dirigir esas energías que pueden transformarse en un sentimiento de fidelidad y preocupación sincera por el rumbo de una publicación periódica junto a un interés muy concreto por llegar a conocer todos los secretos sobre su realización cimentaron el éxito o el fracaso de muchas otras revistas en el pasado. Ese papel parece quedar relegado a la participación de un articulista, iLu TV: divulgador a la moda dedicado al manga y la animación japonesa que vive más que divulga a través de su canal de YouTube. Un éxito de muchacho. Parece ser capaz absorber agua como un árbol mientras habla de su vida y de todo aquello que le gusta. En el fondo, nada excesivamente execrable. Pues viene a ser el mismo oficio de articulista profesional que ejercían los estranguladores Thugs de los que Roberto Rocca, Toutain, Rafael Martínez y Joan Navarro se sirvieron en sus revistas para asfixiar con pañuelo de seda a los lectores durante los años ochenta. —Cabe objetar que Ramón de España podría merendarse a manías al iLu TV con la ayuda de Javier Coma e Ignacio Vidal-Folch dentro o fuera de un ascensor en pocos segundos; y eso que han ganado los lectores de Planeta manga. 
  
Gustos, manías y poca ciencia pasando por divulgación ayer y hoy.

Luego tienen a Kalathras, un famoso youtuber que ha ejercido como guionista de tebeos, labor que retomará dentro de poco en esta misma publicación con una nueva serie, ejerciendo también de articulista por este número. Como cronista de su propia vida, al igual que el iLu. Las tres ilustraciones de los tres ilustres padrinos anteceden tan poco afortunada sección textual, que, gracias a quién sea, apenas llega a ocupar las últimas páginas de este pedazo de panceta de algo más de dos centímetros de lomo. Con un único acierto, el acabar con un índice de contenidos y un par de páginas mediante las que se adelantan las novedades historietísticas que arrollarán al lector en la próxima entrega de Panceta magna. Nada extraordinario, lo aseguro. Aun así en estos tiempos le sirve a uno de muestra de que tal número podría llegar a ser una realidad en algún momento en el futuro. La esperanza es lo último que un buen aficionado coloca en la estantería antes de irse a la cama cuando colecciona tebeos.
Otro dato interesante acerca de la salubridad y viabilidad comercial de este producto para jóvenes (que podemos probar a fumar incluso los lectores más resabriados) se encuentra entre la publicidad alojada en la revista. Que no es poca si se tiene en cuenta que se trata de una publicación tan inusual como lo son las revistas de historietas hoy en día. Entre todas las entidades y productos que se publicitan a través de sus páginas encontramos desde juegos de mesa a material de dibujo, figuras, videojuegos y anime, sumando un total de cinco anunciantes. Probablemente ya sean más que todos los que pudieron desfilar por las páginas de los ciento setenta y seis números de Cimoc. Y un motivo al que agarrarse con la esperanza de poder añadir un segundo número y todos los que le sigan para nuestras tebeotecas. Hasta que el piso de la casa se hunda o los servicios sociales y la policía tiren la puerta abajo y nos ingresen en un asilo para supervillanos.
Sus pesadas historietas de riguroso blanco y negro lo son en algunos casos en cuanto a la cantidad inverosímil de páginas que llegan a ocupar por cada episodio o entrega, del todo inimaginable incluso entre las obras más afamadas y sobresalientes que pudieran haber serializado Cairo o el Víbora. Cualquier otra revista reflotada del diluvio ochentero, por ejemplo, Comix internacional (1992, Zinco), Viñetas (1994, Glénat) y Top comics (1994, Ediciones B), o, también, entre cabeceras más recientes como Cthulhu (2007, Diábolo ediciones). Sin embargo su enfoque juvenil y el abordaje elemental de tramas y personajes por parte de los autores resulta en ese tipo de lecturas ligeras que demandan más y más páginas por parte del lector. Capaces de generar seguidores desde el primer momento y de fijar la atención del público sobre el nombre de un autor por largas temporadas. Así podría acabar ocurriendo con la primera de las series que se nos presenta en la revista, Gryphoon, un mundo fantástico de aventuras y acción que entronca con la fantasía heroica (desviándose hacia la science fantasy) más convencional según la entienden muchos lectores y editores japoneses. Mundos extensos capaces de aglutinar el universo de hechicería y monstruos ancestrales de una serie como Fairy Tail y las peleas y búsquedas interminables de los piratas de la saga One Piece. La protagonista de la serie creada por Luis Montes responde exactamente al prototipo más elemental y exitoso dentro de este subgénero, siempre jovial, imprudente, y capaz de reunir a su alrededor a un buen montón de personajes, aliados o antagonistas, que por su contraste y disparidad tanto se prestan para resolver cualquier trama aventurera proporcionando suspense ante un primer encuentro o aquel alivio cómico necesario que dispensa a la protagonista de la carga de gravedad que suele recaer sobre el personaje central de cualquier historia. Como en casi cualquier obra de esta especie Noha Argonnar, la prota, resulta ser... ¡huérfana! "Con mucho menos se valió Kenny Ruiz para empezar en esto de los tebeos." Poderes, invasores de incierta naturaleza, una multiplicidad de razas y el intento de alistarse en una milicia de guerreros en calidad de novatos bastan como fogonazo que dé comienzo a la aventura; con una narración resolutiva y un diseño de personajes y ambientes más exhaustivo de lo que suele ser común en muchos shonens de éxito, y, además, composiciones de página que no decrecen en interés una vez se resuelve un combate o una secuencia de acción. Ahora resulta difícil entender que no me haya molestado en escanear alguna página.
¡Ese solo será otro más de los enigmas con los que uno se enrollará al hablar de Planeta manga cuando cumplamos ciento y más años!
 

... imágenes del proyecto en 2015 (blog del autor).
Gryphoon, una creación muy anterior a Planeta manga...




















De nuevo superando de largo las treinta páginas de historieta, y en atención a su disposición dentro de la revista, Alter ego parece presentarse como la segunda serie en importancia para los editores de Panceta magna. Se trata de un típico romance según los parámetros del shōjo cuyas adolescentes protagonistas facilitan esa instántanea identificación que envuelve el mundo del manga juvenil. De gratificante actualidad, se diría, por la profusión de títulos de esta clase licenciados entre nuestros editores. Que abordan también no solo el amor adolescente sino las relaciones amorosas tanto de parejas de hombres como entre mujeres. Puede que por ello quién sea (e hizo bien) buscó una obra de esta temática, en concreto, un romance lésbico. O, según la denominación para enteradillos, yuri. Seguramente algunas de las lectoras de Esther soñaron con poder leer algo parecido durante su adolescencia.
Parece que estuve generoso y robé un par de páginas de esta inocente y entretenida historieta:


No existe culebrón malo si es dibujado.

Nola y June son los nombres de las dos protagonistas de esta serie creada por Ana C. Sánchez llena de equívocos, y cierto tono de comedia, que sus incondicionales y practicantes suelen asimilar con el trabajo de autoras como CLAMP. Si el dibujo es sencillo y el uso de tramas no resulta abusivo ni compromete la ambientación, suele asegurarse el reconocimiento inmediato del público devoto a este subgénero; las reacciones al trabajo de la historietista española en redes sociales han sido entusiastas. Y habrá capítulo doble de la serie en el próximo número de la revista de Planeta-DeAgostini.
Tebeo autoeditado en 2018.

Amén de por su buena acogida, Alter ego reclamará la atención de los aficionados más tiquismiquis de otra manera no menos importante cuando descubran que entre el pequeño catálogo de autoediciones de Ana C. Sánchez (también conocida por Anakris) se encuentra un tebeo de título homónimo. Un libro publicado durante 2018 cuya ilustración de portada y páginas interiores dejan a las claras que se trataría de la misma obra que hoy se serializa a través de Planeta manga. Si bien las páginas publicadas dentro de esta nueva cabecera podrían corresponder a una reformulación o abarcar un sinfín de matices editoriales que hayan acabado diferenciándola de su edición original, como una mayor extensión y cambios en la composición y diagramación del conjunto de la obra. De una u otra manera, este agravio confirmaría la existencia de algún tipo de inteligencia superior tras la coordinación de los contenidos y todas las otras minucias que implica la dirección de una revista. Alguien tuvo que acechar a Luis Montes para que este dibujante rescatase un antiguo proyecto planteado por primera vez (entonces todavía en color y al gusto franco-belga) en 2012, como tampoco debemos dejar de pensar que ese mismo acosador no anduviese tras el rastro de Ana C. Sánchez desde hace el mismo tiempo. Así pues, y aunque no se trate del método ideal, es posible encontrar pruebas de que algo parecido a un ser humano dirige Planeta manga. Son todos gente peligrosa estos editores cuando publicitan sus productos de forma tan ladina y al ocultarnos información relativa a sus autores y a sus obras.
Requiere mucho esfuerzo, sí, pero sigamos comprando tebeos hasta que se cansen de publicarlos o nos toque a nosotros la lotería y también podamos meternos a editores.
Pero no todo son grandes series ni autores a descubrir dentro de la revista. Nombres como los de Ken Niimura, Ana Oncina y Santi Casas son bien conocidos por buena parte del público consumidor de historietas y podemos encontrar en Panceta magna una muestra de su labor dentro del medio. Y ya sabemos lo raro que resulta poder disfrutar de una obra producida en España y para un editor español.


Rondallas: La Bruja es una de las historietas conclusivas que amplían la gama narrativa y el estilo característicos de las series y personajes principales que acabarán acaparando la atención de la mayor parte de los lectores de la revista. Y, tal vez, la mejor historieta de fantasía heroica producida en España durante 2019. Obra del dibujante y docente Santi Casas, que recupera la matriz subterránea últimamente un tanto devaluada dentro del subgénero al relevar las sensaciones de inevitabilidad y tránsito que tradicionalmente acompañaban a los protagonistas de estas historias mediante simplonas fórmulas aventureras en las que priman la autonomía y la fuerza de un héroe, por lo general, ni siquiera arcaico, y a la que debe considerarse desde su primera viñeta como una historieta excelsa. A lo largo de veinte páginas, en ella se nos presenta el relato de iniciación de una bruja desde su niñez a la madurez. Y cómo llegará a ser consciente de la situación particular del universo y de los hombres respecto a este. La guerra y los anhelos de dominación de unos individuos sobre otros, incluso de quienes son capaces de manipular el mundo mediante artes arcanas, y, creen, por ello, poder erigirse en los fundadores del mismo, terminarán siendo superados por la sabiduría de los ciclos que tan bien ha acertado a conducir Santi Casas en esta breve obra uniendo principio y final. Emotiva y bellamente ejecutada, en La Bruja los lectores no necesariamente interesados en el dibujo, que pretendan continuar reviviendo todavía un poco más su asombro ante el descubrimiento de esas fábulas donde algunos inocentes eran separados de sus familias y salían al encuentro de la cabaña retirada en el bosque, encontrarán un refugio placentero ante la sequía de buenas historietas españolas de fantasía.
Se me ocurre que un joven aficionado que únicamente pudiera permitirse el seguimiento de algunas pocas colecciones, y, por tanto, tener conocimiento de un número muy restringido de dibujantes japoneses quizás de un mismo o parecido estilo, se sentiría profundamente marcado por la amplitud del modelaje que logra imprimir Santi Casas sobre muchos de los fondos mediante el paso de grises a degradados, especialmente al comienzo de la obra, embobándose ante ellos como si mirase los Pinos de Hasegawa Tōhaku (?). La versatilidad al ilustrar los distintos volúmenes de la figura humana, y la fluidez en el trazo de este dibujante español, quizás logren que ese lector desee ampliar el espectro de sus lecturas descubriendo a Suso Peña, por ejemplo, y asimismo llegar a reclamar un día la reedición de La profecía y otras muchas historietas olvidadas.
Ahora que nos hemos adentrado en el mundo de las fantasías, ¿será ese "Rondallas" una especie de título con que reunir futuras historietas de Santi Casas?


Baja ya del cajón, Jason Aaron, y lee algo bueno.

