martes, 12 de junio de 2018

ASTRON, el robot que vino de lo alto




ASTRON O super-robô! (Astron ¡El superrobot!) es un tebeo radiante. Una historia de ciencia ficción que pudiera serlo además también de superhéroes si así se quisiera presentar a su público en algún momento. Aunque nunca hayan necesitado los robots de argucias como esas para ver aumentado mucho más su atractivo entre los niños. A la mayoría de ellos les basta con que sean poco más grandes que una gran roca. Y de hecho, la mayor parte de esta clase de personajes se muestran así de graves en cualquier situación incluso aunque tengan el aspecto y el diseño de un viejo radiador. Astron es de todas formas más heroico, y, por lo menos, igual de serio que cualquier radiador de marca estadounidense, italiana o japonesa, que haya existido para la historieta antes de él. Además pisa suelo brasileño y se ha distinguido por escoger para sus aventuras no el mundo futuro, el mundo dentro de cuarenta, cincuenta, o sesenta años, sino la actualidad de un país al que quizás ni los propios brasileños acertarían a imaginar un mañana lo suficientemente distante del día de hoy. Porque su historia sirve a la vez de retirada y reflexión de sí mismos canalizadas a través de un milagro tecnológico.
Para lo que se ha requerido de no poca habilidad. Una vez que se trataba de presentar una historia que se adentrase en el terreno de los avances científicos y las innovaciones tecnológicas sin dejar de focalizar la narración a través de la aventura y la acción, y en sus aspectos  más absolutamente fantásticos, de manera que resultase en una lectura no solo atractiva sino sobre todo asequible para la franja etária a la que se dirigía: 

Los lectores de menor edad en Brasil. [1]

