sábado, 8 de octubre de 2016

¡La Supermovida de los Superhéroes!



Creo que Humor a tope no debía de ser considerada por los propios editores y responsables de la misma en Norma editorial como una de sus revistas de calidad. Con la excepción de Edika, el resto de las historietas de autoría foránea se caracterizaron por una mediocre ejecución técnica y unos argumentos ramplones o sencillamente incomprensibles en su supuesta comicidad. De entre el material realizado por autores españoles sinembargo todavía es posible rescatar alguna pequeña historia conclusiva de este o aquel otro dibujante. Más como una curiosidad que por la calidad de esas aportaciones. Y sobre todo por lo que de singular puede encontrar el coleccionista en acaparar unas historietas que sus autores con cierta razón quizás no tengan ya el más mínimo interés en rescatar. Bien por tratarse de trabajos primerizos o por encontrarse estos en su concepción demasiado alejados del estilo o las temáticas y géneros que luego marcarían sus carreras profesionales y por los que en buena medida estos creadores desearían ser recordados.
Afortunadamente, la ignorancia general de nuestra historieta y sus autores así como el ninguneo hacia cierta clase de publicaciones hacen que el coleccionista de a poquitos pueda hacerse fácilmente con todos estos despreciados tesoros. Casi siempre del modo más cutre posible, pues ni necesita abalanzarse sobre cada uno la primera vez que le salen al paso en los acubillos para el arrope comiquero. Lo que permite tumbarse a esperar a que el librero del derrumbe se sienta obligado a rebajar el precio inicialmente fijado sobre la golosina con tal de desprenderse de su pegajosa presencia. Como me ocurrió con este número 33 de Humor a tope: año 2004, 5 euros; año 2007, 3 euros; año 2008, 1 euro.
Por más que parezca increíble ningún otro lector pareció tomar en consideración la presencia de la firma del dibujante estrella Carlos Pacheco en esta portada durante esos cuatro años. O al hacerlo, y suponiendo que echase un vistazo al interior de la revista, no supo valorar lo que la adquisición de este tebeo podría hacer por su colección de superarnormalidades una vez que él o sus familiares decidan ponerla a la venta en Chollocolección, Vendelomismo, o Gañanpop.
Todavía muy pocos consumidores españoles de tebeos parecen darse cuenta del enorme atractivo que poseen estos tesoros para un lector extranjero. Sólo hay que imaginar la cara que se le pondría a un lector brasileño gran apreciador del arte de Juanjo Guarnido al tener en su poder poder ese tal número de la Patrulla X en el que se publicó una ilustración caricaturesca de los protas de la serie a cargo del dibujante de Blacksad.
En este numerete íntegramente dedicado a parodiar a los supers Marvel y DC en el que por suerte no concurrió Cels Piñoltenemos una doble página de nuestro filipino en los USA Charly Pachequiam en la que se amalgaman dos figurones extraterrestres pertenecientes a los universos superheroicos de las dos todopoderosas franquicias para presentar la coña cotiadiana de incongruencias y ridiculeces varias de nuestros superhéroes favoritos:




 


























 Pero hay más autores hoy famosos o apreciados por lo menos a distintos niveles por público y crítica: Pasqual Ferry, Jaime Martín, y Chris Guiralemont y Bill Espinosyewky. Sí, el crítico Antoni Guiral y el dibujante Espinosa (El Gulípago, blablabla y etc.) se marcaron aquí una historia conclusiva de dos páginas titulada Las tribulaciones de Supercura que también valdría la pena robarse para dar adorno al blog.
Demasiado que me he atrevido a robar las de Pacheco y Ferry... Ya estaría bien ojear una cole completa de esta revista cachonda.
No es que se vaya a destapar ningún brutal descubrimiento ni que se pueda tomar Humor a tope como paradigma de un tipo de publicación. Probablemente su mayor gloria fuese haber servido de cobijo para una serie de Jan. Pero aparte de las historieta de Edika no puedo evitar recordar al cochino Dirty que creara el dibujante Ramis y, con ello, lamentar  que ningún crítico le dedicará jamás una página a esta sucia revista. Tiempo es de que en Norma editorial alguien se ponga a trabajar entregando al menos un libro a modo de catálogo sobre su enorme pasado. Antes de que este se vuelva demasiado vago para que no tengan que ser otros sino los propios protagonistas quienes hablen acerca de cómo se gestó Humor a tope. De dónde salían sus colaboradores, sus materiales. O con qué otras publicaciones competía 

Postdata:

Con los años, tanto Ferry como Pacheco dejarían de estar sujetos al viejo lema editorial español que reza más o menos así: si no puedes franquiciarlos... ¡parodia al canto!
Aunque, y no demasiado tiempo después, el Supermán y el Batmán acabarían cayendo en las redes de Norma editorial... "¡Y a qué precios!"

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