El problema más común de los lectores de historietas que comienzan a aparentar ser demasiado viejos como para continuar sintiéndose aguijoneados por cualquier otra opción distinta de sus tebeos de siempre, y todavía leer más historietas si fuera posible, conociendo a más autores y nuevas obras que incluso puedan alejarse temática y estilísticamente de las que son sus preferencias, es que cuesta arrancarlos de la cama nada más han afianzado la esperanza en un lugar muy concreto de sus estanterías. Y ya no existe forma de despertarlos después de la medianoche. Viejos y jóvenes aficionados a la historieta se parecen los unos a los otros de muchas maneras. Y Panceta manga se presenta como un buen remedio para todos ellos. El número dos está en la calle desde hace dos días... "¡Sacacuartos!" "¡Lechuzón!" "¡Afilador de pétalos!"
Por eso es importante racionalizar la lectura, no ir siempre del mismo palo y esforzarse en buscar alguna novedad. Además de recibirla sin suspicacias y un cierto método. Por extraño que nos parezca, la mano grasienta que coordina y dirige Panceta magna piensa de manera parecida: la mayor parte de las historias cortas, que seguramente no tendrán continuidad, dando así paso a nuevos autores de número en número, son lecturas agradecidas y diferentes. Al igual que Santi Casas, las historietistas Lorena Calderón y  Marta Salmons brindan a la revista variedad temática o un dibujo distinto del tono general. Soulmate es la reelaboración de una historieta muy anterior a la creación de la cabecera de Planeta-DeAgostini por la que Lorena Calderón recibió el primer premio del XXIII Salón del Manga de Barcelona en 2017. Su autora ha sabido prescindir hasta cierto punto del color de aquella primera versión de su historia y replanteado parte de sus viñetas para distribuirlas de forma más acorde al ritmo y composición de página de un tebeo japonés sin renunciar a una caracterización más plástica de la que uno esperaría encontrarse en ningún manga protagonizado por una niña. A pesar de no conseguir mediante el uso de grises igualar el contraste que anteriormente proporcionaba el color, el clima funesto e irreal del enfoque de cada viñeta y los planos utilizados en estas durante las mejores secuencias se mantiene intacto hasta la resolución del drama; se trata de una historieta triste, muy emotiva, e inspirada en una enfermedad compleja como la esquizofrenía, que puede recordar a alguna de similar carácter y protagonismo infantil de las planteadas por el guionista Santiago Navarro. ¡Y no sé de dónde se podrá sacar una imagen de una de las páginas de Soulmate! (Vergüenzaaa...)

Versión previa (en color) de Soulmate.


Tras un par de obras realizadas mano a mano con Mijail Sampedro bajo la firma Skizocrilian Studio para Norma editorial, entre las que se incluye la trilogía A través del Khamsin, serie de aventuras protagonizada por personajes zooantropomorfos, Marta Salmons parece retar el escepticismo con que algunos aficionados afrontamos ciertas temáticas y géneros cuando quienes los abordan son autores occidentales que trabajan conforme al estilo y el repertorio de prácticas narrativas propios de la historieta japonesa. Marchitado Lionel nos presenta un relato ambiguo y un tanto peculiar que cuenta con el aliciente de desarrollarse dentro del ámbito laboral de una oficina. Quizás sus veinticuatro páginas de extensión resulten insuficientes para ofrecer una visión completa de las relaciones laborales y el proceso de despersonalización inherente a la mayor parte de las tareas que desarrollan los trabajadores de servicios de atención telefónica en una gran empresa. La autora se sirve de algunas figuras a modo de una metáfora visual y reincide en ellas por su carga alegórica para enlazar la situación vital del personaje que da título a la obra hasta la resolución del mensaje moralizante con que finaliza esta historieta. Marta Salmons ejerce con profesionalidad, recurriendo a un tipo de composición de página ordinario sin que la lectura merme o decrezca en interés a lo largo de ninguna de las secuencias. En las que resulta muy apreciable la representación exacta de los fondos en las pocas viñetas que necesitan de un trabajo mayor previo al planteo de encuadres y planos cercanos que harán evidente la situación de cierta apatía y depresión que abate a Lionel. El dibujo y la propia fisonomía de los personajes es de gran solidez y no hay una sola línea descuidada ni en la aplicación de grises o manchas de negros. No vienen por ahí los problemas con esta historieta. Pueda ser más bien la importancia que llega a alcanzar cierto personaje en su papel de mediadora para la consumación del revés existencial del protagonista; al que llega a opacar, de modo que se dude si acaso no será ella el verdadero personaje central de esta historia. Asimismo las típicas transiciones japonesas mediante las que los personajes pasan de una representación realista a una mucho más caricatural y humorística para expresar sensaciones de rubor o pasmo acaban provocando una sensación de ruptura con el rumbo dramático de Marchitado Lionel. Si bien esta última apreciación no sea necesariamente compartida por todos los aficionados españoles. En particular entre quienes son los  lectores preferentes de Planeta manga, que por su edad se encuentran plenamente comprometidos con los usos que del lenguaje de la historieta cultivan en Japón. ¡San Tezuka los proteja a todos ellos (pues pronto serán los últimos consumidores de historieta en este país)!
Un clima tan competitivo como el que aparenta ser el dibujo de resonancias japonesas no podía dejar de prestar muchas más historietas y autores por descubrir dentro de una revista de más de trescientas páginas como la que nos ocupa. En la que también hay espacio para que pueda destacar la labor de una guionista:


Los nombres de Blanca Mira y Kaoru Okino no nos dirán mucho a quienes apenas llegamos a consumir aquellos pocos tebeos japoneses que por su fama o un sentido de adoración cultivado en torno a dibujantes y creadores todo buen coleccionista debería aspirar a atesorar en su tebeoteca. Y, sin embargo, se trata de dos de esas machacas de la historieta a la japonesa producida en nuestro país alrededor de las que pueden llegar a congregarse un mayor número de aficionados en cualquier festival o convención. Provocando el pasmo del otro sector cada vez más menguado de lectores que aún se ceba con los álbumes europeos y persigue la firma y la dedicatoria de un señor también algo mayor que dibujó, entintó y coloreó, unos doscientos comic books el año pasado sin ayuda de la OCDE. Pues eso, desde el extremo opuesto nos llega la comedia titulada Good game!, de Blanca Mira y Kaoru Okino, guionista y dibujante, respectivamente, una obra que no marcará un antes y un después en la historia de la historieta española pero pensada para sintonizar con los adolescentes adictos al manga y al anime. ¿Qué ocurriría si tu madre confesara al ir a estirar la pata que tienes un hermano del que nada habías sabido hasta ahora? Probablemente entonces encenderías el televisor y allí estaría tu hermano, participando en un concurso de televisión al otro lado del mundo. Esto es lo que le pasa a la protagonista de esta serie, Yuki, una muchacha de aspecto ingenuo pero con una personalidad tan tenaz como para que no dudemos que dentro de su armario pueda haber ganchos de carnicero en vez perchas, cuando le propone a su amigo Enishi que participen juntos en el concurso de creación de videojuegos que le permitirá coincidir con su hermano perdido en Barcelona. Y qué más dará que puede que haya pasado mucho tiempo desde que Yuki no veía a su amigo Enishi, y como tres años que este no salía de su habitación o se duchaba (cumpliendo con los preceptos de todo buen hikikomori), para que todos estos planes no acaben saliendo a la perfección. Aparte de que ella es una completa ignorante en todo en lo que a videojuegos se refiere, y Enishi parece haber perdido una mano, puede que algo más se le pasase por alto a Yuki mientras cumplimentaba el formulario de inscripción y ahora vaya a tener que hacerse pasar por un chico. [3] Por suerte, todo esto no tiene remedio. Blanca Mira se las arregla para familiarizarnos con los personajes aprovechando las veinte páginas de que consta este primer capítulo de forma tan ágil y con tan buen criterio como el que Kaoru Okino demuestra al hacer desaparecer un fondo o manifestar el comportamiento maniático y visceral de Yuki mediante la deformación de sus rasgos. Mostrando paralelamente a los delirios de Yuki y a las reacciones de Enishi momentos de su niñez por los que sabremos más de la relación entre ambos personajes o sus motivaciones.



Blanca Mira además de guionista es también escritora de novelas, y tiene en su haber ser la ganadora del X Concurso de manga de Norma editorial junto al dibujante Balust por la historieta de ficción oscura Ad mortem (publicada en 2016 por Norma). Mientras que Fátima López, o Kaoru Okino, cuenta con varias obras de su completa autoría, como la serie Ugnis (compuesta por tres libros) y Hell’s Heaven, más una tercera historieta realizada precisamente junto a Blanca Mira todavía inédita; también primer premio del concurso de manga de Norma editorial, que debería publicarse durante 2020. Y ahora podéis jugar a ver cuál de las dos es más guapa, porque yo pienso largarme a comprar el número dos en cuanto... "¡Lechuzón!" "¡Afilador de..."
BANG!
BANG!
BANG!

Debemos familiarizarnos con el consumo de mangañol están haciendo por llamarlo así, ¡qué le voy a hacer yo!— si queremos sobrevivir como lectores aficionados, y Panceta manga es lo más barato desde la cancelación de la serie de David Ramírez B3. La imitación tan lograda de una auténtica cabecera japonesa, que lógicamente parece enloquecer a los adictos españoles al manga, puede hasta mejorar alguna de las características que aún se mantendrían vigentes en Japón entre estas publicaciones periódicas. Seguramemente la imposibilidad de encontrar en una misma revista historias de subgéneros tan dispares entre sí como el yuri con otras pertenecientes al shōnen más ortodoxo. Permítaseme añadir que la oportunidad de leer una serie o historieta hecha a nuestra medida no acaba en las pocas que he podido enumerar hasta aquí. La ciencia ficción tiene gracias a Álvaro Jaudenes y Alba Cardona dos series que aspiran a prolongarse a lo largo de muchos capítulos. Y dibujantes como Judit Mallol, Akira Pantsu, o Numoris, han aportado breves historietas con la suficiente impronta personal para no tener nada que envidiar a autores más veteranos como Ken Niimura y Ana Oncina con los que comparten espacio en este primer número. Incluso un proyecto todavía tan difícil de valorar como el que están llevando adelante Marc Bernabé y Oriol Estrada junto a la dibujante Marian Company al trasladar en forma de historieta la historia de este medio en Japón y la llegada de las publicaciones manga a España, con los títulos de Historia del manga e Historia del manga en España, es para no dejar pasar ningún número. Tal vez resultén más artificiosas que otras obras de similares características que abordaron desde los Estados Unidos la historia del medio a través de la historieta, como Comic book history of comics (IDW Publishing), pero hasta el momento ambas series se han revelado mínimamente llamativas por tratarse de relatos planteados a partir de personajes ficticios y no a una forma de ensayo mezcla de tramos de historieta y composiciones ilustradas poco diáfanas y sobrecargadas.
Apenas existe una deuda más grandes que la que los editores españoles contrajeron al liquidar como modelo editorial la revista de historietas. El esfuerzo que han asumido desde Planeta cómic es colosal, y, a pesar de que quizás sea todavía demasiado pronto para ponerse a hervir corazones en ningún puchero y repartir las cucharas de plata entre los oseznos, uno ya casi puede sentir ese calorcillo bajándole hacia el estómago. 
Y, no sé, ¿todo el mundo odia el manga tanto como yo? No veo demasiadas reacciones a la salida de esta publicación. ¿Qué otra editorial puede jactarse de contar en su catálogo con un número tan importante de autoras españolas? ¿O de producir historietas con la regularidad necesaría para mantener una revista?

[1] Chiste escatológico recurrente en Historietas a pedales. (Denúncielo en Facebook.)
[2] Mangaka: los que cargan con el manga. (Pronto en el diccionario español de la RAE.) 
[3] Y mi serie favorita en Planeta manga es...

sábado, 2 de noviembre de 2019

Publicaciones que asustan: LIBROS & COMICS

Esta revista de información, extraña y de escasa utilidad, fue triturada por el tiempo y muy pronto olvidada de los aficionados. Y no de modo insólito. Hoy únicamente reclamaría cierta atención por su título, en realidad, poco más que una treta con que disimular la desorientación y falta de desarrollo de las premisas que pudieron llevar a sus promotores a realizar una publicación de este tipo. Desde la que se perseguía cubrir por igual la actualidad literaria y las últimas novedades en torno al mundo de la historieta. Justo cuando todo parecía ir cuesta abajo y las plumas que pugnaron por afirmar la existencia de un cOmic adulto por medio de campañas de abuso contra aficionados y autores bautizadas como asesorías culturales ya habían desfallecido o desertado hacia otros medios. Pero ni siquiera se trataba de eso, lanzar una nueva legitimización de la historieta a través de su asimilación al cine, los valores literarios o la reunión de los auténticos y verdaderos autores y personajes clásicos, sino de un simple gancho. Ningún complot de arribistas ni de embobados autores queriendo hacer pasar sus escasos intereses y conocimientos por un análisis serio y concienzudo sobre los derroteros del medio. Solo una efímera publicación dedicada a la historieta que encontró menos repercusión que muchísimos fanzines y revistas autogestionadas publicados por aquella misma época. 



