jueves, 18 de enero de 2018

Hacia la especulación tebeística... ¡Al ataque!



El detrito de la especulación tebeística es cosa seria. Cuando no son las firmas y autores tras de una publicación, a lo peor puede serlo el mismo nombre de esta la que eleve el precio del despojo de manera exorbitante. Así ha ocurrido con algunas revistas y tebeos producidos al gorgojo de un programa o de una estrella de la televisión en otros países. No importa el nombre de los autores ni la calidad de esas historietas. Siempre ha sido así... ¿también en España?
Ni siquiera los payasos de la tele (Gabi, Fofó, Miliki y Fofito; Suárez, Felipe, Aznar y Zapaterajoito) llegaron a gozar de una cabecera propia que fuera hoy capaz de servir de señuelo para nuestros especuladores.
Es por ese motivo que nunca llegó a desarrollarse dentro de nuestro mercado historietístico un mercadillo de la segunda mano para los tebeos del arrope comiquero similar al de otros países de más terco capitalismo como los existentes en Norteamérica [1] o Alemania [2]. Si bien es cierto que nos llegó tarde la televisión. Y, al parecer de algunos de nuestros más desconocidos críticos, Franco pudo haber impedido personalmente el florecimiento de una historieta y una chuleta gráfica acorde a los televisivos tiempos tras la tardía implantación del ente en nuestra piel de tordo. Un país flaco pero culón. En el que nada ni nadie parecía moverse sin la llamada del Pardo. Sacrosanto germánico lugar en el que por no leer no debían de hacerlo ni con las etiquetas de los botes de champú, si es que existían por entonces, y el único tebeo que entraba en casa (y por la puerta de servicio, además) eran los cuadernillos de Roberto Alcázar y Pedrín. Que el mismo Don Franco Corleone se encargaba de guionizar, aunque desde la distancia, con mucho cariño y sin la necesidad de llegar a escribir alguna vez un guión propiamente dicho, según nos ha dado a entender la más moderna crítica en una de sus últimas revelaciones. De lo que actualmente resulta un mercadillo de la especulación reducido al mínimo, con cifras ridículas apenas superiores a los cincuenta euros la pieza para los pocos títulos anteriores a los años cuarenta que hoy nos resisten vendados bajo plásticos protectores.
Ya no es posible lavar más blanco.

UNA SOLUCIÓN QUIERO: Robustecer los panderos, demoler el Pardo.

Necesitamos crear un mercadillo adulto de la nada. Ahora o nunca. Antes de que se nos adelanten de tal forma que todos acabemos comprando tebeos españoles a través de terceros países y pujando contra coleccionistas malasios por un número de Pulgarcito en EBAY.
El peligro de que nuestro patrimonio historietístico acabe en manos extranjeras desperdigado fuera de suelo patrio no es una posibilidad sin más. Ya está sucediendo. Remesas de viejas revistas son acumuladas en trasteros de los Estados Unidos a diario con el único fin de servir a un espectáculo televisivo infame. Desde China y Taiwan se tejen redes de tráfico de TBOs que van incrementando su precio de país en país hasta que vuelven a ser puestos a la venta en el nuestro por un valor casi veinte veces superior al inicial gracias a internet y a través de portales como To & To Compro. Un dinero que no redunda en nuestro mercadillo sino en manos extranjeras. Y que, además de extranjeras, pudieran ser verdes y alienígenas [3].
Entonces, vamos a esperar hasta que podamos decir aquello de:

"Cuando vinieron buscando tebeos, no hice nada, porque yo ya tenía los que quería. Cuando vinieron a por sellos, no dije nada, porque no coleccionaba sellos. Cuando finalmente vinieron a por nuestras novelas gráficas no quedaba nada verdaderamente digno por lo que protestar."

Más que nunca necesitamos que nuestro mercadillo alcance por fin su mayoría de edad, y la única forma de conseguirlo es lograr un incremento prodigioso de los precios en el tebeo de arrope. Mediante el que se acabe equiparando el quilo cOmic que se extrae hoy de nuestras montoneras del tebeo de pulgas con el de la chuleta gráfica al uso dispensada en los centros comerciales y las librerías del generalísimo capital. No será fácil, huérfanos como estamos de grandes especuladores dispuestos a implantar esos precios absurdos a tebeos con nula o escasa demanda. Por ello, llamamos a filas a los grupos de investigación contemporáneos que en España son hoy, a los críticos modernos interesados en la más pura y sustanciosa tangencialidad, y, en general, a todos los despilfarradores del intelecto humano interesados en las desventuras gráficas y su panorama eterno para que intentemos todos juntos localizar entre nuestra tebeografía los nombres de monstruos famosos de la televisión, la prensa rosa, el cine, la literatura o cualquier otra manifestación perteneciente a la cultura circunscrita con que poner en valor y aumentar el aprecio (y el costo) de todos los tebeos españoles.       
Como primer ejemplo damos hoy noticia de nuestro más reciente hallazgo, monstruoso, actual y, también, gracias al ente público, eterno:


Chicos de carpeta (pág. 666)


El descubrimiento de la participación de Javier Cárdenas —de niño simplemente Javier el del cardenal, por los morados conseguidos al dejarse atrapar su cabeza entre los barrotes de la verja del colegio con cierta frecuencia; eso del cuello no es cosa de los genes, aunque sus opiniones y gustos puedan achacarse a una infancia físicamente comprometida por sus compañeros de clase en la revista ¡Al ataque! multiplicará por dos o dos y medio el coste de cualquier ejemplar en Chollocolección. Por lo demás, a partir de ahora esta publicación franquicia de un tosco programa televisivo dejará de ser aquella revista en la que publicaron Jan o Beroy para pasar a ser la revista de Cárdenas. Que también podría haber sido conocido como el monstruo de Arús, si alguien vivo pudiera acordarse del nombre del doctor que dio vida televisiva al monstruo.

¡¡¡QUE SUBAN LOS PRECIOS!!! Aquí hay monstruo.



Phoskitos ¡Al ataque!, ¿a cuánto el bote de Merda d'artista?
Guionista: presuntamente; dibujante: desconocidísimo.

























Aportación al mundo de la historieta del Javier Cárdenas ese.





[1] Al menos del lado bueno.
[2] Ya lo dijo un ruso en Leningrado, "del alemán se aprovecha todo". Todo es bueno en Alemania. 
[3] Consúltese a este respecto el artículo del coleccionista y erudito Enrique D'Vidente: "Tebeos a las puertas de Tannhäuser" (revista Año Cero. Especial cien años del TBO).



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