Un público que contra la acumulación de condiciones desfavorables de todo tipo (y no únicamente económicas) todavía existe hasta conformar una masa de lectores fidelizados ante el que se dispone una oferta historietística específica en forma de series y personajes, como de colecciones en las que se combinen ambos; productos, tal vez para un lector aficionado español, demasiado homogéneos, pero cuando menos relativamente abundantes por comparación a nuestro inane mercado del tebeo infantil. Ya se trate de nuevas propuestas que por su débil implantación comercial difícilmente llegarán a alcanzar una trayectoria lo suficientemente regular y prolongada como para ser consideradas estimables, no ya en cuanto a su calidad o a su relevancia y posible influencia respecto a la historia del medio, sino para la vida profesional misma y el sustento de sus creadores. O de franquicias estables aunque desprestigiadas como meras mercaderías fruto de la repetición y copia más que de un proyecto genuino y real, planteado o no desde las expectativas del autor, cuyas tiradas y repercusión estarían lejos de ser las de épocas anteriores y, por tanto, ocuparían en su realización a un número cada vez menor de profesionales. Ambos tipos de creaciones coexisten dentro de un segmento de mercado a la mengua copado por una sola franquicia todopoderosa, la formada por la Turma da Mônica y sus series y colecciones derivadas, que desafia y, en este sentido, orienta el resto de alternativas editoriales. Ocasionando que se materialicen réplicas e infinitas imitaciones del fenómeno de masas de Mônica y sus amigos. Siempre podrá ser que de entre toda esa producción calcada e invariable se acabe por rescatar algún personaje o autor. Aunque serán los menos y muy pocos contarán con la inteligencia y autenticidad de una obra como la del recientemente fallecido Antonio Cedraz y su también exitosa Turma do Xaxado: buen ejemplo de historieta infantil planteada según la fórmula de la cotidianidad. En la que su autor acertó a presentar las pequeñas aventuras de un grupo de niños, ejemplos de distintos tipos sociales brasileños, bajo el marco enriquecedor de un humorismo siempre sensible a la realidad y a la identidad sociocultural de sus lectores, que ha destacado a esta serie por encima de las otras muchas producidas en Brasil a partir del patrón popularizado por Maurício de Sousa y su personaje Mônica.
Ahora bien, resulta necesario señalar que, para fortuna del mercado brasileño y de muchos de sus profesionales, las creaciones de los Estudios Maurício de Sousa son productos nacionales. Como gustan referirse en Brasil a aquellas obras que son creadas y producidas enteramente por editores brasileños. Seguramente un ejemplo de esfuerzo por parte de sus equipos artísticos y de los editores implicados en sus distintas líneas editoriales. Desde las que se viene asumiendo tanto el rescate patrimonial de algunas de las primeras obras del universo de Maurício de Sousa como la recuperación y explotación de antiguos personajes a través de un formato alejado de la concepción general de los productos de Maurício de Sousa y, sobre todo, del propio mercado brasileño como es el álbum europeo. Esta revitalización se ha completado exitosamente gracias al reclutamiento de guionistas y dibujantes nacionales de primer nivel que acometerían el encargo de otorgar una mirada, o, cuando menos, cierta apariencia de modernidad, sobre distintas series de manera única y especial, de los que han resultado ejemplos notables como las series de varias entregas dentro de la colección Graphic MSP protagonizadas por Astronauta y Bidu. Así como a través de nuevas líneas de edición con que facilitar la adecuación de la edad de Mônica y sus amigos a un público de mayor edad, aquel que dejaba de seguir las andanzas de Mônica y sus series afines al entrar en la adolescencia, con el consecuente cambio en los temas y argumentos de sus aventuras.
Un empeño prolongado durante al menos los diez últimos años que, además, no se restringe a los tebeos, o no únicamente a la historieta, llegando inclusive al ámbito del libro ilustrado. Lo que ha servido para que un sector de los creadores y del público vuelvan a estigmatizar estas producciones como una mera explotación comercial —muy probablemente, los mismos que hoy parecen celebrar la cancelación de las publicaciones Disney por parte de la mítica editorial Abril. Olvidando que si bien la posición privilegiada de Maurício de Sousa podría justificarse históricamente en el servicio publicitario que sus personajes rindieron a la marca gracias a su publicación en los periódicos, sin más consideración que su omnipresencia en los mismos a lo largo de todo el país, la clave de su éxito empresarial, proyección y prestigio renovados continuan ligados a la vida en papel de sus criaturas antes que a cualquier otra fórmula de rentabilidad.
No será menos cierto afirmar que mucho antes de esa renovación del universo creado por Maurício de Sousa su primacía dentro del mismo mercado y superior consideración entre el público (consumidor activo o no de historietas) refrenó la iniciativa del resto de casas editoriales. Que suelen quedar fuera de la diana de estos sectores tan críticos con Mônica y sus amigos. Olvidándose que de común no han pasado de ofertar productos en demasía parecidos a cualquiera de los tebeos de Maurício de Sousa, la mayor parte de ellos repletos de situaciones inauténticas o cuando menos estereotipadas. Pero, sobre todo, privadas de ese sentido de colectividad propio de la creación máxima del anteriormente mencionado Antonio Cedraz. Explotador de sus propios personajes a la vez que un historietista capaz de transformar las aventuras de sus criaturas en una propiedad personal para el lector sea de la edad que sea. Pues en general esas otras creaciones fruto de la emulación no dejan de ser historietas que, al contrario de lo que ocurre con las creaciones de A Turma do Xaxado o la producción infantil del guionista Wellington Srbek, están muy lejos de suscitar una expresión real de la propia vida de sus lectores. Aun cuando se planteen o inicien en parte ajenas al culto que implican las franquicias cinematográficas, las series y fórmulas televisivas, o los videojuegos, pero también algunos de los modelos cerrados que actualmente impone la historieta japonesa, mediante el abuso de un tipismo tan definitivo como complaciente, con el que se ofrece una imagen sin perspectiva de la realidad brasileña y su diversidad; por cierto, muy alejada de la concepción responsable y casi pedagógica con la que tan vehementemente aseguran proceder muchos de los autores y editores de esas obras en ocasiones. A las que además de repetitivas se podrían calificar como atrofiadas. Pues todo efecto de inmersión en su época empezaría y terminaría en la parodia de algún referente de actualidad global que según el momento podría ser Harry Potter, Star wars, o cualquier teleserie estadounidense, que como un pesado presente falto de imaginación no aportaría nada al esclarecimiento por parte del lector de los elementos fantásticos concretos y las situaciones cotidianas en las que pueden moverse los protagonistas.
Por supuesto, A Turma da Mônica no es ajena a este tipo de carencias. Aunque no exista razón alguna para responsabilizar a Maurício de Sousa y sus creaciones del fracaso de iniciativas llevadas a cabo por otros grupos editoriales que no siendo menores han dado en copiar sus más vulgares mecanismos. Ese tipo de lecturas inopinadamente adocenadas que difícilmente llegarán a ser objeto de ninguna demanda posterior de parte de los lectores cuando consigan llegar a sus manos.
No es casualidad que las mayores sorpresas en el campo de la historieta infantojuvenil en Brasil hayan llegado de la mano de los propios autores o directamente de la autopublicación otro ejemplo más: Aú, o capoerista, del dibujante Flávio Luiz— y no de las editoriales que han optado simplemente por 'acompañar' el fenómeno de Mônica. Ya que ningún planteamiento editorial simple o demasiado circunstancial podrá por sí mismo sustituir la formación pedagógica ni la capacidad o intuición creativa genial pero alejada de cualquier improvisación que ha permitido a ciertos autores trasladar la diversidad de temas y la realidad brasileña a sus historietas partiendo o no de unas pautas comerciales determinadas por la carestía de medios empresariales.