Acaso la historieta forjó una inquietante amistad a comienzos de los noventa en España con ciertas personalidades (hoy ocultas) que tuvieron la oportunidad de remolcarla hacia puertos más allá del tiempo junto a contundentes mensajes:

"Los libros y los cómics tienen muchísimo en común.
Para demostrarlo, número tras número, entrevistaremos a los autores más destacados; descubriremos su personalidad, la verdadera incógnita que ocultan sus obras. Informaremos sobre las últimas novedades editoriales. Incluiremos una selectiva guía del comprador, y una novela por entregas, y muchas cosas más.
Libros y cómics, juntos y revueltos.
Sin estúpidos prejuicios."

Bueno, finalmente la historieta ni llegó al mar. La revista debió constituir algún tipo de fracaso pese a la importante publicidad de que dispuso (allí se anunciaron, de noviembre de 1991 a enero de 1992: Norma editorial, colecciones de ciencia ficción y aventuras de Editorial Molino, una revista deportiva, y hasta el Diccionario de los cOmics de Javier Coma). En mi casa todavía están los tres números que alcancé a ver en los quioscos entre publicaciones dedicadas al porno o a los videojuegos. La existencia de entregas posteriores a estas es más bien dudosa. Y en cuanto al título...  por lo que expresaban en esa presentación, y aunque al diseñador acabara por darle un infarto al tener que centrar tanta letra, otro título mucho más ajustado que LIBROS & COMICS podría haber sido Literatura e historieta; Novelas, poemarios y tebeos, uno todavía más cachondo e imposible. Aunque todos habrían sido igual de inolvidables.
En el orden cultural en que ha acabado cayendo este desastre, otrora reconocido como un medio de comunicación, modas y cosas siguen leyes diversas, pero hoy ni nos entrarían calambres si Comicmanía de repente pasase a llamarse Novelas gráficas y Tebeos. El trompazo coronario nos sorprendería al encontrar una foto de Andrés Trapiello como portada de la revista teórica Dolmen junto a la correspondiente entrevista al escritor. Tal vez seguida por un relato serializado obra de Julián Clemente haciéndonos la pascua entre medias de los artículos dedicados a la actualidad superheroica y el dossier sobre el dibujante o serie del mes. Con fecha de noviembre de 1991 un chico que no coleccionaba cromos se compró una revista (375 pesetas) para enterarse de que Tlerenci Moix odiaba a las Tortugas ninja. "¡Pues vaya!" Y con esta revelación se consumaría  todo posible vínculo entre la literatura y la historieta  dentro de LIBROS & COMICS. Artículos como los dedicados a Agatha Christie, Julio Verne, Stephen King, o Arthur Conan Doyle, además de situarse entre los más anodinos de la revista, no se dedicaron precisamente a unir ambos medios. Ocupó más espacio el mundo del cine, lo que ni en aquel tiempo podría calificarse como una sorpresa, con una aproximación a la teleserie Flash y a la por entonces moderna película del Capitán América. Junto a otros largometrajes completamente ajenos a la historieta como la segunda película de La historia interminable y Hamlet de Zeffirelli. Cualquiera podría haberse planteado acompañar esos artículos con otros de menor o mayor extensión dedicados a glosar el origen del Capitán América y Flash. O, aunque resultara bastante más arduo, tratar de llevar a cabo algo parecido con Shakespeare y sus adaptaciones a la historieta. Pero tampoco los artículos sobre personajes u obras historietísticas concretas gozaron de un acompañamiento especial que redundara en una aproximación mayor hacia esos autores u obras con que incrementar el interés del posible lector. Apartados tan específicos como las reseñas dedicadas a Daredevil: Born again y Camelot 3000 no pasan de ser tan genéricos como los artículos que repasan las trayectorias de Tintín y Astérix. Que en nada se diferencían de los que siempre han podido encontrarse en los suplementos dominicales de cualquier periódico español. Este conjunto tan poco atractivo se completa con una sección de recensiones formada por pequeños textos con los que se pretendía glosar lanzamientos de todo tipo de libros más algún tebeo. Aunque casi ni llegan a diez recensiones por entrega, y escasamente dos de ellas dedicadas a alguna novedad del mercado historietístico, lo que da idea de la frivolidad con la que pudo plantearse la creación de una publicación de periodicidad y carácter mensual mediante la que resultaba del todo imposible seguir la actualidad del mercado.



















Las grandes dimensiones de esta revista (31 x 23) y su cuidada presentación, con ilustraciones y fotografías impresas en color y una diagramación sumamente diáfana que resultaba en una rápida y fácil lectura de cualquiera de sus secciones y artículos, como ninguna otra revista de información sobre el medio podría soñar con igualar en aquellos años, apenas alcanzaban a empolvar unos artículos insustanciales. La nula o escasa relación entre los apartados dedicados a la literatura y las secciones que trataban sobre historieta acabarían por revelar que el verdadero interés de los promotores de LIBROS & COMICS no era otro que ellos mismos y sus sopas de mazmorra. Solo así se entiende que serializaran un relato escrito por uno de los artífices de la revista. Y algo mucho más infame y aterrador, que dudo si será del todo juicioso recordar justo ahora cuando el amor a la historieta pareciera declinar incluso entre los aficionados más acérrimos, pues el archivillano Raimon Fonseca jugó un papel nada circunstancial en la trama que llevaría a perpetrar una suerte de continuación de la creación realizada por Antonio Moreno y Carlos Pacheco para Comics Forum. Aquella corta historieta ya legendaria titulada American soldier. Poco puedo añadir sobre el estremecimiento que produce contemplar estas otras páginas, derivación apócrifa de American soldier, a las que Raimon Fonseca ayudó a dar nombre: Doctor Drim. Una leyenda del futuro. Ofertada además falsamente por su ejecutor como la primera historieta que se realizaba por medios informáticos en nuestro país.

"Doctor Drim: Una leyenda del futuro" (casi una historieta).

Una pequeña muestra bastará para asegurar el olvido tanto de esta obra como de la cabecera que le dio cobijo. Nos afirma, además, como pueblo comiquero, en el convencimiento de lo innecesario de sacar a la luz el nombre de los coordinadores y colaboradores de una revista de esta índole, más cercana a satisfacer los intereses de sus creadores que a despertar o ampliar el gusto y la fascinación sobre el medio entre un público u otro, y debería servir de advertencia para que nadie desperdicie energía escaneando páginas que no merezcan el esfuerzo.

¡Ocultadla a vuestros hijos y amigos! 
 (Con su encuadernación grapada, y sus algo más de sesenta páginas, no vale ni para enrrollarla y sacar un chichón en ninguna huesuda cabeza.)

viernes, 18 de octubre de 2019

Demenciais. O fanzine dos cumios borranchosos

Casi tan trillado como quejarse por la carestía de traducciones de obras de Julio Ribera o Forenci Clavé (!) sería el preguntarse por la falta de información y el uso que de internet hacen los editores de tebeos. El número de ejemplos en los que se informa de una salida que jamás llega a producirse, y que esta suceda inesperadamente y muchísimo tiempo después, es dilatado. A veces, para pasmo del desilusionado consumidor de la cosa, el editor no se molesta en dar aviso de la nueva o próxima fecha de ese lanzamiento. Una explicación ni siempre fácil de elaborar. No obstante... la falta de información es el camino hacia Facebook, el Facebook lleva al Twitter, el Twitter lleva al hastío, el hastío a contemplar la posiblidad de ver todas esas películas clásicas (?) y modernas (!) que conforman la saga Star wars. Pero solo un melifluo lector de tebeos independientes (!?) sería tan débil como para llegar a planteárselo. El lector fuerte, ese engendro que nació sin querer para coleccionar y leer historietas durante toda su vida, una vida prolongada con la sangre de otras muchas, todo hay que decirlo, puede resistir diluvialmente cualquier método escogido por los editores para torturarle. El lector fuerte prevalece sobre todas las otras criaturas. Que tienen que ir al gimnasio o a amamantar a su prole y beber cerveza junto a otros seres inferiores como ellos. Y, cuando no puede comprar el tebeo que desea, el lector fuerte inventa... ¡¡¡fanzines!!! Unas publicaciones denigrantes y tóxicas dedicadas a casi cualquier cosa que pueda existir desde los muñecos de la popular colección Váteres del Universo, y coliflores o nabos, al cine goretex y las carreras de coyotes.

Pero la más terrible y trágica de todas las modalidades es el fanzine sobre historieta. Cuna de hagiógrafos. Cónclave de exegetas malditos. Tropel de resbalones para todas las fuentes tradicionales de información venideras. El fanzine sobre historieta, fotocopiado o escupido por medios informáticos, fue prohibido al poco de llegar al poder El Corte inglés y las Comic Con mediante la Ley de ayudas públicas para la creación de podcasts del año 2015 que consiguió racionalizar por fin la información sobre el medio de la historieta en nuestra piel de tordo. Sin embargo, al menos un triste engendro resiste a la ley abandonando sin orden ejemplares gratuitos de sus malevolentes opúsculos en las bibliotecas de una cierta ciudad (que no mencionaremos aquí por motivos de salud pública), con todo tipo de molestias entre el personal de seguridad y sus únicos usuarios habituales, los nazarenos de la orden de opositores. Ha sido gracias a ellos que hemos conseguido disponer de uno de estos ejemplares traduciéndolo de inmediato al español y en su mayor parte —apenas hemos dejado fuera de nuestra traducción un minúsculo editorial donde el autor promete dar muerte a tragos de hidrocarburos de los más caros a quienes no se rían y define mil veces lo que él llama novela gráfica; un término vulgar dilapidado hasta la náusea durante el siglo pasado, según pudo averiguar nuestro equipo ya durante la investigación inicial a la traducción del texto— para que mediante su exposición pública otros expertos en enfermedades comiqueras y comportamientos límite del efecto tebeístico entren en estado de alarma total y puedan actuar disparando a la mínima sospecha de encontrarse cara a cara con aquel que testigos y víctimas describen como: "Un tipo muy parecido a Maciste. Pero no el original, sino el de la versión hongkonesa"; "Hombre polilla"; "Una Brigitte Bardot calva (y muy desmejorada)"; o la más plausible de todas las descripciones que hemos conseguido hasta el momento, "Algo parecido a un perro grande aunque más pequeño y rabioso".


[Se regateará una recompensa por cualquier pista que lleve a la captura o eliminación de este engendro o de cualquier otro con que dar el pego ante la prensa. Remítase la información a: COMICMANÍA (hornocrematoriopropio@panini.es)]






A viñeta de Schrödinger
es nuestra última revista de historietas. Una publicación enfocada al público juvenil que busca también la complicidad de los lectores y consumidores gallegos de tebeos más viciados. Ya se afeiten o justo hayan dejado de hacerlo para parecer más altos. Más enterados y serios. Incluso aunque realmente no alcancen a ser lo bastante mayores como para poder recordar al completo aquel que fue gran naufragio de editores, autores, informantes y críticos, pellizcándose entre sí en mitad de un descampado mientras a su alrededor merodeaban famosos y hasta televisiones. O, al menos, una televisión junto a Ramoncín y dos directores de cine.

A día de hoy, lejos del solaz que pudieron proporcionar a autores y aficionados en otro tiempo, las revistas de historietas no constituyen un tipo de tebeo a la moda. Ningún empresario parece contemplar entre sus planes de dominación mundial la producción de obra inédita por un conjunto de medios y propuestas que muchos de los artistas y buena parte del público lector experimentan como un eslabón perdido dentro de la historia del medio. Incluso cuando la diversificación artística siempre (o casi) haya pasado por esta fórmula editorial antes que por apilar páginas y páginas en forma de gruesos libros y unidades argumentales minimizadas (justo al contrario de lo que está sucediento en televisión, cine y literatura), más fáciles de gestionar económica y profesionalmente dentro de una industria raquítica. No obstante, la economía pareciera inspirar todavía mayores ajustes entre los editores y creadores como si fuera posible hinchar sus frescos tebeos a base de racionar y redistribuir viñetas a través de más y más páginas. Malogrando por añadidura muchos de los hitos conquistados a través de publicaciones periódicas como las revistas. Y puede que a regañadientes, por olvido, o, también, de un modo más interesado y excluyente, autores y editores faltos de mejores medios para producir y desarrollar una obra que quisieran más compleja, simplemente distinta o personal, hayan acabado transigiendo al tomar un modelo de edición que probablemente solo contribuya a la mejor comercialización de un producto. A la tranquilidad de los jefes de planta de algunos pocos almacenes comerciales y al mayor beneficio de ejecutivos a sueldo de un grupo editorial cualquiera que con ello pueda ver sumado un nuevo epígrafe al listado de las mercancías y géneros a distribuir entre sus diversos sellos y editoras.
Como en casi todas las historias con un final tan feliz como ese, el continuo engaño entre autoría y comercialidad no ha logrado impedir que siguieran naciendo y muriendo revistas de historietas durante estos últimos años. Tal vez sin la mítica de una de las publicaciones orquestadas por Toutain. O carentes de las resonancias nobiliarias que pudieron arrastrar consigo Cairo, Madriz, o el Víbora, y, desde luego, sin el gancho internacional y la exclusividad de una Totem, pero aún es posible llegar a contabilizar más de dos y de tres publicaciones de este tipo en el mercado español de la historieta.
Aunque el nombre de ninguna sea oasis, tal vez valdría la pena tratar de conocer el mayor número de ellas antes de sacar a debate la validez de la revista como modelo de edición. Cualquier simple recuento constituirá de por sí una aproximación mucho más sólida y leal que esa actitud torpe, y, generalmente, siempre demasiado rebuscada, con la que se suele dar comienzo a todo tipo de puntualizaciones ridículas e hipótesis fragmentarias desde lo alto de las columnas de hormigón. En las que sin descuido acaban por materializarse obsesiones y preferencias explosivas junto a comentarios tan ingeniosos como insultantemente erróneos [1]. Tampoco resulta mucho más prometedora, por más que se nos antoje un compromiso improrrogable el haber conseguido grabar a espátula una muestra más de nuestra colosal memoria y flamante intelecto, cualquier comparativa de una revista que apenas ha llegado a ver dos números como A viñeta de Schrödinger con sus precedentes más cercanos, Oink!, Fiz, Galimatías, BDBanda, Golfiño, o Elipse (Retranca quedaría del lado de revistas satíricas como Can sen dono y Xo!), cabeceras lanzadas desde Galicia y por gallegos lo suficientemente dispares entre sí como para que sus logros e importancia dentro de la historieta gallega se vean reducidos a lo mucho o poco que perduraron o al tipo de dificultades que pudieron atravesar en el momento de su publicación.




Ni resistentes ni flojos.

Pese a que no se constituyan en uno de los pilares del panorama de la novela gráfica contemporánea española [2], las revistas de historietas que desde aquí se van a repasar de una forma demasiado breve en consideración al esfuerzo de sus editores y colaboradores todavía conforman un grupo de publicaciones a tener presente. Acerca de las que deberíamos ser informados por quienes comentan y escriben sobre el medio en nuestro país indistintamente de sus gustos (como de las pretensiones acerca de su labor dentro del mismo), por cuanto se trata de revistas que se encuentran bastante lejos de protagonizar un enfrentamiento en el terreno comercial o en el de los planteamientos y propuestas de sus autores. Ajenas como son al tipo de adhesión y lealtad superficiales que suscitaron las cabeceras acogidas a los años del pufo del cómic español de finales de los años setenta y comienzos de los ochenta. Son pocas. De díficil seguimiento. Y probablemente no pasen por publicar las mejores obras ni a los mejores autores. Pero cuentan con la particularidad de que un altísimo porcentaje de sus contenidos resultan ser producción propia, obra de guionistas y dibujantes españoles, ya que en muy pocas de estas revistas la traducción o publicación de historietas foráneas llega a suponer siquiera una constante a lo largo de toda su trayectoria.
Más o menos conocidas de cualquier consumidor de historietas debieran ser las revistas Amaníaco (2007), Cthulhu (2007) y La Resistencia (2016); con distribución en todo el territorio nacional y presencia destacada de sus autores y coordinadores en no pocos de los festivales que se celebran en España a lo largo del año. Pero no menos que dos de las revistas infantiles justamente más alabadas como son la veteranísima Camacuc (1984) y, la también valenciana aunque bastante más joven, Xiulit (2015). Ya que ambas se han nutrido de autores capaces de alcanzar cierta relevancia a partir de la creación de series infantiles como Els Agents de la Historieta y Vampi, obras de dibujantes con un trazo e intenciones tan diferentes entre sí como Pedro Cifuentes y José Fonollosa. También la vasca Xabiroi (2005) ha visto reconocida la valía de algunos de sus colaboradores de un modo u otro dentro del panorama nacional entre los aficionados y el resto de autores pese a tratarse de una revista editada en euskera. Mayor dificultad pueden suponer el frenesí y la apuesta por la originalidad y la expresión desbocada de la Revista de còmics a la Deriva (2015). Y Sextories (2018) es un desafío tan atrevido, y una propuesta tan desusada, que no cualquier lector llegará a tener noticia de ella sino es a través de internet. Desde donde partió el anuncio de la salida de Alta tensión (2019); con un único número hasta ahora, se trataría de una revista adulta en español de la que parece se ocupa el editor de Xiulit —cabecera esta última seguramente ya cancelada, pues muy pronto se cumplirá casi un año desde la salida de su último número.
Los contenidos de algunas de ellas están volcados por entero al público infantil y juvenil al que se dirigen, como es el caso de Xabiroi, Camacuc y Xiulit, cabeceras que además son publicadas en euskera y valenciano. Mientras que otras aparentemente tal vez no dispongan a esta altura de un público tan específico. Entre estas últimas, al menos una  de ellas, Cthulhu, publicación conocida en Argentina y Brasil que cuenta entre sus colaboradores con varios dibujantes y guionistas gallegos, se ha caracterizado por tomar como propia hasta diluirla en sus múltiples vertientes una única temática que la distinga, la ficción oscura, el horror y el género fantástico, que definen desde la más clásica historieta de vampiros o alienígenas al humor grotesco y la cotidianidad psicótica a través de todos sus compuestos y combinaciones, abarcando así una historieta, y a un público, por algo más de diez años de existencia que se presumían extintos. Una capitanía que podrían reclamar para sí muy pronto en la mucho más joven Sextories respecto a temas y subgéneros que también parecieron haber quedado fuera de las leyes del mercado de la historieta o del interés de los aficionados españoles hace tiempo. Y sin embargo la amplitud de asuntos y estilos todavía es mayor de lo que pudiera esperarse dentro de una parcela tan pequeña como la que representan todas estas revistas. Aunque nada podríamos decir sobre la insólita presentación de Paper de ceba (2019) más allá de lo visto y publicitado a través de internet. Incluso la obstinación de quienes orientan su labor como un tipo de historieta que ya no lo es [3], sino que se supone representa mucho más, y es a veces mayoritaria, o minoritaria, según la sensibilidad (o piel de pollo) de editores y autores, mantuvo viva y lejos de claudicar ante toses y humos a una revista que se vendía hasta hace dos días paradigmática de la libertad y espontaneidad de sus oficiantes como La Resistencia. Aunque pronto ya no estará más junto a nosotros. Y la algo más restringida en su difusión, pero igualmente diversa y contemporánea —suspiro...—, Revista de còmics a la Deriva que Edicions del Desproposit cultiva con constancia y orientación parecidas desde Baleares. Con otros fundamentos y una mayor dispersión intelectual, la coalición de autores casi ya clásicos de la historieta humorística que conforman la revista Amaníaco acertaron hace ya muchos años a establecer desde la actualidad una recategorización algo más salvaje de buena parte de los contenidos de los todavía tan añorados tebeos de Bruguera.
De alguna de ellas podría llegar a extenderse entre sus lectores, o, a lo peor, entre sus mismos promotores y partidarios, la idea de que se trate de la única revista de historietas superviviente dentro del mercado español. Lo que está lejos de ser cierto: incluso aunque no existan lazos de familiaridad ni una larga convivencia de estas revistas en las librerías a nivel estatal, todas se presentan como objetos de consumo estimables en una u otra medida. A las que convendría aproximarse más a menudo a poco que uno sea capaz de apreciar la historieta como medio. Incluso por encima de los temas o asuntos que en esta se aborden o del modelo que adopte un dibujo ante una misma cadencia narrativa. Y solo se distinguirían en la calidad de sus contenidos por su mayor o menor fortuna dentro de los espacios que se dicen restringidos a un cierto tipo de público u otro. Seguramente más amplio que lo que el enfoque inicial de cada una de ellas pudiera sugerir en su estreno.


Portaos bien o acabarán regalándoos una el próximo verano.


Varios son los vientos que evidencían como desde hace años quedó establecido un caballeresco menosprecio de corte (basado en la novedad, la moda y un tipo de originalidad más presentida que real) que se ha ido transformando en alabanzas disparatadas hacia un lado muy concreto de la balanza de las pasiones entre muchos aventureros de la divulgación. Quienes mediante la realización de sus dietarios y listines involuntariamente acabaron apartando a la mayoría de estas publicaciones periódicas del primer plano que en justicia deberían haber compartido junto al resto de líneas de edición del común uso de nuestros editores y algunos de los tebeos más ensalzados por un modesto número de personas igualmente incapaces de apelar a su propia curiosidad en no pocos de los análisis que sobre la actualidad llevan a cabo. Por lo que será forzoso trazar un bosquejo de las similitudes y los rasgos distintivos de A viñeta de Schrödinger respecto al resto de revistas españolas aquí listadas y tan extenuantemente desatendidas por otros. Todavía antes, y no menos útil por tratarse de hechos y situaciones muy pocas veces televisados, se contemplarán las exiguas posibilidades en torno a la actividad cultural y el consumo de tebeos en Galicia desde la óptica de un simple consumidor. Con lo que tal vez se logre clarificar lo que sin duda no son puntos oscuros en la promoción [1.1] de esta nueva revista de historietas gallega.

No solo gracias a los cruzados de la capa Galicia también es "diferent".


Cultura en gallego. (Weird menace.)

La revista en lengua gallega A viñeta de Schrödinger se presenta así misma como una paradoja. Y hacen bien. No muestran reparos a la hora de justificarlo: tan fantástico como parece su título, más útil resulta para reflejar la vacilación e incertidumbre que supone tratar de hablar sobre la viabilidad de cualquier tipo de publicación en Galicia como de la de la mera existencia del medio o de los propios creadores de historietas.

"A BD galega, a lingua e a cultura galega é como o gato de Schrödinger, está aí, estamos seguro de que está, que ten que estar, máis algúns cren que está morta, mentres nós cremos que está máis viva que nunca. Pasa o mesmo coas revistas, que semellan esquecidas nun momento onde proliferan as novelas gráficas.
A viñeta de Schrödinger nace para dar voz e visibilidade ás bandas deseñadas breves de autores/as galegos/as. Mais tamén para que os/as lectores/as adolescentes e adultos poidan ler e descubrir a BD de calidade que se fai en Galiza."

Tal vez no exista más explicación que el haber acertado a encontrar un título original a la par que sagaz con que alentar así la participación de los observadores en este experimento. Mediante el que se intenta que, poco más o menos, la historieta gallega dé el salto del mundo subatómico al ámbito cosmológico. Y no obstante, las leyes newtonianas y los rigores de nuestro mundo macroscópico deberán seguir siendo atendidos según se describe en el editorial del segundo número de la revista:

"Como ves, a incerteza de que esta revista estea viva ou morta depende tamén dunhas moedas, porque o certo é que temos que empezar a pensar que a cultura, para existir tamén precisa cartos. Grazas por lanzar a túa moeda e facer que este sexa o resultado!!!"