EL ROBOT QUE VINO DE LO ALTO

"Tú luz te ha llegado, ella que es eterna e inmutable, nueva e imcomprensible y libre, y te pertenece, y por eso tu corazón se puede alegrar o maravillar"

Escrita y producida con vocación de continuidad por el guionista Wellington Srbek y el dibujante Kris Zullo para la editorial Nemo (pertenenciente al Grupo Autêntica) Astron fue una serie lanzada al mercado brasileño en el año 2014 que lamentablemente no pasó de una primera y única entrega dentro de su propia colección. Un número planteado a modo de historia sobre el origen del personaje. Un ejercicio sencillo y eficaz que podría haber quedado en un bosquejo más, uno de tantos, simple y bastante usual, de no haber sido su protagonista un robot y no otra clase de personaje. Pues si un héroe más típico nos suele ser presentado en la hora de su nacimiento, por lo común, en el momento preciso en que adquiere poderes o recibe algún don maravilloso, cae o promete regresar, a un robot pueden mostrárnoslo mientras ensamblan todos sus distintos componentes.
En principio, también sería igualmente plausible imaginar que ese milagro del gigantismo que es el robot pudiera dirigir tal operación por sí mismo y terminase por escoger todas esas piezas y sus mecanismos como en una lección de anatomía. Hasta llegar a presentarse como jamás podría haberlo hecho una planta o ningún otro personaje antes que él. ¿Qué puede haber comparable a la rectitud moral de una cabeza metálica?
Pero hay también un vector real que Wellington Srbek introduce en esta historia y que sobredetermina otros que en una aventura más superficial quizás habrían sido presentados como objetos del único interés y tema principal para la misma, tales como la exposición de diversos avances técnicos y los cambios que de uno u otro modo conllevarían, que la imagen de un robot capaz de autodiseñarse acarrea de por sí con suficiente firmeza como para que guionista y dibujante nos libren de enojosas e innecesarias explicaciones. Así, más importante que un laboratorio acaba por mostrarse el palacio de los dioses, o el entorno geográfico tan concreto en el que Astron cobra vida: una universidad brasileña.
  