Cinco euros y la voluntad de gastarlos en un ejemplar de A viñeta de Schrödinger y ningún dibujante o guionista gallego tendrá que volver a comer gato al microondas a final de mes. —Puede que Schrödinger suene a ruido de tripas tanto o más que al nombre de un sabio austríaco o de un experimento científico.
Sea o no otra la dieta de los autores gallegos durante el resto de sus vidas, el hecho es que la edición de esta nueva revista corre a cargo de dos asociaciones con una importante proyección social en Galicia como son A Mesa pola Normalización lingüística y la Asociación Socio-pedagóxica galega. Entidades ambas que orientan sus actividades a la difusión de la lengua gallega promocionando su presencia en ámbitos como el educativo, con experiencia en la edición de materiales didácticos y divulgativos, inclusive, algún tebeo, así como en potenciar el uso y la defensa de esta lengua en todos los medios posibles.
Por fin, y ya tardaron, también a través de la historieta de una forma que se prometía además de continuada completamente independiente. Alejándose así del carácter suplementario con el que se sirvieron Golfiño, Galimatías, y otros ejemplos de menor entidad y peor recuerdo. En principio, y aunque dada la tardanza en la salida de un tercer número no parece lo hayan conseguido (siete meses desde la salida del número dos), con un tipo de autoconsistencia del que se supone careció el medio en las raras oportunidades que se le han brindado para lograr su clara inserción dentro del circuito comercial de las publicaciones periódicas. Que nunca se ha caracterizado en Galicia por lo desbordante de su número ni lo variado de la oferta o la amplitud de su difusión; raro es encontrar a alguien que sea capaz de mencionar más de dos publicaciones periódicas editadas íntegramente en gallego a día de hoy que no trabaje o colabore al menos en una de ellas. O que como poco haya sido alguna vez subscriptor de las mismas.
Valga lo apuntado para señalar que, lejos de tratarse de un empeño sobrenatural por el que se trataría de dominar al resto de la humanidad y de acabar con otras propuestas editoriales opuestas a estos planteamientos, se considera probado el hecho de que cualquier publicación editada en lengua gallega debe disponer algún mecanismo de subscripción no precisamente para facilitar su adquisición entre bibliotecas, colegios u otras entidades públicas, que en número siempre resultarán insuficientes, sino como una forma de sumarse al frente identitario en que se vive y proyecta la cultura gallega. Espacio de muy limitada actuación donde lo momificado y lo apergaminado suelen ocupar el primer plano de forma que ni siquiera llegue a representar una soberanía cultural real. Incluso cuando se utilice y promueva el gallego siempre se acabará imponiendo como techo cultural la omnipresente cultura y lengua españolas (entre las que se derriten y moldean premios y medallas a la galleguidad) del AVE a Madrid. O, para el caso de la historieta, el salón de Barcelona y los autores y editores estadounidenses ajenos a las manufacturas Marvel y DC.
Con todo, en lo que toca al factor comercial, y a una pregunta tan concreta como dónde se compran los tebeos, resulta evidente que la historieta editada en territorio gallego se ubica en un mercado más reducido incluso que el de su literatura (la lectura en gallego no supone después de todo una opción de ocio mayoritaria en Galicia entre su población universitaria; menos incluso entre sus comunicadores radiofónicos o televisivos; y, tal vez, tampoco entre los propios escritores e ilustradores) y cada nuevo proyecto debe afrontar la imposibilidad de lograr una difusión exterior efectiva desde una perspectiva tanto artística como comercial. —Parecerá una broma pero es más fácil encontrarse con un editor vasco en un festival portugués que ver pasar por allí un editor gallego.Desestimar lo poco que de estrategia de subsistencia todavía pueda suponer una subscripción sería desligarse de esa realidad. Pese a que el uso de esta figura resulte económicamente insignificante, acabará siendo útil como dispositivo de fidelidad y un vínculo de reconocimiento entre promotores y lectores con el que enfrentar un mercado de la desigualdad y el desinterés hacia lo gallego cultivado por empresas mucho mayores que precisamente encuentran su mejor impulso en la publicidad suministrada por instituciones públicas. La trayectoria de una revista de actualidad social y política como Tempos novos ejemplificaría la franqueza con que un editor debe dirigirse a la hora de fortalecer la confianza en la utilidad de su proyecto entre los lectores. Una estrategia tan acertada y evidente no podía quedar lejos del descaro y buen humor que inspira una publicación juvenil, y desde A viñeta de Schrödinger tratan de hacer lo que de un editor se espera ya se llame este Stan Lee o Kiko da Silva: lanzar una invitación optimista y, a la vez, transgresora que convoque una audiencia lo suficientemente amplia como para otorgar viabilidad a un producto cultural dentro del complejo y falsamente diversificado banquete del ocio como el que nos envuelve e impermeabiliza a día de hoy.  

En fin, demos paso ahora a mi publicidad:

[EDITORES, salven al coleccionista: ¡publiquen malditos tebeos brasileños! Me están matando las nuevas y muy "bolsonaristas" tasas de Correios que deben afrontar editores, libreros y autores en Brasil. La cosa está tan fea que sale más barato que te timen en una comiquería argentina a través de Chollocolección.] 

Como se puede entender, las librerías especializadas no dejan de ser un campo de juego en el que estos tebeos editados en gallego difícilmente van a encontrar el tipo de exposición privilegiada de esos otros muchos productos de origen estadounidense, japonés y franco-belga cuyas traducciones al español más demanda alcanzan entre los aficionados y mayor negocio suponen para sus editores, distribuidores y libreros. Lo que en principio nada dice sobre la prestancia artística y empaque argumental de unos y otros, pero tantísimo de la viabilidad de un proyecto editorial y del desarrollo de las posibilidades creativas de los autores que pretendan ver publicadas sus obras en Galicia. Pues editar tebeos en gallego resultará todavía más arriesgado que hacerlo en español. A un menor número de lectores en potencia se sumaría la reticencia lógica entre los libreros a exponer estas publicaciones por un tiempo mayor al ya habitualmente fugaz de otros tebeos que les aseguran unas ventas inmediatas o más o menos regulares. Y aunque siempre existirán los que crean que bajo palabras como "crowdfunding" y "cowdsourcing" se oculta algo diferente a los tradicionales sistemas de subscripción o de tercerización de la producción de cualquier objeto de consumo, los tebeos, al igual que cualquier libro o revista, son un objeto más dentro de ese mercado del ocio. Cuanto más de uno en el que las opciones de lectura no son mucho más amplias que las que se disponen ante un lector de historietas que busque tebeos en asturiano. Pues ni de un ejercicio serio y continuado de traducción de obras extranjeras se puede hablar respecto al sistema editorial gallego. Al tratarse esta de una actividad abandonada por quienes económicamente podrían llevarla a cabo. E incluso denostada entre los escasos autores que se demostraron capaces de gestionar y lanzar su propia obra con cierta regularidad dentro de este mercado minúsculo; para quienes la posibilidad de traducir a un autor extranjero al gallego consistía casi una traición hasta hace un par de años. De modo que a nadie parecía importarle el fomento y desarrollo de algún tipo de expectativa para el crecimiento de la masa lectora de tebeos en Galicia que no pasase por el consabido taller de creación o la simple agitación mediática en torno a su propia producción.      
Tampoco la Xunta de Galicia se proyecta como un soporte efectivo para la presencia del medio en territorio gallego. O fuera de él. Con todo, el mito de una cultura subvencionada sigue presente en amplios cuadros de opinión. Gallegos o no. Como si la única actividad subvencionada en Galicia tuviese que ver con la cultura circunscrita y no con otras actividades industriales mucho más concretas.
Además, pese a que sea ya un lugar común hablar de cultura gallega y subvenciones, nada semejante acontece en Galicia respecto a la historieta y sus tebeos y autores. Si acaso se pueda mencionar la permanencia de un festival de prestigio como Viñetas desde o Atlántico, sostenido por el ayuntamiento coruñés, y el de un premio anual (Premio Castelao de Banda deseñada) que posiblemente pueda haber alcanzado un interés mayor como medio de reivindicación o expresión artística de la historieta entre los propios dibujantes que peso para la producción de tebeos en lengua gallega. Mucho menos para la promoción de nuevos valores y el ingreso de estos en un mercado profesional del que apenas se pueda afirmar que otros dibujantes ya veteranos no se mantengan (e intermitentemente) sino por pura cabezonería o un amor al medio injustificable, tanto en lo económico como por el escaso prestigio social que este podría reportarles. Solo un poco mayor que la atención y el reconocimiento que pueden conseguir con su inclusión en alguno de los otros festivales gallegos. O tal vez, si cuentan con la edad adecuada para poder participar, a través de un certamen cada vez más insignificante como los premios Xuventude Crea.


Dos aproximaciones críticas a la historieta gallega poco habituales cuya imitación debería considerarse de vital urgencia.

 
A la vez, no sorprenderá que en la concepción que de la historieta gallega pueden alcanzar quienes no la consumen tengan gran importancia y peso esas y otras muchas fantasías y suposiciones sobre su sedimentación institucional. Como si el medio flotase suspendido artificialmente de subvención en subvención y las compras masivas de finas novelas y gruesos poemarios realizadas en el pasado desde algunas instituciones públicas debieran ser imputadas a todo nuevo proyecto o autor que amenace con publicar tebeos en Galicia. Principalmente por presentar estos en una lengua distinta del español, al igual que hacen Xabiroi, Camacuc, Xiulit, y, ahora, A viñeta de Schrödinger. Aunque sin poder presumir esta última de un apoyo institucional como el que parece disfrutar la revista vasca. Con resultados más que palpables para el incrementó de la tebeografía en euskera, así como para la consolidación de algunas series y personajes y la ampliación en el tratamiento de géneros y temáticas que presentan a la historieta como una opción real de ocio. Alrededor del que han surgido además plataformas de divulgación que tienen por objetivo algo más que la reivindicación social y artística del medio, alcanzando a valorar también su implantación comercial gracias a un proyecto tan prometedor como es la Komikipedia. (Que nadie espera ver replicado en Galicia para sus tebeos.) Sin embargo la publicación gallega no tiene a su alcance siquiera esas otras mínimas subvenciones de las cabeceras infantiles valencianas como Camacuc y Xiulit. Consideradas quizás de nula efectividad para el sostén real de cualquier publicación, pero con las que al menos se consigue igualar la historieta a otros bienes culturales. Ejemplo que demuestra el arraigo y tradición que el medio mantiene en la Comunidad Valenciana.
De otra parte, nunca ha sido la historieta ni su público destinatario el que interesa resaltar a los aventureros de la divulgación sino la serie de elementos transcendentes que en un esfuerzo supuestamente analítico puedan liberar al autor y a su obra de imposiciones menos refinadas. Representadas a modo de unos superfluos hechizos industriales, mecanismos discriminatorios y empobrecedores, que se asociarían a una historieta de menor importancia como la dirigida al público infantil y juvenil. A la que se valoraría apenas como una cantera de futuros lectores y casa de socorro distante de los hábitos culturales honestos que el historietista debería asumir para su completa realización como un creador genuino, tan alejados de la abundancia y el encuentro con el placer de la lectura y su deseo constante. Así, no será extraño que este tipo de pregoneros anuncien la deserción del mercado historietístico de una editorial porque esta simplemente haya visto reducida su producción al centrarse en el ámbito infantil y la ilustración. O que, en favor de propuestas de menor popularidad y escasa tirada como los fanzines, llegue a desatender otro tipo de publicaciones en las que la historieta también sigue encontrando un amplio espacio y mayor difusión.
Para superar este tratamiento sobrenatural de relaciones simbióticas o parasitarias en torno a la información y comentario de novedades editoriales, sería deseable que el crítico o divulgador sondeara fuentes directas y variadas que le evitasen disponer ante los lectores (versados o no en la materia) una visión totalmente descompuesta sobre la actualidad. Indistintamente de la impregnación individual de cada lector, cualquier discusión e intercambio entre críticos, autores y aficionados debería coincidir en algunos puntos tan concretos como la incidencia real de un tipo de publicaciones dentro el mercado. La incidencia real, y no tanto la influencia o repercusión ligada a la calidad afectiva, comienza por perfilar ese inventario que tanto facilita la labor crítica. Pero al que nadie se ha entregado desde hace mucho tiempo en Galicia.
Desde luego, en el caso de A viñeta de Schrödinger, se podría haber comenzado por no mostrarse sorprendido ante un hecho tan poco asombroso como que la historieta y una publicación cualquiera puedan presentarse decididamente en relación a la sociedad de la que surgen y a la que también se dirigen. Como seguramente ningún divulgador lo habría hecho de tratarse de una novela o de un disco lanzados al mercado de la misma forma si los creadores solicitaran la adhesión de un público concreto; bien por sus propias limitaciones o ante las dificultades que debieran enfrentar para lograr una comercialización efectiva. Afirmando de esta manera su adscripción a un sistema cultural encuadrado en una comunidad concreta. Tampoco parece legítimo criticar un modelo de negocio, y la relación con sus potenciales clientes, como es el de la subscripción [1.1] únicamente por el posible grado de recurrencia de los ingresos y no también por otros aspectos ligados a este canal difusor. Como pueda ser la capacidad de negociación ante distribuidores e impresores que se conseguiría al contar de partida con un número concreto de lectores. Esta estrategia comercial no puede mostrarse como una mera forma de seducción de bibliotecarios y funcionarios de enseñanza sin que se considere un comentario indigerible.
Una aproximación así de errónea sobre la riqueza y las limitaciones y pretensiones de una publicación como la que por fin se presenta ante los aficionados gallegos resulta en una imagen mutiladora del trabajo de sus editores y coordinadores. Solo contribuirá a confundir a un público aficionado al que no se respeta, lo cual constituye ya desde hace mucho una norma, pero además puede desmoralizar y acabar paralizando a otros muchos lectores que no necesariamente serán los consumidores de tebeos o lectores de historietas de siempre. (Ese grupo de engendros, monstruos y cavernícolas de toda la vida que no tiene más opción que aguantarse.) Y se atrevan o no a quejarse, el perjuicio que los profesionales de la historieta deberán pagar por ello será el acostumbrado.

Antes de la desbandada, y de desorganizar el futuro mediante vaticinios vergonzantes [1.2], cabría al menos suponer que sería posible disfrutar de la energía que se desprende al inicio de cada nuevo proyecto historietístico. A no ser (¡¡¡claro!!!) que estemos bendecidos por una operación del ánimo superior, y de evidente naturaleza paranormal, tamaño carné.


Dentro de la caja: ¿qué ruido fue ese?

Muy distinta  preocupación puede encontrarse entre otras personas [5] a las que no les resultaría extraña la vinculación de una revista de historietas con el activismo en la difusión de una lengua:

"Non temos produtos que favorezan a socialización, conectados coa realidade do mundo no que viven. Fóra do libro infantil en galego, que ten unhas cotas de calidade moi altas, tanto literarias como gráficas, que outros produtos temos que lles ofrecer aos nenos e nenas? Que se produce? Non hai nada. Non facemos ocio en galego para a nosa mocidade. O galego non está no audiovisual. Fan falta iniciativas, e non só publicas, e falalo de tódalas instancias políticas, porque a responsabilidade é de quen ten o mandato para gobernar, sexa de ámbito autonómico, provincial ou local, para favorecer a lingua ou a cultura de Galicia. Tamén son necesarias iniciativas e implicación cidadáns para pasar a acción. Porque malia inacción do goberno, e mesmo se o goberno estivese actuando como debera, se non hai resposta da cidadania non se vai a ningún sitio."

Justamente dentro del restringido mercado de las publicaciones infantiles y juveniles, A viñeta de Schrödinger se encuentra en el mismo camino que Xiulit, Camacuc y Xabiroi, con la salvedad (y nos repetimos) de ser la única de entre todas ellas que no ha contado con alguna clase de apoyo institucional para su edición hasta el momento. Pero ante todo, superando en importancia las diferencias de formato, dimensiones, paginación y periodicidad, o el espacio que en cada una se dedica a los autores nacidos o residentes en las respectivas comunidades autonómicas en las que son editadas, estas cuatro revistas de historietas tienen en común su edición en una lengua distinta del español.
De todo ello solo se puede concluir que nada hay de anecdótico en que no hayan conseguido materializarse publicaciones periódicas infantiles y juveniles en español íntegramente dedicadas a la historieta durante estos últimos años. Del mismo modo que la coexistencia no problemática entre el aprendizaje de una lengua y su uso real sean una razón lo suficientemente contundente para explicar cualquier vinculación de un medio y de una revista con la defensa y protección del gallego.
La intención última al respecto de la normalización del uso de la lengua podrá o no coincidir del todo con la de las publicaciones pioneras que siguieron este mismo empeño durante los años sesenta en Cataluña, y aun muy anteriormente, cuando quizás todavía se pusiera en duda la utilidad de la historieta corrigiéndola mediante una saturación de contenidos y mensajes didácticos y pedagógicos. La consideración actual del medio es otra, y muy positiva, incluso entre los editores que hoy apuestan por otra clase de publicaciones igualmente dirigidas a los lectores más jóvenes. Que vienen encontrando en la historieta un complemento a los contenidos principales de sus revistas. Algunas de ellas de aparición fluctuante, el caso de revistas autogestionadas como Kiwi (2017) que acuden a modelos de financiación colectiva vía internet, pero también proyectos de solidez probada como el de las revistas de Bayard ediciones (Reportero doc, Caracola...) o, más recientemente, la catalana Petit sapiens. Fórmulas editoriales que por motivos tanto económicos como de reconocimiento nunca han sido explotadas al máximo dentro del territorio gallego.
Actualmente, mucho más allá del recuerdo de una publicación como Vagalume (1975), e, incluso, de cualquiera de las etapas de Bule Bule (A Nosa Terra), Abraham Carreiro gobierna un ejemplo gallego de ese tipo de productos: O papagaio. Cabecera que no ha necesitado constituirse en un verdadero tebeo para contribuir con una importante cantidad de páginas de historieta al crecimiento de este medio en Galicia con mayor regularidad que cualquier fanzine. Mediante aportaciones de algunos pocos autores que muy difícilmente conseguirían el tipo de difusión que una plataforma como O papagaio posibilita; cuando menos lejos de otros campos más específicos como el de la ilustración o el diseño. Y es lastima constatar la fuerte y particular manera con la que pregoneros y aventureros de la divulgación se manifiestan cuando hacen uso de expresiones como relevancia cultural condicionando a un factor tan voluble como la fama de los autores que colaboran en una publicación el situar o no a una revista en la senda del prestigio al margen de los otros muchos aspectos que han llevado a reivindicar a la historieta como medio.
¿Y qué considerarán culturalmente irrelevante dentro de la historieta estos críticos de hormigón? Ningún consumidor real que sea a la vez un desmedido lector aficionado y siga estas aventuras divulgadoras podrá jamás llegar a estar seguro del todo.
Es evidente que la labor y ambiciones fundamentales de O papagaio no se extinguirían con la salida o sustitución de Andrés Magán, Iago Araujo, o Martín Romero, por algún otro dibujante menos conocido aun en el caso de que su desempeño como historietista fuera menor. Y lo mismo valdría para Schrödinger y cualquiera de sus colaboradores. Se pretenda lo que se pretenda cubrir con palabras tan difusas como relevancia y cultura, la historieta como medio continuará siendo una herramienta desde la que plantear los más diversos objetivos y metas antes que un bello arte. Puede que en España la misión del divulgador sea ahora perseguir el prestigio y administrar nuevas y privilegiadas maneras de acceder a la historieta situando a sus autores junto a los cantantes de flamenco o los artistas plásticos que son vendidos y comprados diariamente en Berlín. Pero si la idea es situar una publicación en su contexto y definir el sentido de su eclosión o de su desvanecimiento, cabe agregar que la escuela de la columna de hormigón sí resulta en una labor inane.
























Por fortuna para la historieta española, una publicación histórica tan destacada como Cavall fort fue el empeño casi político de unos catalanes y no una revista gallega a la que se pudiera dejar de lado o hacer de menos.Y, quizás gracias a ello, puede continuar aportando páginas y más páginas de historietas de una forma constante y continuada para la tebeografía en catalán todavía hoy. A la vez que no dejará de seguir sumando nuevos creadores o de reivindicar a los que ya forman parte de una larga tradición de dibujantes en Cataluña.
En 2019 la lengua gallega es una asignatura más en las escuelas, no siendo tan fácil encontrarla en otros ámbitos de igual o mayor incidencia para la vida, necesidades y aspiraciones de cualquier persona. Como aquellos espacios y empresas vinculados al ocio y el entretenimiento donde una modesta revista puede intervenir sin realizar labores pedagógicas ni formadoras. Pero logrando tal vez un interés mucho mayor al cubrir una necesidad y un mercado algo más que potenciales en los que la lengua supone un claro aliciente. Un reclamo justificado que no modifica el carácter ni el enfoque de las obras que los lectores y compradores de A viñeta de Schrödinger van a acompañar. Y que tanto la aproximan a la revista vasca Xabiroi como la pueden distinguir de la valenciana Xiulit. O alejarla por completo de Camacuc.

Contenidos y productores.

Aventura, fantasía y comedia, además de géneros como el de la ciencia ficción, sitúan A viñeta de Schrödinger en una parcela bien definida dentro de la línea más tradicional de la ficción fantástica desde la que cualquier creador puede trabajar elaborando así personajes o argumentos que de antemano brindan cierta aceptación y un reconocimiento inmediato por parte del lector. Dibujantes o guionistas podrán multiplicar los resultados después a fuerza de ir aumentado la complejidad de sus historias o de profundizar en la caracterización de sus protagonistas. Y mostrarse quizás menos reiterativos respecto a ese modelo sobre el que inicialmente asientan su creación. El resultado del contrapeso entre las intenciones de los autores y este contexto de la recepción que implica participar profesionalmente en cualquier revista juvenil llegará con el tiempo. Sin embargo, aun dentro del margen tan escaso que ofrecen los dos únicos números publicados hasta la fecha, puede decirse que todos los autores han acertado amoldándose al número de páginas de las que pueden disponer para cada una de las entregas, nunca más de cuatro, indistintamente de si se trata de una historieta conclusiva como de una serie con una línea argumental continuada. De hecho, la cantidad de series abiertas y de continuará de las que dispone A viñeta de Schrödinger resulta insólito. Ya que supera en proporción a revistas mucho más longevas como Cthulhu, y contando esta última con una paginación ampliamente superior a las treinta y dos páginas de la gallega Schrödinger, pero en la que apenas se puedan mencionar con gran esfuerzo la existencia de algunas pocas series: Martin Koudelka, El joven Lovecraft, Ghoticómics y El Conjurador de tormentas. O a personajes de cierta recurrencia como Sugar Brown, Long Bill y los protagonistas del Circo Douglas (a los que pronto podría sumarse la creación argentina de Salvador Sanz El esqueleto, de reciente estreno en nuestro país, gracias a Cthulhu... y, en algún pequeño porcentaje, también gracias a los coordinadores de esta revista de Diábolo ediciones).
El modelo de la publicación gallega dirigida por Kiko da Silva difiere en ello del que ofertan las cabeceras para adultos como Cthulhu, La resistencia o Sextories, de carácter antológico en mayor o menor medida, equiparándose al tipo de presentación y contenidos del resto de revistas juveniles editadas en la actualidad. Muy particularmente a Xabiroi. Tanto por su estructura ajustada y estilo atractivo como por haber acertado a desprenderse de aquellas concesiones dirigidas a presentar características diferenciales para los jóvenes lectores. Que, ya en forma de historietas como de secciones ilustradas y textuales, suelen ser utilizadas para referir la historia, tradiciones o personalidades notables de su comunidad de origen. Asuntos que en la cabecera vasca suelen servir como mera materia ficcional para la creación de historietas de temáticas histórica y fantástica faltas de una intención informativa o aleccionadora evidente.


Una historieta sobre el turrón (Xiulit).

Basolatik berri onik ez, serie de género histórico (Xabiroi).