La escena se nos presenta bajo el engrama de la noche tormentosa, dentro del laboratorio de ingeniería robótica de una universidad, el profesor Nicodemos y sus ayudantes Sarah Shalom y Hélio Takahashi comienzan los preparativos para el ensayo cuando son sorprendidos por el tiempo y un rayo toma las consolas. Acaba recorriendo ordenadores, pantallas, teclados, hasta llegar a la mesa de un prototipo apenas alumbrado como la sombra de lo que parece ser un cuenco o alguna especie de cráneo. Aunque pronto se descubra que tan solo se trata de la cabeza del prototipo robótico bautizado como Astron 21. Que de forma increíble no ha sufrido daños ni desperfectos apreciables a simple vista. Además... ¡Vive! Y, porque vive, la noche del deslumbramiento científico continua.
Astron habla a los sorprendidos científicos. Investigadores y prototipo dialogan e introducen sin violencia o pesadez varios conceptos e ideas científicas sobre la recién adquirida inteligencia del robot que culminan con la más singular de las revelaciones: Astron ha estado planificando la contrucción de su propio cuerpo. Aún más, asegura que este paso responde a un deseo de ser útil para la sociedad.
Aunque el profesor Nicodemos advierte la conmoción y el recelo que la existencia de Astron puede llegar a provocar, la decisión está tomada y el robot podrá construirse un cuerpo con ayuda de los distintos departamentos existentes dentro de la universidad.
Esta presentación ocupa las páginas tres a trece del total de veintiocho (sin contar con la portadilla, créditos y demás) que completan el álbum, integrando dos escenas distintas con la secuencia principal del nacimiento milagroso de Astron y las posteriores labores de construcción del cuerpo de este admirable robot. Dotada de una singular estructura esta última, que no se repetirá después, gracias a un recuadrado de las viñetas simétrico al estilo de una colmena por dos páginas enfrentadas que permiten abreviar todo el proceso de construcción del cuerpo robótico sin necesidad de diálogos ni cartelas de texto. Lo que aleja todavía más a esta obra de las otras muchas que desde la ciencia ficción se entregan al público infantil en forma de narraciones de un tono inútilmente divulgativo, más satisfecho en las palabras y en la presentación directa de conceptos y explicaciones científicas que en el entretenimiento. Malos tebeos que tuvieran como único interés el poder remplazar por un momento algún libro escolar falto de ilustraciones.
Por suerte, todo en el superrobot se afirma al más temible cuidado de la aventura.



Completado el cuerpo de Astron, Kris Zullo, dibujante de un estilo personal y un grafismo menos realista del que aquí hace uso, logra integrar al robot protagonista con una puntillosa y eficaz vigilancia del contraste del tono y color dentro de la escenografía y junto al resto de personajes evitando el desequilibrio entre trazo y unos colores y otros con el que pudiera afearse la disparidad entre el cuerpo metálico del protagonista y los personajes secundarios. Labor nada sencilla en cuanto las siguientes secuencias elaboradas por Srbek y Zullo van a variar de una viñeta a otra en muy distintos planos. Siempre al más puro servicio de la narración. Pocas veces omitiendo fondos o recurriendo a los primeros planos, que incluso pueden acabar sirviendo para subrayar la línea de lectura dentro del recuadro de una página además de para marcar un determinado énfasis sobre el protagonista. La única composición acomodada en forma de página viñeta sirve precisamente como presentación en público del diseño final, y ya completamente operativo, de Astron ante una audiencia formada por periodistas dentro del mismo recinto universitario. No en otro lugar. Una gran rueda de prensa televisada que además de servir para acabar de introducir la ambigua y difícil cuestión del nacimiento de una inteligencia artificial completamente autónoma, y las reservas alrededor del peligro que pueda llegar a suponer para la humanidad, le descubre al lector los poderes del superrobot detallando las particularidades de su cuerpo robótico sin demorar o obstruir la narración. La composición de cada viñeta y la planificación de esta secuencia introducen el que será el episodio final de la aventura con fluidez, en una combinación de espacios pasivos y activos mediante los que se invierte la exposición de los poderes de Astron y las suspicacias de los periodistas. Desde el plató de un programa de televisión donde se da paso a la rueda de prensa a la sala de estar de una familia de clase media. Y el interior de un hogar precario dentro de un complejo de favelas, escenario arquetípico para el tramo final de la obra.
La amenaza está allí desde hace mucho, el paisaje que cualquier habitante de Brasil conoce se encuentre o no expuesto a la desgracia: barriadas enteras de viviendas construidas sobre terrenos de alto riesgo propensos a los deslaves. Lluvias torrenciales. Deslizamientos de tierras. Y pobreza, ningún oscuro cataclismo al que combatir. Sino el escenario de un mundo más amplio que tampoco forma parte de un pasado biológico remoto. Pues podría ser semejante a otros muchos, y equiparable con los desastres en los que la desigualdad social constituya un factor clave en cualquier otro páis distinto de Brasil.
Astron actua como un héroe y la acción lo ocupa todo para que Kris Zullo pueda exhibir el corpachón imponente del protagonista mientras despliega sus capacidades y artilugios durante el salvamento de los residentes de la favela. Contrapicados, escorzos, onomatopeyas que colman las viñetas hasta superar el mismo recuadro. También las expresiones y el habla de los personajes secundarios difieren respecto a los diálogos de los dos episodios precedentes adecuándose con verosimilitud tanto a la propia situación de emergencia como a la distinta condición y clase social de cada uno de ellos.