Dado que se trata, pues, de lograr una disposición coherente en estrecha relación con lo que se entiende por una revista de historietas, básicamente la creación de una cabecera distintiva más unos contenidos ordenados que acierten a conjugar secciones fijas con la introducción de otras inclinadas a ofrecer cierta variabilidad de un número a otro, es reseñable que la mejor baza con que cuenta A viñeta de Schrödinger respecto al resto de revistas no sea la factura de sus historias ni el pedigrí de sus colaboradores, sino la procedencia de ambos y su vinculación a un entorno en cierta forma parecido al de las viejas agencias. O, tal vez, todavía más al de un estudio. A pesar de que los requerimientos e imposiciones laborales de aquel ámbito profesional en nada se asemejen a la conveniencia del contexto docente que seguramente ha llevado a nutrir de manera casi única a esta publicación con las obras de alumnos y profesores de O garaxe hermético. La escuela de historieta e ilustración propiedad del director de esta revista, Kiko da Silva, que se convierte así en la principal factoría de creación de historietas dentro de la tebeografía gallega en la actualidad. Ya de una forma directa y ligada a una editorial especializada como es Retranca editora, también propiedad de Kiko da Silva, y entidad responsable por las labores de diseño y maquetación de Schrödinger, así como de la colección que reune los trabajos colectivos de los alumnos y otras obras individuales publicadas a modo de premio de fin de carrera en O garaxe hermético. También de la insercción en prensa de buena parte de estos trabajos como seguramente de las conexiones que sus alumnos puedan llegar a establecer dentro del sector editorial gallego gracias a su paso por la escuela. Con varias obras y colaboraciones concretadas o ya enteramente concluidas. Un proceso que se ha ido fraguando durante los últimos seis años de forma no del todo imprevisible. Quizá semejante a lo establecido por otras entidades docentes como la Escola Joso, la Escuela Superior de Dibujo Profesional (ESDIP), o la Quanta academia das artes, respectivamente, desde Barcelona, Madrid y São Paulo. Aunque ni siquiera estas tres últimas escuelas puedan llegar a presumir de llevar adelante una labor de tal envergadura por la que las obras de profesores y alumnos (ya graduados) vayan a compartir espacio de forma regular. Un hecho esencial que supera en dificultad y propósitos el tipo de proyectos especiales y lanzamientos monográficos que comúnmente pudiéramos asociar a estas últimas entidades. Punto a tener en cuenta dada la ventaja que a la hora de coordinar esta publicación pudo suponer para su director el haber llegado a adquirir cierto conocimiento previo sobre las aptitudes y disposición de sus colaboradores más jóvenes gracias al trabajo previamente desarrollado dentro de la escuela por profesores y alumnos. Y poder así contar con la seguridad o no de que un autor cumpliría los plazos de entrega para que la publicación de sus colaboraciones no acabase resultando intermitente. Que además iba a ser capaz de llevar a cabo la clase de descripción realista y detallada que una serie de aventuras requiere. O, por el contrario, sería mejor esperar de él la realización de una comedia que combinase ironía y parodia hacia el mundo del lector al que se pretende encandilar. Casi cualquier revista de historietas suele adolecer de este tipo de inconvenientes al comienzo de su publicación. Pudiendo llegar a constituir un obstáculo de verás insuperable cuando además sus contenidos van a depender de una primera creación y no de materiales traducidos o provenientes de otras publicaciones.
Al igual que la cabecera vasca Xabiroi, también desde A viñeta de Schrödinger orientan sus contenidos hacia la producción de obra original. Dependiendo de historietas realizadas ex profeso para esta revista, quizás a excepción de las colaboraciones de Miguelanxo Prado, que liberan a editores y lectores del conflicto más repetido y antiguo en torno a la revista de historietas: la elección entre una obra de producción nacional y el material foráneo proveniente de mercados extranjeros. Dar preferencia a una u otra de estas opciones suele ser labor del editor y depende tanto de factores económicos y empresariales como de otras actitudes singularizadas en la creación de alguna marca de identidad. Que puede tener su correlato en la lengua o en otra causa; en tiempos pasados lo fue la preocupación por mantener la propiedad y el control comercial sobre series y personajes. Los comunicados editoriales son utilizados para dar razón de todos estos planteamientos patentes en la apuesta por los autores gallegos, vascos y valencianos, que copan las páginas de Schrödinger, Xabiroi y Xiulit. Aunque en el caso de la cabecera juvenil valenciana sus autores compartan espacio con series y personajes extranjeros, cuya traducción seguramente ha permitido a esta revista mantener una periodicidad mensual por cuarenta y un números a lo largo de tres años. Una hazaña difícilmente asequible de otro modo. Mientras que de Xabiroi son lanzadas cuatro entregas anuales, completando un total de cincuenta y dos números desde 2005 hasta hoy. La revista editada por A Mesa pola Normalización lingüística y la Asociación Socio-pedagóxica galega que capitanea Kiko da Silva todavía está lejos de haber alcanzado esa temperatura. Pero sin duda lo logrará a poco que regularice una periodicidad de tres números por año.


Efectivamente, ni en julio ni en...

 

Justificar y dar existencia a una revista profesional requiere la participación de autores con un bagaje importante. Aunque muy lejos de Miguelanxo Prado, posiblemente Kiko da Silva, Kohell, Víctor Rivas y Fran Bueno sean los dibujantes que más oportunidades han tenido de envilecerse en el costoso y dramático ejercicio de la historieta. Otros como Fernando Llor y Miguel Porto no han alcanzado todavía a disponer de una tebeografía tan extensa (y menos en gallego) por la que pudieran ser más conocidos. Sobre este grupo de profesores y fósiles vivientes recae la misión de actuar como un reclamo que facilite la eclosión de nuevos valores y el afianzamiento comercial de A viñeta de Schrödinger. A su cargo quedan así las series principales, mientras los dibujantes noveles, Pablo Prado, Fonso Barreiro, Zaida Novoa, Aldara Prado y Miriam Iglesias, llenan el cesto colmándolo con delicias de menor tamaño que complementen mediante el humor, y a través de distintos subgéneros, la obra de sus mayores. Lejos de tratarse de una estructura subsidiaria, esta distribución de los contenidos demuestra un interés por tiranizar en la lectura a distintas franjas de lectores. Sometidas por su edad a un mayor aprecio del estilo y el tipo de expresión de uno u otro autor. No cualquier lector será capaz de acompañar con el mismo interés un relato mágico-realista de tipo autoficcional sobre el deshielo de la memoria que una historieta igualmente referencial aunque paródica y girada sobre algún elemento tan concreto como los superhéroes.
Pero los dibujantes no lo son todo. Entre las dobladuras de las paredes de cartón de Schrödinger se han colado algunos ejemplares de esos organismos parásitos que de vez en cuando suelen verse agarrados al medio de la historieta bajo el nombre bastante apropiado aunque no muy científico de guionistas. Y que incluso tienen nombres propios menos particulares todavía, como: Fernando Llor (otro profesor de O garaxe hermético), Antonio M. Fraga, Miguel Rojo, o Joan Casaramona. Ni uno solo de ellos se oiría importante aunque los pronunciásemos en inglés, por cierto, así que será mejor ir acostumbrándose a oír hablar de ellos y de otros más a partir de ahora cuando se le dispense algún favor a la historieta gallega. Más allá de  que puedan ser o no conocidos se trata de profesionales de muy distinta procedencia, que probablemente hayan sido reclutados bien por su vínculo con la escuela O garaxe hermético o tras haber mantenido una conexión laboral y de amistad con alguno de los dibujantes enrolados en la creación de la revista. Fuera como fuese, su presencia desde el primer número marca la importancia que se otorga a esta figura. Frente a lo que pudo suceder en épocas anteriores, y en otras muchas revistas, en las que su participación fue meramente anecdótica.



FRAN BUENO: el reingreso de este dibujante a la fórmula de las revistas con personajes fijos parte de la creación de su propia serie, Estrela nai, encuadrada en la ciencia ficción y con un dibujo exquisito. A la solidez de las figuras y las expresiones de los personajes se suma una planificación de las escenas y el desarrollo de la acción pulcramente realista que valoriza cada una de las viñetas a lo largo de las tres páginas dispuestas por entrega para esta serie. Sin rendición, y no solamente por tratarse de un hábil dibujante, logrando que cada entrega complete un capítulo en sí mismo. Y perfectamente comprensible aun en su reducida duración. Con diálogos impecables y bien hilvanados entre Irene (a protagonista) y Haku (a "máquina") que logran introducir pequeñas revelaciones de interés para el futuro de los personajes y sobre su situación actual; además, de un modo sintético, pues se prescinde de cartelas con textos de ambientación.
La calidad de esta serie está muy por encima de la media de todas cuantas historietas han sido publicadas en gallego dentro del género de la ciencia ficción. Únicamente la traducción de Azken gairapena, que hace ocho años publicara Urco editora, y obras patrimoniales de la historieta gallega como las firmadas por Xaquín Marín lograrían equipararse de un modo u otro a Estrela nai. Y no se han publicado más que seis páginas. Pero el modo en que Fran Bueno presenta las formas y proporciones de la nave donde se está desarrollando la historia y las relaciones de escala con los personajes mediante perspectivas más que verosímiles en su segundo capítulo forman parte del tipo de pormenores que desarrollados con esta prolijidad podrían hacer de la serie una obra exportable a otros mercados y países. Aunque únicamente se editase en gallego, y jamás se tradujese a otras lenguas, podríamos estar ante la mejor historieta de science fantasy realizada en España.
Veremos hacia dónde se acaba desarrollando esta serie y la evolución de sus personajes. Por lo visto hasta ahora, su futuro es muy prometedor.



KIKO DA SILVA: reserva a su serie tres páginas por entrega, con historias siempre cerradas que se presentan bajo el título de Arquivos paranormais y son protagonizadas por distintos personajes. Cada uno con un visual propio meticulosamente estudiado que hace casi impertinente su presencia entre los objetos y ambientes, sombras y luz, consiguiendo un clima extranatural muy adecuado para introducir al lector en el tipo de historieta breve y de final inesperado que aquí desarrolla. La composición de las páginas es de las más resolutivas y atrayentes de la revista e, invariablemente, se resuelve con la inserción de papeles y fotografías pertenecientes al dossier que documentaría un hecho inexplicable arrinconando o superponiéndose a las viñetas finales y desvelando así el motivo real de cada una de las historias.
Quizás exista un nexo argumental o temático entre Arquivos paranormais y esa otra obra de larga gestación titulada Bajo el jardín de las piedras flotantes, también del propio Kiko da Silva, que parece nunca acabará de concluir, o se inspire en esta para lograr la conbinación justa de lo fantástico y la cotidianidad. Y que de llegar a sumar los suficientes capítulos podría ser de utilidad para algún investigador que se sintiese animado a estudiar las posibles mudanzas de la temática fantástica entre nuestros historietistas actuales y clásicos comparando esta serie con... por ejemplo... por ejemplo, aquella serie recopilada en un bello álbum (¡en color!) que titulaban como Les dossiers du fantastique [5].


KOHELL: Distopías es una propuesta del dibujante Kohell (Fernando Iglesias para Hacienda y familiares y amigos) que planteará ciertas exigencias intelectuales a los lectores de A viñeta de Schrödinger. Se trata de una serie de extensión variable que, por lo visto en los dos primeros números, puede ocupar de dos a cuatro páginas dentro de la revista. La fuerza de esta historieta radica en su imaginería, terreno en el que Kohell siempre descolló, con escenarios bien construidos que refuerzan las características negativas de una urbe opresiva y de los personajes que por ella pululan. Caricaturas inútiles que no necesitan hablar para que el lector comprenda su angustia, amargura y resentimiento, pues estamos ante una sátira y una obra muda nada austera. Con viñetas estudiadas donde se explota la función narrativa de angulos y perspectivas sin necesidad de valerse de alardes que conviertan en algo demasiado evidente lo que se cuenta.
Esta serie da una idea de la seriedad con la que tuvo que plantearse la revista desde un principio antes siquiera de llegar a materializarse. Demostrando que existen editores y autores que se encuentran cómodos al dirigirse a una audiencia juvenil a la que pueden considerar capaz e inteligente. Y debería prolongarse por muchos años.


MIGUEL ROJO / PABLO PRADO / FONSO BARREIRO: Schrödinger es la primera de las series de la que participan antiguos alumnos de la escuela O garaxe hermético en la que no ha intervenido directamente ninguno de sus profesores. Estructurada como una tira de historieta mordaz y un punto despiadada cuyo gato protagonista bien podría tomarse por mascota de la publicación, ya que recibe el mismo nombre que esta, y se presenta vivo ("Alive") y muerto ("Dead") a la vez mediante un planteamiento bastante ingenioso: las dos páginas que ocupa se resuelven virtualmente como si fueran dos carillas de un único pliego para remedar el famoso experimento que bautizó a la revista de forma que Pablo Prado dibuje las peripecias ya poco afortunadas del vivo Schrödinger y Fonso Barreiro su reverso más postapocalíptico. Ambos siempre bajo el guion de Miguel Rojo. Se trata además de una estructura muy funcional en la que se disponen tres tiras de varias viñetas por cada página (Schrödinger Alive / Schrödinger Dead) permitiendo que compongan una plana al completo o se mantengan independientes entre sí pese a que puedan sostener una relación de continuidad argumental de una a otra.  
Los guiones escritos por Miguel Rojo, quien también ha desarrollado una labor como dibujante e historietista en otros proyectos surgidos desde O garaxe hermético, no son historias ancladas alrededor de la actualidad más inmediata de forma que podrán leerse aún mucho después de su publicación. Y a despecho de no resultar del todo inocentes tampoco podrían calificarse de excesivamente cínicos o agresivos. No en tanto deben considerarse asequibles para cualquier lector. —¡Y también para veganos!Pues Schrödinger, o Schrödin, puede mostrarse tan deseoso por ver regresar a sus dueños cuando está muerto como llegar a ser el más avieso de los gatos y odiar a la humanidad con toda la indolencia de que se sabe son capaces estos animales cuando está vivo. Con golpes de humor sobradamente cómicos más que contundentes o sofistificados. Por su parte, Fonso Barreiro y Pabo Prado son los dibujantes de mayor experiencia dentro del campo historietístico y los ambientes comiqueros de entre aquellos autores a los que se podría etiquetar como noveles en A viñeta de Schrödinger. Ambos han desarrollado valiosas colaboraciones en la prensa gallega, y no de forma esporádica ni eventual, y les han sobrado méritos para ver cumplidas metas incluso mayores. Pues cuentan con títulos ya comercializados o de próxima aparición en el mercado gallego.

