Como se adelantó, la trayectoria editorial de Astron O super-robô! no llegaría más allá de esta primera aventura, no obstante, pese a concluir con un final feliz en el que el superrobot acaba salvando el día en Morro da Pedreira, quedaron todavía sembrados algunos elementos en segundo plano durante la historia que guardaban estrecha relación con el tema central del nacimiento de Astron y las inteligencias artificiales con los que seguramente los autores contaban para plantear nuevas historietas del personaje. No pudo ser, lamentablemente este tebeo no cambió el rumbo de dibujante y guionista obligándoles a trabajar por años en sus aventuras. Los lectores de menor edad y los adultos sin complejos que acompañan la buena historieta sin atender a categorías ni etiquetas— en Brasil no pudieron seguir disfrutando con nuevas historias del robot cargado por el rayo. Todavía tendrán que imaginarlas. Y entonces, pueda ser que descubran que el nacimiento del superrobot como una estrella acabase cambiando el curso de la historia para elevar al pueblo brasileño tal como parece anunciar el nombre del profesor Nicodemos. 
Precisamente en un país donde la enseñanza pública y los profesores son atacados por grupos quizás cada vez más numerosos de ignorantes dichosos, y, también, fundamentalistas, que en realidad están muy alejados de poder representar el tipo de rectitud moral que aseguran defender, un tebeo en el que se muestra al fuego penetrar en el metal para que nazca un robot de atributos dorados podría haber resultado útil para cambiar a algunas pocas personas. Y para creer de una vez que las universidades, y la enseñanza, son un motor de cambio que no se debiera obstruir a base de prejuicios y miedo.
Como provechoso podría haber sido para la industria de los quadrinhos, en tanto que se aleja en tono y forma de los tebeos que los niños brasileños suelen tener más fácilmente a su alcance.Y no es que este y otros de los tebeos y colecciones lanzadas por Nemo siguiendo este mismo formato (el álbum grapado con cubiertas semirrígidas) no se vendieran bien. Todo lo contrario. Así que resulta difícil comprender por qué no se redobló la apuesta para continuar con más entregas de Astron O super-robô, como de la colección Mitos recriados em quadrinhos [2].



Astron responde:

"DOULHES MINHA PALAVRA DE QUE SÓ QUERO O BEM DAS PESSOAS. 
E A PERGUNTA: "SUAS INTENÇÕES SÃO BOAS", TALVEZ VOÇES HUMANOS, DEVESSEM FAZÊ-LA A SI MESMOS MAIS VEZES."



[1] Digresión-rollo marca ACME (en honor a los trabajadores técnicos y editoriales de los tebeos Disney de Abril en Brasil).
[2] Con mas de 10.000 y 100.000 ejemplares vendidos de algunas de sus entregas. 

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