ANTONIO M. FRAGA / VÍCTOR RIVAS: la labor de esta pareja de guionista y dibujante ha fructificado (a razón de tres páginas por entrega) en una creación espléndida titulada Ratas do peirao. Que seguro encandilará a quienes gustan navegar por historietas futuristas capaces de inspirarnos a reconocer como incluso el futuro puede cambiar a peor. La acción tiene lugar en un cierto retrato de época inspirado en los años del ascenso nazi en Alemania que los autores trasladan aquí al espacio de la ciencia ficción, dando así cabida a una rápida identificación de la función y personalidad de los personajes. El diseño y caracterización visual de protagonistas y antagonistas es un ejemplo de la versatilidad de Víctor Rivas, autor con un extenso currículum (y canas) al que debe considerarse como uno de los caciques de la historieta gallega pese a que hoy su obra se nos presente dispersa, o, en parte, también, oculta para quienes no pudieron seguirla por edad y falta de fortuna, con un diseño limpio de líneas claras y expresivas características del narrador experimentado. Capaz por igual de manejar una composición sencilla junto a algunas cuantas angulaciones sorprendentes. Las justas para que el desarrollo de la acción y la planificación de las escenas no resulten atropellados ni malogren la expresión de los personajes. La combinación de habilidad y sabiduría que podría haber convertido Ratas do peirao en un clásico gallego de la historieta de aventuras de haber llegado a publicarse hace quince o cinco minutos antes. Aunque todavía estemos a tiempo de reconsiderar que ya lo sea, pues han pasado cerca de once días desde que se estableció el último canon.
Más sorprendente ha sido ver enrolado en A viñeta de Schrödinger a Antonio M. Fraga, por más que no constituya una novedad que escritores gallegos elaboren guiones y participen en la creación de series de historietas, una estrategia también habitual en Xabiroi, pero existe la posibilidad de que las barbas de este escritor y las del ilustrador de Ratas do peirao se hubiesen enredado tras la realización conjunta de una u otra novela juvenil. Y ahora nadie más que ellos podría encontrar una forma de soltarlas. Otra teoría más descabellada, pero que no necesita pensar en afeitarle las ideas a nadie, podría haber querido relacionar la inflación actual de historias oscuras y fantásticas surgidas dentro de la literatura gallega con la lealtad y protección de algunos pocos admiradores que se pudiera haber granjeado este escritor entre los miembros o colaboradores de Schrödinger después de haber escrito relatos como Querido H. P. Lovecraft [6].



ALDARA PRADO / JOAN CASARAMONA: tras una primera entrega no muy sobresaliente, con dibujos elementales y una narración algo tosca y fría que no hacían presagiar que esta serie llegase a poder conquistar grandes congregaciones de incondicionales, Demos de area sorprendió en la segunda de sus historias mejorando de manera notable al conseguir dibujante y guionista embastar las grietas que la presentación de los personajes había mostrado con su frustrante inicio. Por fin los fondos tenían profundidad y el cromatismo algo más intenso reservado a los personajes funcionaba, mientras que la breve historia de dos páginas se valía esta vez por sí misma gracias a textos breves, elocuentes, y que desenmascaraban a los protagonistas con gracia pero sin exageraciones.
Demos de area es una historieta de fantasía y aventuras protagonizada por un grupo de muchachas en navegación a través del desierto que tendrá fácil perpetuarse dentro de la revista a poco que Joan Casaramona (el guionista) y Aldara Prado (la dibujante) acierten a encontrar suficientes excusas y más extraños personajes que tal vez puedan volverse recurrentes o no. Todo indica que dispondrán de dos páginas por entrega. A su favor, un dibujo libre, que se resuelve incluso más suelto sobre el contorno de las protagonistas que con el resto de figuras que entran en la composición de las viñetas, y probablemente sea capaz de captar la atención de los más jóvenes como del resto de los lectores gracias también al contraste que el color otorga a la serie respecto al resto de secciones de Schrödinger.
¿Que quiénes son Joan Casaramona y Aldara Prado? Muy buena pregunta, pasemos a hablar de fútbol...

AÚN HAY MÁS: no son esas las únicas series y autores que alberga A viñeta de Schrödinger entre sus páginas. Además de la premisa autoficcional y la inversión irónica que caracterizan las dos historietas de Miguelanxo Prado tal vez publicadas con anterioridad o no... puede que traducidas aquí al gallego por primera vez, o eso tampoco... Precisamente el escaso valor que hoy se le concede a este tipo de información sería un buen motivo para evitar puntualizar de una u otra manera.— publicadas por estos dos números, el guionista Fernando Llor y las dibujantes Zaida Novoa y Miriam Iglesias garantizan el tratamiento paródico de dos temas universales, como son los superhéroes y la fantasía, mientras Miguel Porto proyecta una serie de ciencia ficción procedimental muy alejada de los inspirados personajes juveniles que ideó para la revista Oink! y su serie Mouchos, Catuxa, sapos e bruxas. Como quiera que el papel es escaso, y, con la actual subida del precio de las gasolinas, podrían aparecer el espectro de Toutain o el fantasma de Rafael Martínez para obligarnos a subirle el precio al fanzine, no nombraremos los títulos de estas series. Tampoco aludiremos a sus autores más allá de esta breve mención. Ni siquiera al portadista, integrado en el proyecto gráfico de esta revista gallega de un modo especial, aportando ilustraciones a doble cubierta que no han pasado desapercibidas. Y podrían formar parte de algún proyecto expositivo o ajustarse narrativamente en forma de libro ilustrado.

Vale la pena detenerse en las páginas centrales de Schrödinger, un espacio dedicado a presentar a distintos autores desde donde se nos ofrece un retazo del escenario actual de la historieta: BDentrevistas es una sección fija que invita a no apresurarse en la lectura de las series e historietas. A lo largo de sus tres páginas de extensión Roberto M. Lamosa acerca a los lectores una figura de interés, Sarah Andersen, Albert Monteys, mediante una breve entrevista que se complementa con fotografías y unas cuantas muestras de su trabajo; sorprendentemente, traducidas y rotuladas en gallego. Como en tantas otras publicaciones, esta clase de sección evita que A viñeta de Schrödinger pueda ser consumida sin el recato o la consideración apropiados. Ante cuya falta se puede acabar pasando por alto el sentido del compromiso que se adquiere al coordinar una revista de historietas, bajo la exigencia de no resultar en una simple reunión de historias y de atraer a un amplio público gracias a apartados tan estimulantes como puedan serlo el resto de contenidos principales.
Si bien todo eso es cierto, no puede olvidarse que las historietas son el elemento que llevará a leer o no la revista. Y a escoger esta entre otras muchas publicaciones y tebeos. Lanzamientos muchas veces únicos que acapararán una atención más inmediata. De modo que incluso contando con la adhesión que pueda despertar la fórmula de la revista con personajes fijos, y el interés siempre creciente en el seguimiento de sus aventuras, es posible que sea necesario introducir una cierta variabilidad de un número a otro reduciendo o ampliando la extensión de determinadas series para mantener una atención y seguimiento aún mayores. Por ahora, como se vio al comentar la serie Distopías, reducida desde sus cuatro páginas iniciales a solo dos en su segunda entrega, se ha logrado con ello introducir a un nuevo autor (Fernando Ruibal) con la publicación de una historieta conclusiva de dos páginas que hace presagiar que desde Schrödinger no se van a conformar con una estructura demasiado rígida. Como es lógico, está lejos de poder apreciarse si series como Estrela nai o Ratas do peirao acabarán siendo recopiladas en forma de álbumes a similitud de algunas de las obras serializadas en la revista Xabiroi. El no haber conseguido regularizar la periodicidad de Schrödinger con la salida de un tercer número no hace del todo creíble por ahora que los autores y editores puedan siquiera haber pensado en un modo distinto de rentabilizar esta abundancia de personajes y producciones propias. Que seguro llegará en algún momento a concretarse. Después de dos números sabemos que el público objetivo de A viñeta de Schrödinger serán niños y adolescentes gallegos a los que deberían sumarse adultos simplemente interesados en la historieta. Quienes quizás acudan a ella estimulados por el reclamo de uno u otro autor, seguramente, la inclusión de Miguelanxo Prado responda tanto al propio interés de este historietista por apoyar toda nueva iniciativa en pro de la historieta gallega como al rédito que cualquier publicación pueda obtener de una de sus obras, sin necesidad tal vez de adoptar por ello una actitud proselitista (o voluntarista) acorde con algunos de los fines que acertadamente persiguen los editores de la revista. No es exagerado decir que el único medio que ha acertado a informar con verdadero interés y no de forma puntual sobre A viñeta de Schrödinger ha sido un sitio web en español como Zona negativa, de preferencia dedicado al mundo de los superhéroes y la historieta estadounidense. Lo que podría dar idea de una cierta ventaja de partida para la publicación gallega respecto a las revistas editadas en euskera, catalán o valenciano, con que ganarse el afecto y, quizás, acabar despertando el interés de un pequeño sector de consumidores que ni siquiera vivan en Galicia. Aunque no acaben de ser brasileños ni portugueses. Una audiencia a la que difícilmente lograría dirigirse la revista comandada por Kiko da Silva, como casi cualquier otra iniciativa editorial de las que actualmente surgen desde este territorio, al volver a excluir una opción tan real como práctica. Con un lugar en el mundo pero casi ningún espacio dentro del sistema editorial gallego.
¿De qué no serían capaces los autores y editores vascos de llegar a tener a su alcance una oportunidad parecida?
Con toda seguridad podría imaginarse con encontrar una entrevista a Andre Diniz, Danilo Beyruth, o Lelis, en cualquier número de Xabiroi. Pero no existen factores que ayuden a creer en esa posibilidad dentro de A viñeta de Schrödinger, muy al contrario, la pobre acogida de la publicación en gallego de una obra brasileña como O demo & eu (2017, Novo vinilo edicións) no arroja dudas al respecto. 

Como una nota optimista siempre nos quedará un tercer número de Schrödinger por comprar. Este saldrá, no puede ser de otro modo. Y comprar ya no en apoyo de una idea, sino quizás tal vez por costumbre. Ya que el consumo de tebeos no deja de ser un hábito todavía poco usual entre una población lectora tampoco muy numerosa. O, más apropiadamente, un vicio inveterado. Casi un acto arcaico. Por ello, pesar de que nadie vaya a contar con nosotros, los engendros siempre estaremos ahí... porque no sabríamos hacer otra cosa.



[1] En referencia a: "Antes de empezar a laiarnos do pouco que apoiamos os galegos a cultura de noso cómpre erguer a vista e ollar ao noso redor. Se excluímos os fanzines (e cada vez é máis difícil diferenciar fanzines de revistas), a día de hoxe só existe en España unha revista de cómic en curso, La Resistencia (reparen no nome, por certo)." Eduardo Maroño, en Biosbardia (7-II-2019): ‘A viñeta de Schrödinger’, a épica da supervivencia.
[1.1] "O editorial do número inaugural da Viñeta de Schrödinger recolle unha invocación á militancia que se expresa ademais mediante un argumento emocional: “como o futuro da nosa lingua, a bd galega precísate, ti decides se queres que Schrödinger viva ou morra”. Malia o que acabamos de dicir, non deixa de sorprender que se interpele tan directamente ao lector e que a supervivencia da revista se vincule explicitamente ao ecosistema cultural galego e á normalización do noso idioma. Cómpre lembrar que os editores son a Mesa Pola Normalización Lingüística e a AS-PG e que o xeito de adquisición preferente, a subscrición, denota que, alén de particulares interesados e proxenitores comprometidos, o produto vai dirixido tamén a centros de ensino e bibliotecas."
[1.2] " De feito, coñecendo a historia recente das revistas de BD en galego até poderiamos pensar que asignarlle á Viñeta de Schrödinger un 50% de posibilidades de supervivencia a medio prazo é pecar de optimista.".
[2] Y todos los lectores del país conocemos esa Biblia.
[3] Rollo macabeo... la misma Biblia.
[4] Descubrir la identidad de esta persona no costaría ni veinte euros. Un precio que sin embargo no todo el mundo está dispuesto a pagar.
[5] Interferencia subliminal impostada, de la marca DesAcme.
[6] Relato de horror de fatal éxito publicado por Urco editora en Galicia que toma como protagonista a Robert E. Howard y vendría a sumar otro título al fenómeno (lo es por accionarse sin la mediación de las grandes editoriales del país) promovido por la liga de escritores fantásticos Contos extraños.
Información adicional: el creador de Conan, según dejó escrito "a título de información erudita" el crítico J. A. Xesteira (A Nosa Terra  núm. 1.390 (21-I-2010)), también habría escrito una historia de Solomon Kane para la editorial Marvel en 1920. (Si este fanzine no consigue apagar unos cuantos marcapasos jamás será de utilidad.) Un ejemplo que nos acerca a las tinieblas y las simas de la divulgación en Galicia para todo lo que es inauténtico e impopular, como la fantasía y la aventura.